La caída estrepitosa de las criptomonedas, además de influir en la ruina financiera de algunas empresas y particulares, trajo consigo un beneficio que hace apenas unos años se veía muy lejos. El stock, pero sobre todo el precio de las tarjetas gráficas, logró estabilizarse —hasta cierto punto—, permitiendo que una buena cantidad de personas armara o actualizara la GPU de su PC sin acuchillar la cartera.

Sin embargo, cuando el mercado de las GPUs parecía retomar una etapa de estabilidad sin depender enteramente del mundo crypto, se volvió a estancar. De acuerdo a la investigación de la firma Jon Peddie Research, durante el tercer trimestre de 2022 dicho sector tuvo su mayor caída desde 2009, un año en que el mundo estaba siendo golpeado por una gran recesión. En concreto, los envíos de GPUs cayeron un 25% en comparación con el mismo periodo del año anterior.

En su investigación, Jon Peddie Research deja claro que, al mencionar GPUs, se refiere a la totalidad del mercado de chips de procesamiento gráfico, no solo a las tarjetas. Además, siempre según el reporte, el tercer trimestre suele distinguirse por superar al periodo anterior inmediato, pero este año se rompió esa tendencia. Los envíos en el Q3 disminuyeron un 10,3% en relación al segundo trimestre.

Ahora vamos a lo más interesante. ¿Por qué ha sucedido esto? Lo lógico sería pensar que, tras el desplome de las criptomonedas, los mineros dejaron de comprar GPUs en gran volumen y esta es la causa única del desplome. Porque el resto de mortales seguimos adquiriendo GPUs con gran entusiasmo, ¿cierto? Pues no es del todo correcto.

El desplome de las GPUs más allá del crypto

Jensen Huang, GPUs

Si bien influye el hundimiento del crypto, hay otros factores que se están presentando. En primer lugar, China está sufriendo de nuevas oleadas de COVID-19, lo cual ha provocado el cierre temporal de plantas dedicadas a la producción de dispositivos que integran GPUs.

Por otro lado tenemos el efecto Osborne, que básicamente consiste en retrasar la compra de un producto porque, dentro de poco, será reemplazado por uno más nuevo. Curiosamente, el tercer trimestre de 2022 estuvo marcado por la presentación de las RTX 4000 de Nvidia, que ya se pueden comprar en sus variantes 4090 y 4080. Asimismo, los clientes que prefieren las propuestas de AMD, estaban a la espera de las Ryzen RX 7000, cuya comercialización arranca en diciembre.

Existe un tercer punto que igualmente está influyendo, y con el que seguramente una buena parte de los consumidores se sentirá identificado. Hoy en día, los precios de las GPUs siguen siendo altos, más cuando hablamos de los modelos más recientes.

Si alguien nos hubiera dicho hace unos años que Nvidia iba a lanzar una tarjeta gráfica de $1.500 dólares o 2.000 €, quizá nos hubiéramos reído. No obstante, este el precio de partida de la 4090. Y las versiones de menor potencial no se quedan atrás. AMD, por su parte, está apostando por mantener costes «bajos» en relación a su competencia; pero eso no significa que las RX 7000 no hayan aumentado de precio considerablemente.

El siguiente y último factor está estrechamente ligado al anterior. Los fabricantes de GPUs aumentaron sus precios cuando el mundo atraviesa un panorama económico complicado. Actualmente, no cualquiera puede permitirse desembolsar esas cantidades. Y aquellos que están en posibilidades de hacerlo, estudian previamente sus gatos.

A pesar de todo lo anterior, desde Jon Peddie Research creen que todavía no es momento de encender las alarmas. Algo que puede beneficiar al mercado de las GPUs en términos económicos es que, a pesar de que los envíos y ventas han disminuido, los altos precios ayudarán a compensarlo.

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