Más de un mes lleva [el derrame de petróleo del **Golfo de México**](http://alt1040.com/?s=derrame+golfo), conviertiéndose ya en una de las tragedias ambientales más grandes de la Historia. Algunos analistasle le llaman [«el 9/11 de la política energética»](http://www.treehugger.com/files/2010/06/bp-oil-spill-really-u-s-energy-policy-9-11.php), en relación a las consecuencias que pueda tener a futuro en el consumo de recursos de Estados Unidos. ¿Es justa esta comparación, o sólo una exageración retórica?

Una de las promesas de la administración Obama fue impulsar las energías renovables en detrimento de la dependencia de petróleo. **Estados Unidos** ha detectado la amenaza potencial que implica su necesidad de este combustible fósil. En un principio, las propuestas parecían más una aproximación experimental, una manera de [generar energía de soporte para reducir el consumo de petróleo](http://alt1040.com/2010/04/la-nueva-politica-de-energias-verdes-del-pentagono-verdad-o-alardeo), sin llegar a sustituirlo. Sin embargo, esta hecatombe podría modificar la perspectiva. Obama ya ha hablado al respecto:

«Más alla de los riesgo inherentes de excavar cuatro millas por debajo de la superficie de la Tierra, nuestra dependencia al petróleo significa que seguiremos enviando cada mes miles de millones de dólares de nuestra riqueza bien ganada a otros países, incluyendo muchos en regiones peligrosas e inestables.»

La visión ha cambiado: el problema ya no es cómo obtener el petróleo (como en la administración Bush), sino el petróleo mismo. Sin embargo, cambiar la política enérgetica de **Estados Unidos** (y con ella, la del mundo entero) no sólo se trata de cambiar los combustibles fósiles con energías renovables, sino hacerlo lo más rápido posible. Este nuevo giro también implica reducir la demanda energética, impulsar la conservación, e incluso reestructurar los ambientes urbanos. El cambio resultaría en un impacto global en la economía, resultando en una nueva geopolítica energética.

No obstante, este cambio no se antoja sencillo. Girar hacia la energía renovable, tal como propone Obama, implica renegociar el estilo de vida del estadounidense promedio, una cuestión complicadísima de conseguir. ¿Cómo enseñarle a un pueblo acostumbrado al despilfarro y la comodidad que debe ajustar su consumo de energía cotidiano? Ahí está el reto. Eso sí, a los demás países cuya economía depende del petróleo (un saludo para **México y Venezuela**) les conviene comenzar a explorar otras posibilidades para el futuro medio, porque *cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar.*

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