El pasado miércoles, 28 de septiembre, justo antes de que el huracán Ian llegase a la Bahía de Tampa, en Florida, los vecinos de la zona vieron cómo el agua de la costa retrocedía, dejando el fondo al descubierto e incluso los barcos atracados en el puerto clavados en el barro. Muchos curiosos se acercaron a la zona para caminar sobre lo que normalmente estaría cubierto por el mar. Sin embargo, los meteorólogos y las autoridades se lanzaron a alertar de que todo lo que se va vuelve y que lo ocurrido no era preámbulo de nada bueno.

Y ya deberían saberlo, pues no es la primera vez que ocurre algo así en esta zona de Estados Unidos. Ya en 2017, con el huracán Irma, pasó algo parecido. El agua de la cosa se drenó, pero luego apareció de nuevo con más violencia. Esto ocurre por un fenómeno conocido como marejada ciclónica inversa. Como su propio nombre indica, es el fenómeno contrario de la marejada ciclónica, por la que el nivel del mar aumenta, provocado grandes inundaciones.

El caso es que esa agua no desaparece, simplemente ha sido arrastrada mar adentro por los vientos y llega un momento en el que vuelve, posiblemente con mucha violencia. Los curiosos que acudieron a hacerse selfies y caminar sobre el mar, podrían no tener tiempo de escapar. Por eso, por muy curioso que sea, lo mejor es ver el espectáculo desde un lugar seguro.

¿Por qué un huracán puede llevarse el agua hacia adentro?

Para entender el fenómeno de marejada ciclónica inversa hay que partir del hecho de que, en el hemisferio norte, el viento de los huracanes gira en el sentido contrario de las agujas del reloj.

Por lo tanto, en las zonas que se encuentran en la dirección opuesta a la rotación del huracán, los vientos arrastrarán el agua hacia dentro. En el caso de la Bahía de Tampa, cuando el huracán se acerca a ella desde el sur, se da este fenómeno de drenado. En cambio, una vez que el huracán rebasa la zona y queda al norte, se produce el efecto contrario. El agua que se fue se desplaza de nuevo y vuelve a su lugar, a veces con grandes olas y la subida del nivel del mar.

Todo esto, en realidad, ocurre solo en lugres en los que el nivel del mar no es demasiado alto. Por ejemplo, en el caso del huracán Irma en 2017, el huracán se acercó también al Caribe desde el sur. De hecho, lo hizo en categoría 5, con vientos de hasta 298 kilómetros por hora. Sin embargo, el mar no se retiró, mientras que en la Bahía de Tampa, ya con categoría 4, sí que lo hizo.

Esto se debe a que en zonas insulares, como el Caribe, el nivel del mar es mucho más alto. Por lo tanto, el viento sumerge el agua, que luego emerge de nuevo en su lugar. El fondo no queda al descubierto, porque está demasiado profundo. Sin embargo, cuando los huracanes se acercan a la placa continental, el nivel del mar en la costa es mucho más bajo y sí que se produce este efecto.

Si el mar se retira, corre

En realidad, puede que la vuelta del mar a su posición inicial sea calmada y no ocurra nada. O que sea violenta, con inundaciones y grandes olas. A veces es difícil saberlo; pero, precisamente por eso, lo mejor es no entrar al terreno que ha dejado al descubierto. Y esto no se aplica solo a los huracanes.

La retirada del mar es también habitual de otros fenómenos, como los tsunamis. No siempre ocurre, pero el temblor submarino que da lugar a estas olas gigantes puede provocar inicialmente la retirada del mar. En estos casos, la vuelta violenta del agua a su lugar es algo mucho más inmediato. Por eso, las personas que viven en lugares en los que esto es habitual saben perfectamente que es el momento de huir de la costa. En cambio, los turistas pueden quedar fascinados por el espectáculo y no tener tiempo de escapar.

La moraleja de todo esto es que, si ves el agua retirarse repentinamente de su lugar, sin tener nada que ver con una bajada de la marea normal, posiblemente se trate del presagio de algo nada bueno. Lo mejor es no pararse a intentar adivinar qué es lo que está por llegar. 

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