Cuando en el 2013 Ben Affleck fue escogido como el nuevo rostro debajo de la máscara de Batman hubo revuelo. No solo porque se trataba de la selección menos probable para el papel. La estrella de Hollywood era conocido mucho más por sus dotes como guionista y director que como actor. También se trató de una percepción directa sobre qué podría aportar Affleck a un personaje ambiguo y tenebroso.

Buena parte de los fanáticos se preguntaron en voz alta si el intérprete podría comprender la oscuridad interior del antihéroe de Gotham. Su precario equilibrio moral entre el bien y el mal y su durísima versión sobre la justicia entraban en juego.

Pero la actuación del actor sorprendió. De la mano de Zack Snyder, Affleck demostró que su versión de Batman — mucho más madura y densa que las anteriores — tenía mucho que dar. Eso, a pesar que comenzó como parte de un proyecto mayor, como lo fue la fallida Batman Vs Superman del 2016. A pesar de eso, la encarnación de Affleck del antihéroe no solo resultó ser una perspectiva brutal de la búsqueda de la justicia. A la vez, se trató de un acercamiento a un tipo de sombras interiores que delinearon una figura distinta bajo la máscara. 

Por supuesto, se trató de una evolución coherente desde el punto de vista de la trilogía de Christopher Nolan. Si el Batman de Christian Bale había sido una criatura redimida en medio de la violencia y en busca de la redención, el personaje de Snyder era brutal.

Ya no se trataba de un aliado de la ley. El Batman de Affleck fue una figura al margen. Un justiciero violento capaz de marcar la piel de los delincuentes y que incluso era temida por la policía de Gotham.

El hombre murciélago se hace cada vez más inquietante

Una percepción semejante llevó a preguntarse qué ocurriría con una futura encarnación del personaje. ¿Sería el próximo Batman una versión más despiadada y cercana a la venganza? ¿O retrocedería un escaño hacia la búsqueda de algo más profundo? Para cuando Matt Reeves anunció su proyecto de un Batman por completo distinto de nuevo hubo voces críticas.

¿Cuál era la evolución inmediata del Batman de Affleck, monumental y con mucho más matices de gris en su búsqueda de la justicia que cualquier otro? 

Causó sorpresa que Reeves decidiera intentar una fórmula distinta. Y en esta ocasión, fue contar la etapa de transición de un traumatizado Bruce Wayne hasta convertirse en su alter ego. Hasta, ahora, todos los Batman en la pantalla grande estaban enfocados en la plenitud del poder, las convicciones y los objetivos del antihéroe. Pero para Reeves, se trataba de una búsqueda de algo mucho más ambiguo y extraño. 

Cuando seleccionó al actor Robert Pattinson como el posible Batman, de nuevo la polémica llenó las discusiones entre fanáticos y crítica especializada. Pero a la vez, la selección de un actor joven conocido por su tendencia a personajes complejos, dejó clara las intenciones del director. El nuevo Batman sería por completo distinto a todos los anteriores. Uno, que además, reflejaría un nuevo tipo de conflicto que convertiría la venidera película en una especulación sobre la oscuridad del héroe. 

Un Batman para cada generación 

Más de una vez, se ha insistido que cada generación tiene un Batman que refleje las pulsiones de la moral de forma muy clara. Una idea que ha acompañado al personaje en su largo tránsito por el cómic y que ahora es parte esencial de su versión cinematográfica. Desde el inocente Batman de Adam West, hasta la fuerza perturbadora del interpretado por Christian Bale.

El héroe de Gotham ha demostrado que el recorrido moral del héroe es también el de la época que representa. Y el actual no es la excepción.

El Batman de Reeves es un eslabón entre dos edades. Mucho más joven que cualquier otra versión, también más violento y más cercano a la venganza, es un hombre roto. Uno que lleva el traje como una forma de ocultar el rencor y la violencia. O al menos, otorgarle un significado más allá de la agresión en estado puro. Basado de forma libre en el cómic Batman, ego de Darwyn Cooke, el personaje que emerge del relato aún se recupera de las heridas de un trauma mayor.

También, decidió que la única manera en que podía hacerlo era enfrentándose a su oscuridad y a la de otros. El resultado es un personaje anárquico, que no duda en propinar palizas a los delincuentes y más cercano a la expiación que al restablecimiento del orden legal.

También, es un hombre en busca de identidad. El Batman que encarna Robert Pattinson elabora su identidad a través del ensayo y el error. Más relacionado con sus dotes de detective que con su larga gama de aparatos tecnológicos, la nueva versión de Batman está en búsqueda de la verdad. Pero a decir de Matt Reeves, no solo lo que se esconde en la corrupción estructural de Gotham. También de la dualidad de su conducta, su objetivo al llevar un traje de vigilante sin nombre y la necesidad de la cordura. 

El Batman de una generación cínica 

Reeves, que ha repetido que su Batman se enfrentará no sólo a los villanos tradicionales de la saga sino a sí mismo, plantea un escenario interesante. Uno en que el Batman de Pattinson puede convertirse en un símbolo de toda una generación. Una que debe enfrentar sus propias preguntas sobre su comportamiento y su idea sobre la justicia. Este Batman joven e inexperto, realista y brutal, es la síntesis de varias concepciones sobre el miedo, el bien y el mal. A la vez, de la idea moderna sobre el tránsito de la ambigüedad de un nuevo tipo de superhéroe. 

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El nuevo Batman, golpea con los puños desnudos y lo hace por pura rabia. Es tan joven como para resultar desconcertante. Y de hecho, es un símbolo de poder, reconstruido para toda una nueva concepción sobre el mal. ¿Será el que refleje de forma más clara toda una nueva dimensión de los antihéroes en la actualidad? Solo queda esperar.