La industria sexual es un lugar peligroso para las mujeres. Abusos de poder, situaciones denigrantes y peligros físicos de todo tipo acechan a aquellas que, por un motivo u otro, se ven empujadas a un mercado, el del sexo, que se nutre de cuerpos mayoritariamente femeninos. Durante la pandemia, OnlyFans se postuló como un espacio seguro para las trabajadoras del sexo ante su necesidad de seguir ingresando en un mundo parado por el virus. No obstante, los defectos de una industria que tiene por bandera la mercantilización de los cuerpos de las mujeres siguen estando presentes en la controvertida red social.

De los excesos del mercado del sexo es conocedora Alexandra Hunt. Graduada en psicología y con un máster en salud pública, se jugó la piel durante un tiempo trabajando como stripper para poder llegar a fin de mes.

En la actualidad, compagina su candidatura al congreso de los Estados Unidos con la creación de contenido para OnlyFans. En Hipertextual hemos hablado con ella y nos ha contado su visión del estigma al que se enfrentan las mujeres en la industria del sexo.

Cambiando una sociedad que le dio la espalda

Durante muchos años, Alexandra no fue capaz de contar su historia. Sabía que admitir haber formado parte de la industria sexual podría costarle su trabajo o la plaza en la universidad. Ahora, tras el paso del tiempo, lo revive con desasosiego. “Si hubiera desaparecido entonces, como les sucede a muchas trabajadoras sexuales, nadie habría sabido cómo o dónde encontrarme”.

Campaña Alexandra Hunt
Merchandising Alexandra Hunt

Fue al iniciar su carrera política cuando decidió hacerlo público porque consideró que “todas las personas merecen sentirse seguras”. Su historia ayudaría a visibilizar los peligros de una industria que se esconde entre las sombras y el crimen organizado. Y, como ella misma había imaginado, tuvo que pagarlo caro. Cuando compartió su pasado como stripper, el club de fútbol para el que trabajaba la destituyó de su cargo como entrenadora de dos equipos.

Un hecho que la reafirmó en su decisión de presentarse contra un político de la vieja escuela para cambiar una sociedad que le había dado la espalda cuando más la necesitaba. “Me presenté por las personas que viven en la sombra y sigo luchando por sus derechos”. Fiel a sus principios, Alexandra prometió trabajar para que la clase trabajadora de Philadelphia, su ciudad, pudiera vivir mejor.

¿Política? Sí, pero también en OnlyFans

Desde entonces, hace campaña por las personas más desfavorecidas, entre ellas, las mujeres atrapadas en la industria sexual. Y compagina su carrera política con una cuenta en OnlyFans. “Es mi principal fuente de ingresos, aunque también lo utilizo como altavoz político y para hablar de educación sexual”.

Aunque admite que la red social es una gran herramienta para ganar dinero, también confiesa algo: “Algunos días no tengo la energía para lidiar con el bombardeo de comentarios cosificantes y denigrantes que se dan en la plataforma”. Por supuesto, Alexandra se ha enfrentado con numerosos trolls. “Eso es algo que está a la orden del día dentro de la industria del sexo”. “No todas las personas involucradas en esta industria actúan de forma sana y respetuosa, y ahí es cuando surgen los problemas”. No obstante, en un mercado que se sustenta sobre la desigualdad, puede ser complicado encontrar respeto.

El aluvión de comentarios denigrantes revela la peor cara de una industria basada en el sexismo y la misoginia. Algo de lo que Alexandra sabe bastante, pues, cuando trabajaba en el club de striptease, temió varias veces por su integridad física. “En mi último día en el club, una compañera estuvo a punto de apuñalarme porque fui la única que ganó dinero esa noche”.

“El ambiente tóxico de los clubes y otras cosas que suceden dentro de la industria del sexo enfrentan a unas trabajadoras y otras en una lucha por el dinero”, sostiene. “Y esto lo hace muy peligroso”. También afirma que “los clientes contribuyen a esa peligrosidad porque usan las amenazas y la intimidación para conseguir favores sexuales”. Un entorno en el que la vida de las mujeres está constantemente amenazada.

Las crudas cifras del mercado sexual

Lo que vemos en OnlyFans es tan solo la punta del iceberg. Mientras unas mujeres, ahogadas por la necesidad de llegar a fin de mes, ven en la plataforma una fuente de ingresos adicionales, otras ponen su vida en manos de hombres que compran el derecho sobre sus cuerpos. Dos caras de la misma moneda con la que se paga la subordinación de las mujeres en la sociedad.

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Según un informe de Foundation Scelles, el negocio de la prostitución a escala global involucra a más de 40 millones de personas. El 90% de las cuales dependen de un proxeneta. Investigaciones canadienses señalan que el riesgo de mortalidad de las mujeres en situación de prostitución es 40 veces superior a la media nacional. También, que estas mujeres tienen un riesgo de ser golpeadas o asesinadas entre 60 y 120 veces mayor que el resto de la ciudadanía.

En Estados Unidos, HG.org recoge la prostitución como una de las profesiones más arriesgadas, superando incluso la pesca en Alaska. Estadísticas recientes sitúan la tasa de mortalidad de las prostituidas en 204 de cada 100.000. Las mujeres en esta situación son agredidas, de media, una vez al mes. Para el caso de España, la página Feminicidio.org recoge los asesinatos cometidos dentro del sistema prostitucional. Las víctimas entre 2010 y 2015 ascendieron a 31 mujeres, casi todas extranjeras.

Alexandra Hunt reconoce que “la sociedad relega a las mujeres a tener menos capital y menos poder y cosifica nuestros cuerpos”. Y opina que “el trabajo sexual le da la vuelta a ese modelo y permite a las mujeres ser dueñas de su sexualidad”. Sin embargo, falla en identificar el capitalismo y la misoginia como las causas que empujan a las mujeres a vender sus cuerpos para afrontar la precariedad.

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