La icónica película El Cuervo, de Alex Proyas, tendrá un reboot. En esta ocasión, el encargado de brindar rostro al oscuro héroe de James O’Barr será Bill Skarsgard, bajo la dirección de Rupert Sanders. Por ahora se sabe poco del proyecto, más allá de que ignorará las secuelas y volverá a la historia de origen. El anuncio de la producción, largamente pospuesta y parte de la historia del Hollywood maldito, despertó de inmediato el interés de los fans. En especial, porque se trata de la reinvención de una de las películas más icónicas del cine de superhéroes fuera de las grandes franquicias. 

El Cuervo de Proyas lleva a cuestas el peso de una de las grandes tragedias de Hollywood. Durante su filmación, el actor Brandon Lee murió en medio de un confuso incidente, lo que llevó a la producción a la categoría de tenebroso mito fílmico. En especial, cuando el mundo del cine no pudo evitar recordar que el padre de Lee, el mítico Bruce Lee, murió en circunstancias parecidas. En medio de la controversia sobre los protocolos de seguridad en rodajes y teorías de la conspiración, la película se convirtió en un hito incómodo. 

Con su aire tétrico, un guion sólido y una dirección tenebrosa, la producción se convirtió de inmediato en un film de culto. En especial por la actuación emocional y sólida del malogrado Lee, que logró crear un complejo antihéroe con habilidad. No obstante, sus posteriores secuelas no estuvieron a altura de la inspirada versión original. Se convirtieron en la explotación torpe de un concepto mayor y más complejo. Te traemos una lista detallada de los intentos que hasta ahora se llevaron a cabo para traer la historia del héroe de vuelta. La mayoría curiosos fracasos argumentales de taquilla y homenajes torpes a una historia más profunda. 

El Cuervo: ciudad de ángeles (1996), de Tim Pope

Por extraño que parezca, la película es en realidad un reboot de la original del 1994. Sin que haya una explicación real acerca del motivo, MIRAMAX decidió retomar el proyecto y repetir casi cuadro a cuadro la película de Proyas. Se trató de una especie de curioso proyecto inacabado que además carecía de personalidad. La única diferencia con el film anterior es el motivo que desata la venganza. 

Mientras que en el de Proyas el motor central del argumento era el asesinato de una pareja de amantes, en el Pope es el de un padre y su hijo. Pero más allá de eso, la producción insistió en conservar incluso el soundtrack original, lo que hace que la premisa sea más confusa e innecesaria. Con el actor Vincent Pérez a la cabeza, el film tiene un aire artificial y poco acabado. ¿Un dato curioso? El elenco incluye a Iggy Pop en un papel sin sentido y caótico. 

El cuervo: salvación (2000), de Bharat Nalluri

De nuevo, la película tiene algo de reboot, aunque esencialmente podría considerarse una secuela. Finalmente, la trama avanza hacia lugares nuevos y aunque lo hace sin demasiada habilidad, al menos deja a atrás la estética del film original. Eso a pesar que el argumento regresa de nuevo al tropo de los amantes asesinados y el angel vengador en busca de venganza. 

Pero ya sea por su endeble guion o la incapacidad del director para brindar personalidad al film, la producción decae de inmediato. En específico, por sustituir el misterio velado de las anteriores por una trama complicada sobre corrupción policial. Una que además, tiene la particularidad de vincular casi por accidente a la trama sobrenatural con un torpe procedimental al uso. Esta vez, Alexander,“ Alex”, Frederick Corvis (Eric Mabius) deberá enfrentar el mal y las sombras. Pero el actor carece de la habilidad para crear un personaje creíble. 

The Crow: Wicked Prayer (2005), de Lance Mungia

En esta ocasión, la figura del Cuervo termina por convertirse en una mezcla poco efectiva entre leyendas y mitos dispares. Si antes la concepción general del vengador sombrío surgía de cierta idea de lo misterioso, ahora el guion se lo atribuye a creencias de nativos norteamericanos. Por supuesto, se trata de un golpe de efecto que traslada todo el peso del concepto sobre el enigma a una raíz sobre la fe y el poder espiritual. Un contrasentido con el tronco central de la saga entera. 

El trasfondo étnico cambia el contexto del personaje y de la inquietante pesadilla urbana, el film pasa a una especie de mirada al ostracismo cultural. No solo la premisa carece de objetivo y sentido de la identidad, sino que termina por combinar ideas desiguales sin la menor lógica. En esta ocasión, la víctima que regresa para buscar venganza es Edward Furlong que intenta pero no logra captar la densidad de su personaje.