Hay algo travieso, ingenioso y feliz en CODA: Los sonidos del silencio de la directora Sian Heder, disponible en Apple TV+. Algo que le ha permitido hacerse con el premio Oscar a mejor película en la accidentada gala de 2022. Especialmente cuando decide tomar una historia de crecimiento, superación y talento para narrar algo más singular al trasfondo. El film, remake del francés La Familia Bélier (2014) de Éric Lartigau, es como su versión original, un truco bien armado. Desde sus primeras escenas muestra lo que parece ser una película tributo al arte en estado puro. Hay una chica talentosa decidida a triunfar gracias a un maestro esforzado. Una gran familia amable y dulce. Y también la previsible línea argumental que lleva hacia el éxito temprano. 

Ese escenario ha sido narrado y desmenuzado en muchas formas distintas. Tantas como para que en sus primeros minutos CODA: Los sonidos del silencio parezca solo otra de tantas películas idénticas. Pero a medida que avanza la trama — y lo hace con inesperada rapidez — , el film toma otro cariz. Lo hace por medio de la percepción del talento como un puente hacia lo emocional. Y a la vez un recorrido a través de cada uno de los vínculos que nos unen y nos separan de quienes amamos. Es entonces cuando Heder reflexiona acerca de lo sensorial, lo íntimo y lo individual desde una óptica nueva.

Porque esta historia de una cantante con una voz radiante también es una mirada al trasfondo de la sensibilidad moderna. Cómo asumimos, analizamos y percibimos las diferencias. La forma en que contemplamos el mundo a través de los infinitos matices que crean espacios desconocidos. Después de todo, Rubi (Emilia Jones) es la hija de una familia de adultos sordos

Excepcional en lo doméstico y también, fuera de casa, el personaje debe lidiar con todo lo que compone su vida. Su necesidad de expresar su talento, proteger a los suyos de un mundo hostil y brillar en medio de tensiones. Al final, CODA: Los sonidos del silencio sorprende por su mirada caleidoscópica sobre la pasión, los sentimientos más complejos y el amor. En especial, el amor en una dinámica misteriosa y que la directora explora con pulso elegante.

La maravilla, la dulzura, la bondad en CODA: Los sonidos del silencio

Cuando La Famille Bélier se estrenó en 2014, se analizó si era pertinente usar actores con una real discapacidad en el elenco. La respuesta parece encontrarse en su remake en la que el elenco está formado por actores sordos. 

La película crea una virtuosa mirada sobre el asombro que puede provocar un mundo de sonidos, traducida en ideas sublimes y visualmente peculiares. Pero además, es una reflexión sobre lo que consideramos imprescindible y real. CODA: Los sonidos del silencio no muestra la discapacidad auditiva como una diferencia, sino como una forma de percepción nueva del mundo.

Lo crea a través del personaje de Rubí y a través del desafío de comunicación entre las aspiraciones del personaje y su familia. Ambas cosas se completan y alcanzan un nuevo nivel. Uno profundo, espléndido y amable que además engloba varias dimensiones sobre la identidad. CODA: Los sonidos del silencio explora el cómo convivir en la concepción de la familia como refugio, pero también la mirada a la independencia. También, al talento como un recorrido a través de la belleza. Un brillo sutil que procede de la emoción y se expresa como algo más amplio y radiante. 

Al final, CODA: Los sonidos del silencio encuentra sus mejores momentos en ese misterio que une a todas las familias. Ya sea con Rubí en el escenario o la hora de la cena, lo que nos une a los que amamos, es un enigma imposible de definir. Para su último tramo — lágrimas por medio — CODA: Los sonidos del silencio lo deja claro. Lo sublima, lo eleva y al final demuestra su valor total. 

Esta es una versión actualizada de un artículo publicado previamente en Hipertextual.