Durante los primeros minutos de American Horror Stories: Lake, la cámara atraviesa la oscuridad con lentitud perezosa. Las habitaciones, pasillos, calles, pero, en especial, las inmediaciones del lago Prescott, ofrecen un aspecto lóbrego. Tanto, que la sensación inmediata es que lo que muestran las imágenes ocurre en un estrato onírico. No se trata de algo casual. La producción utiliza el recurso para dejar algunas cosas claras sobre su argumento.

La primera, que la muerte de Jake (Bobby Hogan) sumió a su familia en una oscuridad fantasmagórica. No solo a nivel metafórico  — algo que el guion ensaya con claridad y eficacia —,  sino también en un estrato más complicado. Toda la familia está sucumbiendo con lentitud a una dimensión en la que el dolor lo es todo. Tanto, como una criatura malévola que acecha desde la oscuridad. 

La muerte espera en el agua de American Horror Stories: Lake

La siguiente y más importante es que el agua, en esta ocasión, es un símbolo sobrenatural. Uno tan viejo, reconocido y poderoso que American Horror Stories: Lake dedica una buena cantidad del tiempo en plantear su complejidad. Poco a poco, la muerte de Jake se convierte en la puerta abierta hacia algo más tenebroso, extraño y abrumador. Una percepción sobre el peligro que se enlaza con uno inmemorial. 

La culpa, el dolor y el duelo son las aguas profundas en que se hunden con lentitud los personajes de American Horror Stories: Lake. El final de temporada de la serie antológica se atreve a ir un poco más allá del terror obvio  — el punto más evidente en toda la entrega — y se decanta por lo simbólico. Pero, quizá, debido a que el argumento carece de la solidez necesaria para narrar una historia basada en el sufrimiento puro, la tensión inmediata decae.

Se trata de un recorrido que atraviesa desde los asesinatos vinculados al lago, centro de la trama, como a sus consecuencias. Hay un vínculo elemental y primitivo en la idea de lo fluvial  — las grandes corrientes imparables y oscuras —  con la forma en que el argumento narra el horror. De hecho, los primeros minutos del episodio son los mejores de la temporada y se sostienen sobre un análisis consecuente y brillante sobre lo enigmático. 

En las profundidades habita el miedo en American Horror Stories: Lake

American Horror Stories: Lake

Pero el guion de Manny Coto termina por fallar al intentar sostener esa tensión durante la mayor parte del capítulo. De hecho, la historia se hace más ambigua y confusa, a medida que pierde la solidez sobre su tema principal. Por un lado, intenta explorar en lo descarnado de la ausencia. Pero, al otro extremo, se acumulan preguntas apremiantes: ¿Qué es la oscuridad que enlaza la muerte de Jake y las desapariciones alrededor del lago? ¿Por qué ambas cosas parecen encontrarse irremediablemente unidas? 

El relato insiste, durante buena parte de su primer tramo, acerca del dolor. También, que el sufrimiento compartido es, a su manera, un monstruo a vencer. Pero una percepción sobre el duelo tan sugerente se desliza a la periferia en cuanto el relato intenta intercalar con torpeza lo sobrenatural. Al menos, su dolorosa insinuación. En especial, cuando Finn (Olivia Rouyre), la hermana de Jake, se obsesiona con la muerte. 

No solo la que fragmentó a su familia. Algo que también la une a Erin (Alicia Silverstone), su madre, en medio de la incertidumbre de la muerte. A la vez, la que se oculta en el lago Prescott; un reducto inquietante con sus propias capas de horror a cuestas. El episodio no parece encontrar una manera de contrastar ambas premisas. En cualquier caso, encontrar un punto en que se unan entre sí. De modo que corren en paralelo, como si se tratara de dos historias sujetas por la única salvedad de la muerte de un personaje.

A pesar de lo anterior, American Horror Stories: Lake logra abarcar varios puntos intrigantes, lo que permite a la premisa sostenerse a pesar de sus blanduras. Desde la obsesión de Finn por la muerte hasta la sensación urgente, que el mal está a punto de manifestarse de formas nuevas. El argumento explora en los miedos primarios y utiliza el agua como un punto focal de atención. Si en American Horror Stories: Bloody Mary lo fueron los espejos, en el último capítulo es el sentido de lo fluvial como elemento de lo aterrador. 

El canto nocturno del terror en American Horror Stories: Lake 

American Horror Stories: Lake

Poco a poco, la cámara de la directora Tessa Blake enfoca el brillo líquido de chorros abiertos, charcos movedizos y las orillas del lago para contar una historia. ¿Cuál? No está muy claro. Pero, pronto, es notorio que el horror se manifiesta a un substrato discreto muy poco común en la antología. La realizadora lo logra, además, al dejar claro que lo que sea que espera para asesinar al fondo del lago, está muy lejos de una explicación sencilla. Que Finn no podrá vencerlo  — no al menos, con armas evidentes — , y que el miedo es un vehículo de ideas más duras y retorcidas. 

Quizá, por eso resulte tan desagradable que la trama falle al volverse, sin explicación inmediata, en algo obvio. En una historia sugerida sobre la mafia o, incluso, una percepción poco elegante sobre la violencia. Sin embargo, el capítulo se vuelve genérico al querer englobar todas sus magníficas sugerencias en un espacio concreto. 

Cuando finalmente debe revelar sus secretos, el episodio decae, se desliza hacia ninguna parte. Lo que es aún peor, se enlaza con pensamientos más duros y elaborados sobre la destrucción física, la muerte y la oscuridad de la incertidumbre. Pero no logra llegar a ninguna conclusión  — no una clara, al menos — . Lo que, al final, es su mayor problema. 

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