Cuando pensamos en un megalodón lo normal es imaginarlo como un gran tiburón blanco, cuyas fauces podrían tragarse de una sentada a un humano. Y eso, por supuesto, da muchísimo miedo. Ya que las pruebas que quedan de su existencia, como son sus dientes -tan grandes como una mano humana adulta- o sus vértebras, hablan de un animal colosal. Sin embargo, un nuevo estudio apunta a que en realidad no sabemos cómo era. Es decir, no podemos saber si se parecía más a un gran tiburón blanco o a otra de las especies de estos animales.

El megalodón (Carcharocles megalodon) se extinguió hace mucho tiempo, unos 3,6 millones de años. Lo que significa que, por suerte, no hemos compartido espacio con él. No obstante, eso no significa que no sea aterrador y que no llame la atención. De hecho, los restos fósiles que se han conservado, aunque escasos, dan mucho miedo. Y es que, tal y como señalan desde Science Alert, el megalodón es el tiburón más grande que ha nadado en nuestros mares.

Hasta ahora siempre hemos imaginado al megalodón como un gran tiburón blanco (Carcharodon carcharias) de enormes dimensiones. Esto no ha sido casualidad, ya que otros investigadores pensaron que podrían tener muchas similitudes. Sin embargo, ahora una nueva investigación publicada en la revista científica Historical Biology señala que no podemos asegurar cómo era el megalodón. Y mucho menos que fuera similar al tiburón blanco.

La morfología del megalodón, a debate

El megalodón es el tiburón más grande que ha nadado en nuestros mares

Otras investigaciones anteriores apuntaban a que, según las estimaciones fósiles, el megalodón medía entre 11 y 40 metros de longitud. Aunque la media se sitúa en torno a los 15 o 18 metros. Y, como decíamos, señalaban las posibles similitudes con el tiburón blanco. Y es que no podemos olvidarnos de que este tiburón es, en la actualidad, el rey de los depredadores del mar. Son muy feroces y nadan a grandes velocidades gracias a su sangre parcialmente caliente. Y justamente debido a que se cree que el megalodón también tenía la sangre parcialmente caliente es por lo que se ha asemejado la morfología de ambos.

Por desgracia, los tiburones, y por lo que hemos visto probablemente el megalodón también, son más de tejidos blandos. Es decir, tienen más cartílago que hueso. Esto dificulta que podamos confirmar que los tiburones blancos y los megalodones sean similares.

"La realidad es que actualmente no hay medios científicos para apoyar o refutar la exactitud de ninguna de las formas corporales del megalodón publicadas anteriormente", indican en el estudio el equipo de investigadores dirigido por el biólogo Phillip Sternes, de la Universidad de California Riverside. "El hecho de ser de sangre caliente no te hace un tiburón diferente", afirma Sternes.

Unsplash

El estudio concluye que no hay ningún patrón que distinga a los tiburones lamniformes

Y es que para saber si el megalodón podía parecerse más al gran tiburón blanco o a otros, decidieron examinar varios tiburones del orden de los Lamniformes (entre los que se encuentra el C. carcharias). Observaron a los tiburones de sangre fría de este orden y concluyeron que no había ningún patrón que distinga a los tiburones lamniformes. Para llegar a este resultado se basaron en una comparación de las cabezas, aletas, colas y cuerpos de cinco de estos tiburones de sangre fría. En definitiva, el megalodón podría parecerse a cualquier tiburón del orden de los Lamniformes; no solo al gran tiburón blanco.

"El estudio puede parecer un paso atrás en la ciencia, pero el continuo misterio hace que la paleontología, el estudio de la vida prehistórica, sea un campo científico fascinante y emocionante", dice el paleobiólogo Kenshu Shimada, de la Universidad de DePaul. "El hecho de que todavía no sepamos exactamente cómo era el megalodón hace que nuestra imaginación siga en marcha. Precisamente por eso la ciencia de la paleontología sigue siendo un campo académico apasionante. Seguiremos buscando más pistas en el registro fósil".

Por tanto, esto solo demuestra que es hora de buscar otras representaciones de los megalodones. No siempre tiene por qué ser un gran tiburón blanco, aunque así parezca mucho más aterrador. El miedo no tiene por qué tener su forma; por más que el mundo audiovisual ya nos lo haya vendido así.