A los deportistas de élite se atribuyen posibilidades que la mayoría de personas no podemos alcanzar. Fama. Éxito. Trascendencia. La posibilidad de quedar en la memoria de alguien. Estabilidad económica (hasta puntos inverosímiles). A las divisas deportivas se entrega, en no pocos casos, más tiempo que a muchos hábitos a través de la vida, además de un sentido de pertenencia comparable solo con el que se siente por el lugar de nacimiento. Tiempo de victoria: La dinastía de Los Lakers, la más reciente serie de HBO (disponible en HBO Max), se atreve a cuestionar ese universo. 

El deporte es un tema que en cine y televisión suele ser un satélite relacionado con el relato, sin ser el eje de la historia, o como un medio para contar hechos y hazañas en clave de moraleja y homenaje. Dentro de esas adaptaciones no abundan aquellas que exploran, con crudeza, los rincones de la condición humana; suelen ser versiones edulcoradas y entretenidas. ¿Cómo no hacerlo, si en ese proceso se puede contribuir a desmitificar a una figura o institución?

Es comprensible la inquietud. Ponerlos en duda es atreverse a cuestionar las ilusiones de los fanáticos. En años recientes, Moneyball (Bennett Miller, 2011) se sale del molde por su riqueza dramática, haciendo del juego una excusa para contar algo y no al revés, con Billy Beane como centro, incluyendo sus matices. No es la única producción en ese estilo. Mucho antes, The Natural (Barry Levinson, 1984), sin estar basada en hechos reales, también puede citarse como un film que funciona en distintos registros. 

En cuanto a series, el grueso de las producciones tiene un corte documental. Desde ESPN 30 for 30 hasta Untold, de Netflix, explorando hechos y personajes específicos. Es en este tipo de trabajos donde los matices del deporte de élite son abordados con mayor profundidad. Tener acceso a los protagonistas, material exclusivo, y contar con un formato que facilita el desarrollo de las historias sin estar sujeto a dos horas de película, contribuye a generar mejores experiencias.

Tiempo de victoria: La dinastía de Los Lakers (Winning Time: The Rise of the Lakers Dynasty) combina un poco de ambos mundos, ofreciendo un relato atravesado por la ficción en algunos tramos pero con una base documental sólida, un elenco potente y una historia que, en esencia, es poderosa y atractiva.

Más allá de la sonrisa
de Earvin "Magic" Johnson

Jerry Buss es uno de los principales responsables de que Los Angeles Lakers sea una de las franquicias más importantes en la historia de la NBA. Cuando se trata de showtime, el nombre del equipo surge de forma natural. En el plano deportivo, junto a un puñado de jugadores históricos, otros veteranos y el novato Earvin "Magic" Johnson, comenzó su época más gloriosa en cuanto a estilo y resultados. Por otro lado, movilizada por la ambición de Buss, se reformula la idea de espectáculo deportivo: aparecen los bares, las discotecas, y la primera fila del estadio se llena de celebridades. El baloncesto contemporáneo, como experiencia de entretenimiento, debe mucho a este equipo y a este proceso. 

Sin embargo, antes de tanto lujo y movimiento, se produjeron una serie de acontecimientos propios de la literatura de alto vuelo. Intereses encontrados. Disputas. Traiciones. Nuevos enfoques que no resultan claros. El azar. Los pulsos entre jugadores. En resumen, la enésima muestra de la condición humana, con todos los matices. Tiempo de victoria: La dinastía de Los Lakers cuenta detalles con un toque de humor, sarcasmo y un grado explícito útil a la narrativa: varios de los involucrados eran figuras tan particulares que representarlas de otra manera quizá no habría tenido sentido.

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Esta herramienta le permite a la serie de HBO Max, desarrollada desde la producción ejecutiva por Adam McKay, adaptar a través de ocho capítulos distintas historias. La de Jerry Buss, actuado por un notable John C. Reilly, como empresario. La del entrenador Jack McKinney o la de Kareem Abdul-Jabbar; también la de Magic Johnson, representado por Quincy Isaiah, la de Paul Westhead y, cómo no, la de Pat Riley, una de las figuras más importantes del juego contemporáneo, interpretado de forma magistral por Adrien Brody. En esos relatos se incluye a Spencer Haywood, actuado por otro de los actores históricos que tiene la producción, Wood Harris. Pocos casos en la NBA contemporánea son tan sorprendentes como el suyo.

Ninguno de estos personajes es visto con sutileza. Por el contrario, uno de los valores de la producción es poder representarlos de una forma cercana al espectador, como individuos que se equivocan, mienten, engañan, y sin embargo pueden reír ante las cámaras como tantas veces lo hizo Earvin "Magic" Johnson, hasta hacer de su sonrisa una de las más icónicas de la humanidad.

Tiempo de victoria: La dinastía de Los Lakers: una serie necesaria

Al ser una narrativa segmentada, basada en Showtime: Magic, Kareem, Riley, and the Los Angeles Lakers Dynasty of the 1980s de Jeff Pearlman, quizá alguien que no tenga idea sobre el deporte no la disfrute como otro que sí. Pero, por ser en esencia un drama en el que unos y otros intentan avanzar a la vez que se encuentran con distintos obstáculos, funciona más allá de ese factor.

Tiempo de victoria: La dinastía de Los Lakers, disponible desde este domingo 6 de marzo, ofrece un balance adecuado entre los hechos deportivos, como la rivalidad entre Larry Bird y Magic Johnson, o las tensiones personales del jefe, Jerry Buss. El relato juega de forma constante con referencias y guiños directos al espectador, bien sea por la escenografía, el montaje y la estética, con una textura áspera en la imagen y llena de luz, como Los Angeles, o porque los protagonistas rompen de manera frecuente la cuarta pared.

Dentro de un contexto en el que el grueso de las producciones deportivas reconocidas tienen un tono celebratorio y ejemplificador, Tiempo de victoria: La dinastía de Los Lakers se aleja de esa búsqueda. Ofrece una versión más próxima de lo que acontece dentro de una institución deportiva y los pulsos internos que se generan en un vestuario. No es una serie homenaje a Los Angeles Lakers, algo que se agradece porque esa condición sirve para comprender de mejor forma el impacto de esa franquicia dentro del juego: pasó casi todo lo que podía salir mal y, sin embargo, sus directivos, empleados, jugadores y cuerpo técnico, cambiaron la historia del juego.