Marina Yers, la influencer que afirmó sin despeinarse que el agua deshidrata y que dio en plena pandemia un peligroso discurso en contra del uso de mascarillas, vuelve con su nuevo éxito pseudocientífico: ranas y plantas del Amazonas para curar el hígado. La joven lleva unos días en el Amazonas, con el objetivo de tener una experiencia de desconexión y sanación por dentro y por fuera. Muy místico todo. El problema ha llegado cuando ha afirmado que tiene una enfermedad hepática, que le costará 60.000 euros curarse con medicina tradicional y que lo va a intentar allí con ayuda de plantas medicinales y kambó.

Este último es un compuesto procedente de una rana venenosa, muy usado en la medicina tradicional de algunas tribus del Amazonas. Tiene multitud de supuestos beneficios, desde su poder analgésico hasta su uso para curar infecciones y prevenir enfermedades. También se ha utilizado como vigorizante sexual, para provocar abortos y con fines rituales. De un modo similar a lo que ocurrió con la ayahuasca, su fama ha ido abriéndose paso por el mundo, hasta el punto de llegar a grandes núcleos urbanos de multitud de países. Incluso existen páginas webs en las que se promueve su utilización para tratar el alzhéimer, la depresión, las enfermedades cardiovasculares, la diabetes o la artritis, entre otras enfermedades. En el caso de Marina Yers, lo va a tomar sin salir del Amazonas, posiblemente con el apoyo de indígenas muy acostumbrados a su uso.

Pero tanto dentro como fuera del Amazonas, el kambó no deja de ser un compuesto muy peligroso, por el cual han muerto numerosas personas. Es cierto que contiene algunos ingredientes que pueden tener un poder farmacológico interesante. Pero para aprovecharlo habría que aislarlos y estudiar su efecto a diferentes dosis hasta dar con la mejor forma de usarlos de una manera controlada. Ya dejaría de ser kambó como tal. Y es que este compuesto, del modo que parece que lo va a usar Marina Yers, no tiene evidencia de  ninguna utilidad, pero sí muchos peligros demostrados.

Empecemos por el principio: ¿qué es el kambó?

El kambó, también conocido como vacuna de sapo, es un compuesto procedente de las secreciones de la rana mono gigante (Phyllomedusa bicolor), que ha sido usado tradicionalmente por varias tribus indígenas del Amazonas, especialmente los Katukinas y los Kaxinawás. 

Dado su uso, cada vez más extendido, ha llamado la atención tanto de científicos brasileños como de investigadores de otros países, que han logrado analizarlo y determinar cuáles son las sustancias que lo componen. Según un estudio publicado por científicos de dos centros de investigación de Sao Paulo, contiene péptidos como la dermorfina, la caeruleína o la deltorfina, que cuentan con propiedades analgésicas y provocan una intensa sensación de bienestar. La caeruleína también aumenta la liberación de secreciones digestivas, por lo que puede ayudar con las digestiones pesadas.

El kambó contiene péptidos que pueden provocar náuseas, vómitos, hipotensión arterial, enrojecimiento, palpitaciones, secreción biliar y angioedema

Ahora bien, en ese mismo estudio también se señala que el kambó contiene otros péptidos, como la filomedusina, la filoquinina, la sauvagina y la propia caeruleína que pueden provocar náuseas, vómitos, hipotensión arterial, enrojecimiento, palpitaciones, secreción biliar y angioedema. Por lo tanto, es cierto que tiene ingredientes beneficiosos, pero también cuenta con algunos que pueden provocar síntomas serios. Incluso un mismo ingrediente puede ser tanto positivo como negativo. Esto es común en farmacología, pero precisamente por eso se controlan las dosis y se realizan ensayos clínicos. Extraer las secreciones directamente de la rana no es ni mucho menos realizarlo de una forma controlada.

Sí que es cierto que tras muchos años de uso los indígenas del Amazonas saben usar el kambó con cierto control. De hecho, controlan más que en otros países a los que se ha extendido su uso. Pero, aun así, puede ser muy peligroso. 

La búsqueda de curación de Marina Yers en el Amazonas

Marina Yers anunció recientemente en su cuenta de Instagram que tiene un problema de hígado, por el que debe pagar 60.000 euros para curarse con medicina tradicional. Por eso, había decidido tratarse su enfermedad en el Amazonas a través del kambó. Después aseguró que se quedaría allí dos semanas más y que se trataría con plantas medicinales.

En ese último anuncio, en el que además desveló que haría una desconexión de las tecnologías, no especificó cuáles serían esas plantas ni volvió a hacer referencia al kambó. Quizás porque ya lo había dicho o puede que porque haya oído hablar sobre sus peligros. Después de lo del agua que deshidrata no sabemos por qué opción decantarnos.

Se han reportado muertes, daños hepático o perforaciones de esófago entre otros efectos del kambó

Pero, volviendo a sus peligros, no son para nada triviales. Existen numerosos casos documentados. Por ejemplo, en 2008 murió un hombre en Brasil, pero no fue en el Amazonas, sino en un núcleo urbano. Solo un año después murió otra persona en Chile. En 2017 se reportó el caso de un hombre polaco que no falleció, pero sí que sufrió serios daños en el hígado. Precisamente el órgano que Marina Yers quiere sanar. Y en 2020 se documentó el caso de otra persona que sufrió una perforación en el esófago.

Por lo tanto, los daños que puede causar el kambó son importantes. No debería considerarse una alternativa a la medicina tradicional, menos si vivimos en España, donde la inmensa mayoría de tratamientos los cubre la seguridad social. Con los datos disponibles no podemos saber por qué le piden esa suma tan alta a Marina Yers. Lo que sí sabemos es que un sapo del Amazonas no es la solución a sus problemas. A ninguno de ellos.