La Tierra es el único planeta conocido que alberga vida. Por eso, puestos a buscar vida extraterrestre, lo lógico es centrarse en planetas similares al nuestro o que al menos orbiten estrellas parecidas al Sol. Generalmente estas búsquedas se han llevado a cabo en sistemas estelares individuales. Sin embargo, un nuevo estudio, recién publicado en Nature de la mano de científicos de la Universidad de Copenhague, señala que los sistemas binarios pueden ser un buen lugar al que mirar. 

Al contrario que los sistemas individuales, como nuestro propio sistema solar, en los binarios los planetas giran en torno a dos estrellas. Y precisamente la interacción entre esas dos estrellas es la que propicia unas condiciones que podrían convertirlos en objetivos interesantes para la búsqueda de vida extraterrestre.

Cabe destacar que estos científicos se han centrado en los datos obtenidos al analizar uno solo de estos sistemas. Lo han hecho gracias al telescopio ALMA, de Chile, aunque esperan que pronto se pueda unir a su búsqueda el Telescopio Espacial James Webb, cuyas tareas de ajuste de instrumentos están cada vez más cerca de finalizar. De momento, con la información de la que disponen hay motivos para considerar que sus peculiaridades serían extrapolables a otros sistemas binarios.

Telescopios punteros para conocer mejor los sistemas binarios

En realidad ALMA está compuesto por 66 telescopios que funcionan de forma coordinada. Gracias a ellos, estos científicos pudieron obtener datos muy interesantes sobre NGC 1333-IRAS2A, un sistema binario rodeado por un disco de gas y polvo.

Lógicamente, solo se puede observar el sistema en un punto de su evolución, como cuando hacemos una foto a un ser humano. Sin embargo, también realizaron un modelo informático que aportaba datos tanto sobre sus etapas previas como sobre lo que vendría después. 

La gravedad conjunta de las dos estrellas afecta al disco de polvo, propiciando que el material caiga hacia ellas

Todo esto les permitió comprobar que el disco de gas y polvo no se mueve con un patrón continuo. En periodos de 10 a 100 años cada 1.000 años aproximadamente el movimiento se hace mucho más fuerte y aumenta el brillo de las estrellas. Esto, según explican los autores del estudio en un comunicado, se debe a que la gravedad conjunta de las dos estrellas afecta al disco que las rodea, haciendo que grandes cantidades de material caigan hacia ellas. Como resultado, se genera un gran calentamiento que es el que da lugar a ese aumento del brillo. 

Estos fenómenos son conocidos como ráfagas y podrían afectar a la posterior formación de planetas alrededor del sistema binario. Y también a la posibilidad o no de que puedan albergar vida extraterrestre.

¿Vida extraterrestre a bordo de cometas?

Se sabe que los ingredientes para la vida a menudo viajan a bordo de los cometas. Esto se debe a que suelen tener una gran cantidad de hielo albergando moléculas orgánicas. Estas por sí solas no tienen necesariamente que dar lugar a vida extraterrestre, pero no dejan de ser ingredientes necesarios para ellos. 

Por eso, su impacto sobre un planeta en formación puede ser esencial para que este termine albergando esa vida. Esto es algo que ya se sabía y que se ha estudiado también en planetas girando alrededor de estrellas individuales. No obstante, estos científicos creen que las ráfagas características de los sistemas binarios podrían tener un papel fundamental en la liberación de estas moléculas que viajan a bordo de cometas. “El calentamiento causado por las ráfagas desencadenará la evaporación de los granos de polvo y el hielo que los rodea. Esto puede alterar la composición química del material a partir del cual se forman los planetas”.

Las ráfagas de los sistemas binarios podrían interaccionar con los cometas cargados de moléculas orgánicas

De cualquier modo, esto no deja de ser una hipótesis que tendría que estudiarse a conciencia. De hecho, este sistema binario analizado por ALMA es demasiado joven para albergar ya sus planetas. Habrá que realizar más observaciones en el futuro de este y otros sistemas, tanto con el telescopio chileno como con otros instrumentos.

Por ejemplo, el James Webb podrá unirse muy pronto y después el ELT (European Large Telescope) y el SKA (Square Kilometer Array). Si todo va bien, ambos deberían estar observando para 2027, así que habrá que esperar un poco. Pero la espera valdrá la pena. Y es que el ELT será el telescopio óptico más grande del mundo, con un espejo de 39 metros,  y estará preparado para observar las condiciones atmosféricas de los exoplanetas. En cuanto al SKA, estará formado por miles de telescopios ubicados en África y Australia y permitirá observar directamente grandes moléculas orgánicas.

Finalmente, para observar las moléculas orgánicas presentes en el hielo de los cometas sería necesario contar con un telescopio que opere en el infrarrojo. Ahí es donde entra en juego el James Webb, que sí que está ya casi listo. Será un equipazo y seguro que resultará de gran ayuda para detectar los mejores objetivos en la búsqueda de vida extraterrestre. En la inmensidad del universo, si queremos optimizar el proceso al menos va bien saber a dónde deben apuntar los telescopios.