Este fin de semana (largo en Argentina) se me dio por volver a ver Twin Peaks: qué buena decisión que tomé. Primero, tengo que confesar que es una de mis series favoritas y de las que más me marcó en mi adolescencia. La vi por primera vez cuando tendría unos once años, cuando la dieron por la televisión por aire local y la verdad que no entendí absolutamente nada del final. Unos años más tarde la volví a ver por el canal de cable Universo Series (que luego pasó a llamarse Retro, para desaparecer tras ser adquirido por Turner) y me terminé de enamorar. La daban todos los días a las dos o tres de la mañana, muy tarde para mí en ese entonces y dejaba grabando el VCR: después le sacaba los cortes comerciales y los ponía uno detrás del otro, parte indispensable de mi colección de VHS. Tendría unos 16 años. Volver a escuchar, hoy, la música de Angelo Badalamenti me produce una emoción como la que, seguramente, me producirán al escuchar dentro de diez años las composiciones de Michael Giacchino para Lost o la versión de All along the Watchtower de Bear McCreary.

Twin Peaks es una serie genial por donde se la mire y cambió la historia de la televisión. En todo aquello en lo que la película Dune fracasó, Twin Peaks tuvo éxito. La premisa: un director fuera de serie, personalísimo y extravagante, independiente y de culto, a cargo de un proyecto super comercial. Dune salió mal y, a pesar de sus logros, es una película por lo menos insípida. Twin Peaks, por el otro lado, nos presenta unos personajes interesantes y profundos como no era común verlo en la televisión de principios de los 90' y uno de los mejores climas que hayan surgido de la mente de Lynch: a pesar de recordar completas algunas escenas (lo confieso), me fue imposible no quedar enganchado a los 5' de comenzar el piloto como si la estuviese viendo por primera vez.

David Lynch y Mark Frost (guionista de la serie, un teósofo aficionado a los comics) se conocieron cuando iban a hacer una peli sobre la muerte de Marilyn Monroe, que quedó en el development hell. Pero no me digan que no les suena la idea: el misterio generado por la muerte dudosa de una mujer hermosa. ¿Laura Palmer? Cuando surgió la idea de hacer una serie, le sugirieron que tuviese una atmósfera similar a la de su éxito cinematográfico Blue Velvet (con una de las mejores actuaciones de parte de Dennis Hopper) y al director se le ocurrió que no fuese simplemente una historia que transcurriese en un pequeño pueblo típico de los Estados Unidos sino que se tratase de una historia sobre el no tan típico pueblo y sus habitantes.

Y vaya si hay habitantes importantes. Como muchas series después, a pesar de tener personajes principales, Picos Gemelos contaba la historia de muchos de ellos: no sólo la vida del agente especial del FBI Dale Cooper era central a la trama sino también la de la chica que atendía en la cafetería, la del suegro de la víctima y la de Ed, el dueño de la gasolinera local. La mayor influencia de David Lynch, para contar la historia de este modo, fue el escritor británico Charles Dickens, quien solía escribir sus historias de esta manera. Una de sus novelas más importantes (y complejas), en la que explora esta idea, contar una historia no sólo mediante los personajes principales sino por medio de gran cantidad de personajes secundarios, es Nuestro común amigo, el último libro que leerá Desmond Hume antes de despertar en esa alucinación colectiva de los losties que pensábamos erróneamente que se trataba de un universo paralelo.

Y hay otros paralelismos entre ambas series. Si bien Twin Peaks duró sólamente dos temporadas, también comenzó como una serie de suspenso psicológico para terminar siendo criticada por su cambio de rumbo hacia lo sobrenatural. Pero el final completamente místico y surrealista de Twin Peaks que no entendí la primera vez que lo vi, encaja perfectamente con la trayectoria posterior del director, con películas como Lost Highway y Mullholand Drive (que originalmente fue pensada como una serie) que combinan en igual dosis una narración tradicional con el surealista mundo onírico. David Lynch se dio el lujo de experimentar en televisión norteamericana, contando una historia única y de un modo impecable, con personajes (¡qué actuaciones, por favor!) y frases que quedaron grabados en la memoria de todos (¡los búhos no son lo que parecen!). Claro, la experimentación le costó bastante caro y el final, digamos que fue adelantado. La segunda temporada termina en el episodio 22 y David Lynch debe hacer magia para cerrar la historia como puede. Lo hace, paradójicamente, con magia, leyendas y seres sobrenaturales en un mundo oculto en ese bosque tan particular que rodeaba al pueblo.

Luego vino la precuela, que lo llevó a distanciarse del actor que representaba al agente Cooper. ¿El motivo de la pelea? Al actor no le gustó la violencia explícita del film, cuando uno de los aspectos más maravillosos de la serie es la manera en la que se trataban cuestiones oscurísimas como asesinatos, tráfico de drogas, traiciones, violaciones, enfermedades mentales y, por qué no, posesiones "diabólicas" en una atmósfera llena de inocencia y afecto, con ese optimismo tan característico de de Dale Cooper (personaje basado en el propio David Lynch, en muchos sentidos). Es más, recientemente Kyle MacLachlan (el actor en cuestión) tuvo la idea de volver al universo de Picos Gemelos y contar una historia que transcurra "muchos años después" de los eventos de la serie, pero David Lynch rechazó inmediatamente la propuesta. Está muy ocupado haciendo documentales y muebles (su otra gran pasión), además del gran tiempo que pasa meditando (en un documental cuyo nombre no recuerdo, una de sus hijas confiesa creer que de no ser por la meditación y las películas, su padre sería seguramente un asesino serial). Nada más que decir, si todavía no la vieron, ¡háganlo! Si la comenzaron a ver pero no les convenció, denle otra oportunidad. Y, si les gustó como a mí, la vieron hace años y tienen unos momentos libres, vuélvanla a ver.

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