Después del brutal éxito de las dos películas de Denis Villeneuve, Max estrena ahora Dune: La profecía. La compañía lanza una serie ambientada en el mismo universo cinematográfico que servirá de precuela 10.000 años antes de la ascensión de Paul Atreides. En ella, indagará en el origen de las Bene Gesserit, el siniestro grupo de mujeres que gobierna en la galaxia desde las sombras. Se trata de uno de los proyectos más ambiciosos de la plataforma, que lo apuesta todo para ampliar la saga en nuevos formatos a través de la pequeña pantalla.
Dune: La profecía está protagonizada por dos hermanas Harkonnen, Valya y Tula, en su lucha contra las fuerzas que amenazan el futuro de la humanidad. El objetivo final será establecer la secta legendaria de las Bene Gesserit, una hermandad capaz de adentrarse en todos los recovecos de las grandes casas y dictaminar el futuro del universo en su propio beneficio. Una historia que nace directamente del libro La hermandad de Dune y que llevará a los espectadores lejos de Arrakis por lugares de la saga nunca antes vistos.
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Dune: La profecía
Dune: La profecía presenta un viaje por los rincones más oscuros y corruptos de la saga. Una precuela en la que la acción da paso a las conspiraciones y las maquinaciones de unos protagonistas egoístas y llenos de grises. Todo es mucho más complejo y, aunque quiere ser muy ambiciosa, se queda algo corta.
Una compleja trama política
A diferencia de las dos películas, en las que se narraba una suerte de viaje del héroe con giro final, Dune: La profecía cambia radicalmente el tono. La serie toma un cariz mucho más político. A través de las dos protagonistas y también de su "villano", Desmond Hart (Travis Fimmel), el proyecto expone una intrincada historia de conspiraciones, traiciones y secretos que exige a los espectadores estar muy atentos si no quieren perderse en ella.
La trama principal parece muy clara, pero a medida que pasan los episodios, Dune: La profecía va abriéndose y sacando nuevas ramificaciones, no todas igual de interesantes. Se trata de una serie de muchas capas en la que cada detalle cuenta. Tanto dentro del imperio como en el seno de la hermandad existen piezas discordantes que conllevarán irremediablemente a puñaladas por la espalda, constantes giros argumentales y, por supuesto, asesinatos.
Esto no quiere decir ni mucho menos que Dune: La profecía sea una serie de acción. Mientras que las películas de Paul Atreides contaban con varias dosis de acción a gran escala, esta precuela las reserva para momentos mucho más puntuales y de menor alcance. El gran factor determinante está en su guion y en cómo poco a poco va lanzando las piezas de un puzzle solemne, complejo y enrevesado con un baile de nombres y situaciones densas que no siempre son fáciles de digerir.
Esto afecta mucho al tono. En ocasiones quiere recordar a lo mejor de las cintas de Villeneuve. Pero en otras ocasiones parece querer acercarse a historias de mayor intriga como Juego de Tronos. Al final, Dune: La profecía no consigue la coherencia y solidez que cabía esperar de ella y que la podría haber elevado a lo mejor del año. Da la sensación de que, pese a sus notables virtudes, el potencial de partida podía dar lugar a algo más consistente.
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Expandir el lore
Es interesante descubrir cómo Dune: La profecía amplía enormemente el lore de las películas. A lo largo de sus episodios se habla de Arrakis, por supuesto. También de la Casa Atreides, de los Harkonnen y de la especia. Pero hay muchísimo más. Tanto los lectores de los libros como los nuevos espectadores quedarán complacidos por descubrir en ella infinidad de añadidos que enriquecen notoriamente un universo que en las películas estaba demasiado constreñido.
Para empezar, descubrir cómo funciona desde dentro la hermandad resulta fascinante. Hasta ahora solo habíamos visto trazos de sus capacidades en las películas. Pero al fin podemos ver el arduo entrenamiento al que se someten y cómo las luchas de egos e intereses definen su manera de actuar. Además, aunque la premisa de la serie sea la hermandad y la formación de las Bene Gesserit, en realidad Dune: La profecía habla de muchas más cosas. El contexto bajo el que discurre toda la historia es enorme e involucra a muchos más personajes que a estas "hechiceras". Esto complica aún más la historia, bastante más complicada que sus predecesoras cinematográficas.
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Un portento visual
Las dos películas de Dune de Denis Villeneuve han destacado no solo por su atractiva historia sino por ofrecer un espectáculo cinematográfico único. El cineasta elaboró un impresionante universo por medio de unos efectos especiales imponentes y magníficamente logrados. Por eso, muchos espectadores se preguntaban si Max podría conseguir algo parecido con Dune: La profecía. Y es que dar el salto a la televisión podría afectar a este elemento.
Por fortuna, la compañía ha entendido a la perfección que se trata de un ingrediente clave, prácticamente tanto como la propia trama. Así, Dune: La profecía logra lo que muy pocas series en la historia han conseguido. Sus aparataje visual es grandioso. Una obra de orfebrería única que combina con gusto exquisito y elegante vestuario, diseño de sets y efectos digitales. Hará las delicias de los espectadores. Es impresionante ver cómo, a pesar del cambio de formato, la franquicia mantiene intacta la esencia a este respecto. Numerosas escenas son tan descomunales que se grabarán sin remedio en la retina del público.
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En resumen, Dune: La profecía ofrece una historia mucho más política y compleja que las películas, aunque no tan sólida. Desde el principio, el proyecto se pierde un poco buscando su propia identidad para no ser más que un simple añadido. Es una ambiciosa historia que habla sobre poder, sometimiento y maldad. No siempre es sencilla de seguir, exigiendo mucha atención a cada detalle y manteniendo un ritmo irregular y por momentos pesado. Aunque solo por el enorme cuidado que se ha puesto en lo visual ya merece la pena disfrutarla en la pantalla más grande posible.
Dune: La profecía se estrena en Max el domingo 17 de noviembre por la noche (la madrugada del lunes 18 en España).