Durante la noche del 15 al 16 de mayo pudimos disfrutar en buena parte del mundo de un espectacular eclipse de Luna. En España tuvimos que esperar a justo antes del amanecer, mientras que otros países, como México, vieron mucho antes cómo nuestro satélite se teñía del color de la sangre. Pero eso es lo que vimos desde la Tierra. Los científicos del Southwest Research Institute (SwRI) se preguntaron qué pasaría si se viese un eclipse de Luna desde el espacio. Y aprovechando que debían buscar escenas para calibrar a su sonda de asteroides Lucy, pensaron que esta podría ser la ocasión perfecta.

La sonda Lucy se lanzó al espacio en octubre de 2021. Su objetivo durante los once años siguientes será estudiar los asteroides Troyanos que se encuentran cerca de Júpiter. Pero como viene siendo habitual en este tipo de misiones, antes de que comience a trabajar a pleno rendimiento es necesario calibrar los instrumentos. En el momento del eclipse de Luna Lucy estaba a unos 100 millones de kilómetros de nuestro planeta, en una ubicación perfecta para inmortalizar el espectáculo.

Por eso, los científicos que la dirigen desde la Tierra se pusieron manos a la obra para tomar las imágenes. Para ello usaron el instrumento L’LORRI, la cámara más sensible de Lucy. Tal es su sensibilidad que los ingenieros del proyecto la conocen cariñosamente como el ojo del águila. Y no es para menos, no hay más que ver las interesantes imágenes que tomó de este eclipse de Luna.

Imágenes pioneras gracias al ojo de águila de Lucy

Según relatan desde la web del proyecto Lucy, “la mayor parte del sistema óptico de L'LORRI está hecho de carburo de silicio, que no se expande ni se contrae mucho cuando se enfrenta a cambios de temperatura, y también dispersa rápidamente el calor para reducir estas diferencias”. Esto es muy eficaz para que pueda funcionar a pesar de las temperaturas extremas a las que se enfrentará la sonda durante su viaje.

Se realizó un 'time lapse' con 86 exposiciones de un milisegundo

Sin embargo, a grandes rasgos este instrumento está preparado para funcionar preferentemente con temperaturas bajas. Al fin y al cabo, su área principal de trabajo será en las inmediaciones de Júpiter, muy lejos del Sol. El acercamiento al eclipse de Luna supuso un aumento de temperatura que podría ser soportado por el carburo de silicio, pero no durante demasiado tiempo. Por eso, los científicos del proyecto no quisieron arriesgarse y tomaron imágenes solo de la primera mitad del eclipse.

En ese tiempo se realizó un time lapse compuesto por 86 exposiciones de un milisegundo. El ojo del águila es una cámara pancromática. Es decir, solo toma imágenes en blanco y negro. Pero, aun así, el resultado es de lo más interesante. Al fin y al cabo, es un punto de vista muy novedoso a la hora de retratar un eclipse de Luna.

Un eclipse de Luna muy especial

Un eclipse de Luna se produce cuando la Tierra se interpone entre el Sol y la Luna, generando una sombra que cubre parcial o totalmente nuestro satélite. Lo que vemos desde aquí es cómo la Luna se oscurece y se tiñe de rojo, a causa de que son solo las longitudes de onda anaranjadas las que llegan hasta nosotros, a causa de la luz solar refractada por la atmósfera terrestre. Ahora bien, ¿qué pasaría si todo esto se viese desde fuera, sin que el observador esté en ninguno de los tres protagonistas del eclipse? 

Eso es lo que hemos podido ver gracias a Lucy. En las imágenes tomadas por su ojo de águila se ven la Luna, a la derecha de la pantalla, y la Tierra a la izquierda. El Sol estaría muy a la izquierda, por lo que se sale del plano, pero se puede ver cómo interviene en la formación de la sombra terrestre que engulle a la Luna.

En la imagen no se ve el Sol, que estaría muy a la izquierda de la escena

Dado que la iluminación del satélite sería muy débil, los astronautas tuvieron que iluminarlo en el vídeo para que pudiera verse bien. Una vez hecho esto, se ve a la perfección cómo la Luna desaparece casi por arte de magia. Pero no es magia, es la sombra de nuestro planeta apoderándose de ella. Después, si Lucy hubiese podido seguir pendiente del espectáculo, se habría visto el final del eclipse de Luna, con nuestro satélite apareciendo de nuevo.

Pero habría sido mucho pedir. Solo eso ya es un espectáculo magnífico, una imagen nunca vista y, sobre todo, un método de calibración maravilloso para dejar este instrumento de Lucy listo para inmortalizar los asteroides Troyanos. Ha sido una parada en el camino más que fructífera.