Exprimir algo de realismo de las historias más fantasiosas es una de las aplicaciones más curiosas de la ciencia. Por ejemplo, está claro que los dragones que salen en Juego de Tronos o en La Casa del Dragón no existen. Pero suponiendo que sí existieran, ¿podrían volar? Esta pregunta se la hizo Guy Gratton, un investigador del área de aeronátuca de la Universidad Brumel de Londres. No es fácil de contestar para un profano de la física, pero sí para alguien con sus conocimientos, por lo que se dedicó a hacer algunos cálculos de los que ha podido obtener una respuesta.

Esta, según explica en un artículo publicado en The Conversation, es que sí que pueden volar. No obstante, habría que tener en cuenta algunos pequeños cambios en la atmósfera de Poniente, que se deducen de un visionado exhaustivo de Juego de Tronos.

En este caso no vale La Casa del Dragón, pues ha hecho los cálculos observando a los dragones de Daenerys. No obstante, suponemos que el resultado sería el mismo. 

El tamaño de los dragones sí importa

Para calcular si los dragones son capaces de volar, lo primero es tener claro su tamaño. Ni en Juego de Tronos ni en La Casa del Dragón se hace referencia a él con exactitud. Es cierto que en 2017 uno de los directores que más capítulos de la primera ha encabezado, Matt Shakman, declaró en una entrevista que tendrían el tamaño de un Boeing 747. Es decir, unos 77 metros de largo por 63 de ancho.

No obstante, en su artículo, Gratton llega a una conclusión diferente con una hipótesis mucho más científica. Básicamente, calcula las dimensiones de los dragones en proporción a la altura de Daenerys. Tampoco se sabe cuál es esta exactamente, aunque supone que debe medir aproximadamente 1,60 metros y pesar 60 kilogramos. Se ve que el cuerpo del dragón es unas cuatro veces más largo que el suyo, cinco veces más profundo y con el doble de ancho. Además, la cola tiene más o menos la misma longitud.

Teniendo esto en cuenta y suponiendo que la densidad del dragón es la misma que la de su amazona, llega a la conclusión de que cada uno de los dragones pesa unos 2.600 kilogramos. Es realmente la masa lo que le importa, ya que con ella se puede calcular el peso del dragón. Este es igual a la masa multiplicada por la aceleración de la gravedad.

Poniente está en el planeta Tierra y suponemos que los niveles de fantasía no llegan hasta el punto de alterar la aceleración de la gravedad. Dado que, si la redondeamos, esta en nuestro planeta es de uno 10 metros por segundo al cuadrado, el peso será de 26.000 Newtons

También se necesita conocer el área de las alas. Parece que cada una tiene de envergadura el doble de la longitud del cuerpo del dragón. Esto supone que las podemos ver como dos rectángulos de 4 metros de ancho por 8 de largo. Es decir, en total aportan 64 metros cuadrados.

El último dato que se necesita es la velocidad de estancamiento. Esta es la velocidad más baja que puede mantener un cuerpo en el aire sin desestabilizarse. Suponemos que es la velocidad que llevan los dragones justo antes de aterrizar o después de despegar. Por lo tanto, dado que se observa que recorren unos 13 metros en 3 segundo, podremos decir que es de 4,3 metros por segundo. 

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La atmósfera de ‘Juego de Tronos’ y ‘La Casa del Dragón’

Para ver cuánto de realismo hay en el vuelo de los dragones, es interesante calcular su coeficiente de elevación. Este se obtiene de una fórmula en la que W es el peso (26.000 Newtons), S el área de las alas (64 metros cuadrados), la V es la velocidad de estancamiento (4,3 metros por segundo) y la letra griega rho hace referencia a la densidad.

Suponiendo que la densidad del aire fuese la habitual al nivel del mar, sería de 1,2 kg/m3. Realizando los cálculos, el coeficiente de elevación sería aproximadamente de 36. Y aquí nos encontramos el primer problema.

Esta cifra para un avión pequeño ligero suele encontrarse entre 2,2 y 2,7. Para un Boeing 747 puede ir de 0,3 a 1,25, aunque ya hemos visto que no son tan grandes. Sea como sea, 36 es una cifra desorbitada.

Ante este problema, Gratton pensó que la clave podría estar en una atmósfera diferente a la nuestra. Para empezar, decidió usar un coeficiente de elevación más realista, de 3,5. Esto se obtendría si la densidad del aire fuese 10 veces mayor, de 12 kg/m3. En realidad tiene sentido, ya que los guerreros de Juego de Tronos y La Casa del Dragón son capaces de lanzar armas a distancias enormes. Si la aceleración de la gravedad es la misma que la de la Tierra, como ya hemos visto, se necesitaría una gran densidad para que eso ocurriera.

Aceptamos la hipótesis, pero aún hay un problema: ¿cuál es la composición del aire? Para alcanzar esa densidad, la composición del aire no puede ser la misma que tenemos en esta Tierra tan real nuestra. La nuestra tiene un 78% de nitrógeno, un 21% de oxígeno y un 1% de otros gases. Si la concentración de oxígeno sube demasiado, la cosa se pone peligrosa. De hecho, si llega a rondar el 30%, el aire se vuelve muy inflamable. Y de nuevo esto tiene sentido. No hay más que ver lo lejos que llegan las llamaradas que vomitan los dragones.

Supongamos entonces un 30% de oxígeno. El 70% restante debería ocuparlo un gas muy denso y aquí es donde Gratton hace su mayor suposición: ¿y si en vez de nitrógeno fuera argón? Realizando los cálculos necesarios, se puede ver que una atmósfera con aire compuesto por un 70% de argón y un 30% de oxígeno tendría justo esa densidad de 12 kg/m3.

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Por lo tanto, si las cifras fuesen esas, los dragones podrían volar. Además, para terminar de cerrar el círculo, cabe destacar que la mezcla de argón y oxígeno es muy narcótica si se respira a altas presiones. Vamos, que podría desequilibrar mucho a los humanos. Y aquí está lo más coherente de toda la historia. Por fin sabemos qué le pasó a Daenerys por la cabeza al final de la serie. ¡Estaba drogada por el aire que respiraba! Al final, todo tiene sentido cuando la ciencia entra en escena. Hasta el disparatado final de Juego de Tronos.

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