En una de las primeras escenas de Noche de Paz, de Tommy Wirkola, Santa Claus (un divertido David Harbour) vomita sobre la nieve. Por supuesto, la imagen es toda una declaración de intenciones. Esta es una historia navideña, pero no como se supone que podrían ser las más conocidas. 

Sin duda, tampoco este es el buen hombre que encarna la magia de la Navidad. Más bien es una figura pendenciera, con problemas de bebida, que, aun así, tiene las mejores intenciones. Una mezcla que puede resultar explosiva, cuando no directamente brutal. 

Noche de Paz, de hecho, se toma una considerable cantidad de tiempo para establecer que este Santa gruñón, enfurecido y de buen corazón desafía todas las expectativas. Quiere hacer el bien, aunque ya no recuerda del todo cómo hacerlo. También llevar a cabo su ancestral labor, pese a que no le importa tanto como en otras épocas.

Harbour dota a su personaje de una rara mezcla entre cinismo y una urgente necesidad de reivindicación. Con un parecido más que evidente con su Red Guardian en Black Widow, el Santa de Harbour tiene una colosal presencia física. También una cansada percepción sobre el tiempo, el bien y el mal. La mezcla sostiene el discurso burlón de Noche de Paz, que atraviesa el género de acción para contar su historia.

Noche de Paz

Lo más interesante de Noche de Paz comienza cuando Santa debe ponderar sus opciones ante la violencia. En especial, enfrentar a un John Leguizamo que brinda un sentido caricaturesco a un criminal sin escrúpulos. Este último lidera una banda de secuestradores que está a punto de cometer su gran golpe del año. Justo en Navidad y muy cerca del lugar en que Santa Claus - esta malhumorada y violenta versión - se encuentra. La combinación, que con un guion menos malintencionado habría resultado ridícula, se vuelve hilarante y sarcástica. Más aún cuando el guion de Patrick Casey y Josh Miller convierte a la película entera en un reverso oscuro navideño.

Puntuación: 3.5 de 5.

El divertido y realista Santa de Noche de Paz

Claro está, no es el primer experimento cinematográfico que utiliza a Santa Claus como una referencia retorcida y más lúgubre que la usual. Hace menos de dos años, Matar a Santa, de Eshom y Ian Nelms, convirtió a la emblemática figura en un brutal héroe solitario. 

Pero la versión con el rostro de Mel Gibson del personaje navideño resultó mucho más mundana que la de Harbour. En esta ocasión, la premisa de Noche de Paz no está tan interesada en demostrar que el habitante del Polo Norte es falible. Más bien hace una exploración más profunda y menos predecible sobre su personalidad. Lo que permite al actor dotar de matices a lo que podría ser un inevitable estereotipo.

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Lo más interesante de Noche de Paz comienza cuando Santa debe ponderar sus opciones ante la violencia. En especial, enfrentar a un John Leguizamo que brinda un sentido caricaturesco a un criminal sin escrúpulos. Este último lidera una banda de secuestradores que está a punto de cometer su gran golpe del año.

Justo en Navidad y muy cerca del lugar en que Santa Claus — esta malhumorada y violenta versión — se encuentra. La combinación, que con un guion menos malintencionado habría resultado ridícula, se vuelve hilarante y sarcástica. Más aún, cuando el guion de Patrick Casey y Josh Miller convierte a Noche de Paz en un reverso oscuro navideño.

Los pequeños dolores de una Navidad siniestra

La familia Lightstone, millonarios e infelices, son el centro de un conflicto que desencadena la percepción de la bondad navideña desde un punto de vista retorcido. Mucho más cuando el argumento insiste en presentar su vida doméstica como una especie de terreno árido y vulgar que deberá enfrentar lo inimaginable.

Noche de Paz

Tal vez la premisa necesite más profundidad o, en cualquier caso, ser mucho más elocuente para brindar mayor profundidad a sus personajes. Pero, incluso con la mirada más o menos superficial que la trama le brinda, Noche de Paz logra funcionar como un mecanismo ingenioso. Lo hace, en especial, gracias a su despreocupado tono y a que jamás se toma nada demasiado en serio.

Con referencias obvias a Solo en casa, en combinación con la ultra violencia sofisticada de John Wick, la película brilla en sus momentos más inspirados. En especial, cuando Harbour debe dotar a su personaje de una veterana y bien construida noción sobre la responsabilidad. Santa, que tiene el conocimiento, la experiencia y los poderes para enfrentarse a criminales violentos, lo hará.

Además, por las mejores razones y amparado bajo la noción de que es su deber. Esa singular vuelta de tuerca es la que convierte a Noche de Paz no en una mofa navideña o a Santa Claus, sino en una exploración acerca de su importancia. Por supuesto, con una buena dosis de sangre derramada y una lluvia de balas en medio de los cánticos navideños.

Noche de Paz

Noche de Paz es una gran peli navideña

La película juega con su dualidad en un primer tramo inspirado y dos que carecen de su vivacidad y entusiasmo. Pero, para sus secuencias finales, Noche de Paz encuentra lo que quizás es su mayor atributo. La combinación disparatada de un argumento de acción puro con un artefacto de nostalgia bien construido. Mucho más, cuando agrega un sentido del humor sarcástico y violento que resulta elegante por su versión sobre los grandes dramas navideños.

Noche de Paz juega con sus piezas más evidentes para crear un recorrido por una historia sorprendente. Una que evita el cliché a fuerza del absurdo y una plena autoconsciencia de su carácter transgresor.

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