El Departamento de Seguridad Interna de Estados Unidos (Homeland Security) ha anunciado que incrementará el número de vehículos aéreos teleoperados (unmanned drones) para patrullar la frontera con México, en la búsqueda de tráfico de drogas e inmigrantes ilegales. Estos vehículos serían utilizados principalmente para ubicar a personas cruzan a través del desierto, alertando a las autoridades para aprehenderlos.

Si bien la instauración de estos vehículos no es nueva, la coordinación no tiene precedente. La Oficina Nacional de Políticas de Control de Drogas también participará en este programa. A través de la Operación Correcaminos, sus vehículos teleoperados buscarán placas de autos registrados para ubicar a algún narcotraficante que esté en sus registos. También el Departamento de Justicia cooperará con la creación de un marco que permita el intercambio de la información recabada por los drones a nivel local, estatal y federal.

El vehículo que se utilizará para patrullar serán el General Atomic MQ-9 Reaper, conocido también como el Predator B. El MQ-9 dispone de un turbopropulsor de 950 caballos de potencia, superando al motor de pistón de 119 caballos del Predator, su antecesor. El Predator B suele emplearse en guerras e intervenciones; sin embargo, la patrulla fronteriza sólo ha empleado seis de estos vehículos desarmados desde 2005, siempre con el objetivo de identificar narcotraficantes e incautar drogas en la zona.

El aspecto más controversial es incluir el uso de estos vehículos en la detección y captura de inmigrantes ilegales. Si algo había frenado el uso de esta tecnología es el grado de autonomía que posee, delegándole la responsabilidad de detectar grupos de migrantes. Barack Obama se mostró muy reticiente a invertir en el desarrollo de vehículos teleoperados para incrementar la seguridad fronteriza. Sin embargo, la presión del gobernador de Texas, Rick Perry, consiguió que la administración federal suelte 500 millones de dólares para reforzar la frontera, así como dos Predator B más.