Hace unas semanas supimos que había un satélite del tamaño de un autobús que estaba fuera de control y que podría entrar nuevamente en la Tierra, el gran problema es que el aparato estaba cargado de una sustancia tóxica que al chocar con la atmósfera podía diseminarse provocando el caos. Bien, el Pentágono se puso en marcha y sin necesidad de llamar a Bruce Willis para salvarnos el trasero, ideó algo que entra en sus procedimientos habituales: derribarlo a misilazos.

Como ven, y explica el General Cartwright, la engorrosa operación ha resultado exitosa aunque la gracia finalmente salió por 60 millones de dólares, pero bien orgullosos que están los militares con su puntería. Algunos dicen que efectivamente ese era el objetivo principal: demostrar que pueden dar en el blanco que busque problemas. Ahora, lo que no tiene remedio es que el espacio se siga llenando de basura.