Aunque en varias ocasiones algunos lectores de esta casa nos han criticado ferozmente por hablar de religión, hoy lo voy a volver a hacer, y esta vez el argumento de “sois un blog predominantemente tecnológico ¿qué pinta escribir de religión aquí?” queda invalidado desde el principio ya que en el caso que nos ocupa religión e Internet se han encontrado, y eso último si que es una de nuestras temáticas principales.

Como seguramente la mayoría sabrá desde hace unos meses a La Santa Sede no paran de caerle tortas en forma de casos de pederastia (recientes o perpetrados en el pasado y destapados ahora) llegados desde todas las partes del mundo, como por ejemplo México, el país latinoamericano en el que más casos de este tipo se han detectado (y esto lo dice la Congregación para la Doctrina de la Fe).

Pues bien, ahora el obispo mexicano Felipe Arizmendi, prelado de San Cristóbal de las Casas (Chiapas), ha responsabilizado de estos casos de pederastia dentro del seno de la Iglesia a Internet, a los medios de comunicación y al sistema educativo. Según sus propias palabras:

Ante la invasión de erotismo presente en los medios de comunicación, no es fácil mantenerse en el celibato y en el respeto a los niños

Pero no quedó aquí la cosa y cuando le preguntaron sobre la enseñanza sexual que se da en los semeninarios, nuestro protagonista soltó, entre otras cosas, lo siguiente:

Cuando están tan invadidos hoy por Internet es difícil que alguien se sustraiga a un ambiente tan erotizado

Es decir, que aunque dice que no pretende “culpar a la sociedad y quitarnos culpas”, es exactamente lo que está haciendo. Da estúpidas argumentaciones, como por ejemplo que parte de la culpa de los casos de pederastia la tiene el erotismo que corre a raudales por Internet, para intentar justificar algo que no tiene justificación.

Los obispos pueden hablar de lo que quieran, faltaba más, pero que pretendan echarle la culpa a este gran ecosistema que es la red de redes de los asquerosos delitos cometidos por miembros de la Iglesia, se sale de madre. El problema no es ni Internet ni de los altos niveles de erotismo, así que señores curas, obispos, cardenales y demás fauna: dejad tranquilo a Internet y dedicaos a hacer limpieza entre vuestras filas, que buena falta os hace.