Puede parecer mentira que una persona diga que vive en el Polo Norte (North Pole) y que recibe cada año miles de cartas de niños pidiéndole regalos a Santa Claus. También que vive a pocas calles de su casa. Pero no lo es. En Fairbanks, Alaska, hay una pequeña ciudad en la que es Navidad todo el año. Incluso en el mes de julio, con más de 20 grados, no falta la decoración y las luces navideñas. En el Polo Norte la Navidad está en todas partes, durante todo el año. 

Algunas calles de Polo Norte tienen nombres que hacen honor a la festividad: Santa Claus Lane, Snowman Lane, Kris Kringle, Mistletoe, Holiday Road, North Star Drive… El código postal es el mismo que tiene Santa Claus, el 99705. Más de 2.200 personas viven en esta pequeña ciudad, según datos del censo de 2020, y algunos de ellos se dedican específicamente a gestionar las cartas de los niños para Santa Claus. 

Es el caso de Mitzi Wilcox, una voluntaria que contó a la BBC que como Santa es un hombre muy ocupado, el equipo le ayuda a responder todas las cartas. "¿Cuánta gente puede decir que vive en Polo Norte? Nosotros respondemos las cartas de niños de todo el mundo", dijo. 

Así nació el Polo Norte de Alaska

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La ciudad de Polo Norte nació en 1944, y recibió este nombre por una empresa que quería atraer a un fabricante de juguetes para que construyera su fábrica en esa ciudad y pudiera publicitar los productos con la frase "hechos en el Polo Norte". Al final, el lugar se quedó con ese nombre, aunque la fábrica nunca llegó a construirse. El espíritu navideño, sin embargo, se quedó en el Polo Norte. 

Un hombre llamado Con Miller era conocido por personificar a Santa Claus en diferentes pueblos de Alaska. Cuando su pueblo fue bautizado como Polo Norte, llamó Casa de Santa Claus a su negocio. Desde entonces, la tienda es la más famosa del pueblo y es conocida por la estatua de papá Noel de fibra de vidrio más grande del mundo. En los alrededores de la tienda hay hasta renos. 

Un día con Santa Claus en el Polo Norte

Polo Norte es una atracción todo el año pero en estas fechas es un sitio especial, sobre todo para los niños. Alaska Air organizó hace unas semanas un vuelo con casi 60 niños de entre 4 y 10 años en riesgo de pobreza para celebrar las fiestas a lo grande. Acompañados de un grupo de elfos y ayudantes de Santa Claus, los niños fueron directos a Polo Norte para pasar un día mágico. 

Alaska Air

Durante el vuelo, las ventanillas permanecieron cerradas para mantener en secreto la ruta hacia el Polo Norte. Nada más llegar, Santa Claus dio la bienvenida a sus invitados y les llevó hasta su casa para hacer con ellos todo tipo de manualidades y comer helado. No podía faltar la decoración de Navidad, chocolate y, por supuesto, regalos. 

Además de la decoración y de la casa de Santa Claus, el Polo Norte de Alaska tiene todas las características para parecerse al hogar donde nace la magia. Mientras que en julio las temperaturas pueden superar los 20 grados, en estas fechas los habitantes del Polo Norte viven con temperaturas de menos de 40 grados bajo cero. Más allá del frío que pasan, la postal que deja la nieve en las calles del pueblo no puede ser más navideña.

La historia se repite en Santa Claus, Indiana 

Si puede ser difícil imaginarse un pueblo donde es Navidad todo el año, puede serlo todavía más pensar que hay dos. Y en el mismo país. En Indiana, hay un lugar llamado Santa Claus, en el que desde 1914 también reciben cartas de niños procedentes de todo el país. 

Al igual que en el Polo Norte, en el pueblo hay una estatua gigante de Papá Noel. Las calles también tienen nombres como Christmas Boulevard o Christmas Lake Village. Las tres calles principales se llaman como los Reyes Magos: Melchor, Gaspar y Baltasar. 

Santa Claus se llamaba, en el siglo XIX, Santa Fe pero tuvieron que cambiar el nombre para poder instalar una oficina postal. El problema era que el pueblo se llamaba igual que la capital del estado de Nuevo México y, para evitar malos entendidos, pidieron a los habitantes que cambiaran el nombre. 

'Una comunidad que continúa creciendo'

Cómo los habitantes llegaron a la conclusión de que Santa Claus era el mejor nombre para su pueblo es una incógnita, aunque hay varias leyendas. Una de ellas explica que una Nochebuena los residentes de por aquel entonces todavía Santa Fe estaban reunidos para escoger un nuevo nombre para su pueblo cuando, de pronto, las puertas se abrieron de par en par. Una niña escuchó campanas a lo lejos y gritó: "¡Es Santa Claus!".

Al parecer, sacaron a la palestra otros nombres que no estaban relacionados con la Navidad pero está claro que, si hubieran escogido alguno de esos, en este momento el pueblo no sería tan turístico ni atraería a tantos visitantes. 

Los habitantes, al ser preguntados, afirman que no están cansados de la Navidad y que les gusta vivir en un pueblo donde el espíritu de estas fiestas se respira todo el año. Una cosa está clara: los habitantes del Polo Norte y Santa Claus creen en la Navidad y en Papá Noel. "Es el espíritu de la comunidad que continúa creciendo", dijo una de las habitantes de Santa Claus.