Doscientas lunas han transcurrido desde que Willow (Warwick Davis), Madmartigan (Val Kilmer) y Sorsha Tanthalos (Joanne Whalley) rescataron a la pequeña Elora Danan del mal. Al menos, es lo que deja claro la serie Willow, de Disney+, al comenzar su recorrido por terrenos conocidos de su historia. 

Este homenaje nostálgico, y por momentos deslucido, a la icónica película de fantasía de los ochenta sabe que su efectividad se vincula con el recuerdo. De modo que, buena parte de su primer capítulo es un repaso rápido de los principales eventos de la narración original.

Una decisión argumental que deja clara la mayor debilidad de la serie como secuela tardía. La película Willow fue un experimento afortunado, que mostró una mezcla poco usual entre los códigos del cine fantástico y el drama conmovedor. 

Pero, con el transcurrir del tiempo, la producción perdió buena parte de su encanto, al ser superada, casi de manera inevitable, por premisas más sólidas. En especial, visiones más audaces de mundos extraordinarios, todos en medio de la clásica batalla del bien y el mal.

Willow

La serie Willow, un homenaje nostálgico y por momentos deslucido a la icónica película de fantasía de los ochenta, sabe que su efectividad se vincula con el recuerdo. De modo que, buena parte de su primer capítulo es un repaso rápido acerca de los principales eventos de la narración original. Una decisión argumental que deja clara su mayor debilidad como secuela tardía. La película original fue un experimento afortunado, que mostró una mezcla poco usual entre los códigos del cine fantástico y el drama conmovedor. Pero, con el transcurrir del tiempo, la producción perdió buena parte de su encanto, al ser superada, casi de manera inevitable, por premisas más sólidas. En especial, visiones más audaces de mundos extraordinarios, todos en medio de la clásica batalla del bien y el mal.

Puntuación: 3 de 5.

Willow es una travesía por caminos muy familiares

La serie Willow, que continúa las aventuras del aprendiz de mago de los Nelwyn, carece de originalidad y tiene un cierto aire genérico. Lo cual se acentúa por una trama que depende demasiado del material original como para crear una dinámica independiente. 

Los primeros episodios se esfuerzan por refrescar una serie de datos que funcionan como un contexto desordenado de su premisa principal. Desde la identidad de sus personajes, hasta sus grandes batallas. Willow deja la inmediata sensación de que necesita un diálogo directo con la anterior travesía por Tierra Madre para funcionar. Pero no se trata de una construcción que completa la anterior, sino que, por el contrario, se sostiene por completo en sus puntos más altos. 

La decisión del guion provoca que cada hilo narrativo, que no se vinculan directamente a la película de Ron Howard, carezca de interés. El escenario se desdibuja en constantes diálogos explicativos para dejar claro por qué ocurrió cada hecho destacable. Los personajes explican con amabilidad todo lo que el espectador debe saber.

La misma historia de siempre sobre el bien y el mal

Pero justo es ese subrayado lo que hace que el argumento no se sostenga en ningún punto original. Willow es una recreación actual sobre los grandes eventos del material del que proviene. Pero aporta poco a su crecimiento, exploración o a una mirada novedosa acerca de sus paisajes y circunstancias más conocidos

Incluso el conflicto principal vuelve a ser el mismo. Elora Danan, la niña destinada a vencer el mal, es otra vez el centro de la historia. Convertida en un enigma que proteger, es también el eje central de varios sucesos de considerable importancia en Tir Asleen. 

Aunque, presumiblemente, la pequeña fue un heraldo de esperanza, el relato deja claro que ahora es la puerta hacia un suceso oscuro al acecho. Lo que provoca que su identidad deba ser ocultada. El argumento da vueltas en círculo alrededor de la idea del bien y el mal, sin profundizar en por qué las reglas de su universo cambiaron por completo. 

¿Por qué antes Elora Danan era la posibilidad para el futuro y ahora es todo lo contrario? El guion se contradice en su incapacidad de ir más allá de los límites de la historia que intenta ampliar. De modo que convierte en una pista falsa tanto la — predecible — versión sobre la profecía que marca otra vez el destino de la niña, como sus consecuencias.

Una historia a la que ni el entrañable Willow puede darle sentido

La serie Willow no logra estructurar los vínculos entre el pasado y el presente de forma fluida o, al menos, original. Hay una nota artificial en este universo construido a la medida de un relato en que hay una buena cantidad de blancos narrativos sin explicación. 

Desde la sensación de que todo ocurre con excesiva rapidez o, al contrario, con una exhaustiva exploración innecesaria de símbolos, hasta su tono desenfadado. La serie de Willow parece la combinación de muchas tramas similares a la vez. Unas entrelazan con otras, sin que ninguna prevalezca o sostenga el verdadero interés sobre la premisa. 

De hecho, a la serie le lleva casi cuarenta minutos explicar que el mal está por regresar a las tierras del reino de Tir Asleen. Mientras relata la circunstancia que amenaza la vida de sus personajes, el argumento parece incapaz de analizar algo más que el pasado remoto. Una y otra vez, se recuerdan las grandes hazañas del desaparecido Madmartigan (cuya suerte es por ahora un misterio) y la responsabilidad solitaria de Sorsha. 

Willow

La heroína de la película original, convertida en reina después de derrocar a su malvada madre Bavmorda, lleva un deber enigmático a cuestas. También, es madre del despreocupado príncipe Airk y la voluntariosa princesa Kit. Esta última tiene, quizás, el conflicto más interesante y de mayor solidez de Willow. Obligada a contraer matrimonio con el príncipe Graydon para unir a su reino con el de Galladoom, descubrirá que su naturaleza indómita la lleva en otra dirección.

Pero incluso ese toque de frescura termina por ser insuficiente cuando la serie toma aires de drama fantástico juvenil. Para cuando Willow (interpretado de nuevo por Warwick Davis) hace acto de presencia, la serie parece haber recorrido un trecho desordenado hacia ninguna parte. En especial, porque incluso el carisma de un personaje entrañable no parece suficiente para unir las piezas de la historia central

Finalmente, el regreso al centro de todas las cosas

A lo largo del tercer episodio de Willow, el reino de Tir Asleen deberá recurrir a toda la sabiduría que atesora para evitar el dominio de la oscuridad. Pero, para entonces, la serie, que intentó desafiar las expectativas sobre lo que podría esperarse de una continuación innecesaria a una historia menor, ya ha perdido su encanto. 

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Quizás se deba a que la premisa del viaje que emprende un grupo de jovencísimos expedicionarios en busca de un príncipe perdido luce gastada. Más aún porque el mago titular regresa al punto central de las grandes incógnitas que fueron respondidas en la historia original. ¿Qué hace a un mago serlo? ¿Qué le lleva a emprender grandes aventuras? Willow — tanto la serie como el personaje — parecen haber olvidado las respuestas. Sin duda, el mayor problema de la serie. 

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