¿Puede haber vida en Marte? ¿La hubo al menos en algún momento? Estas son dos preguntas que todos nos hemos hecho alguna vez, pero es muy difícil responderlas. Muchos de los rovers que se han enviado al planeta rojo en los últimos años han intentado encontrar pistas, pero la mayoría infructuosas. Ahora, uno de ellos, el Curiosity, ha encontrado firmas de carbono que podrían cuadrar con la existencia de vida en algún momento sobre el planeta rojo. Pero también con otras hipótesis, así que no nos emocionemos antes de tiempo. 

Según se explica en un estudio ahora publicado en PNAS, este hallazgo es el resultado del análisis de muestras recogidas por el rover en el cráter Gale de Marte desde agosto de 2012 hasta julio de 2021. Tras ese tiempo, el propio robot se ha encargado de realizar un análisis que podría demostrar que en algún momento el planeta rojo sucedió un ciclo del carbono en el que pudieron tener un papel importante los seres vivos.

Vamos a ver cuáles son esos indicios, pero no sin olvidar dos detalles importantes. Que el carbono puede estar ahí por otros motivos y, sobre todo, que la vida en Marte, incluso si existiera, no se trataría de hombrecillos verdes.

Lo que nos cuentan los isótopos de carbono

Un átomo tiene en su interior un núcleo, en el que se encuentran unas partículas llamadas protones, con carga negativa, y otras llamadas neutrones, que no tienen carga. Alrededor se encuentra la corteza en la que están los electrones, de carga negativa. 

Cuando hablamos del número atómico de un elemento, hacemos referencia al número de protones que hay en su núcleo. Ese valor es el que se usa para ordenar los elementos en la tabla periódica. Pero hay otro valor que se utiliza para identificar un átomo: el número másico. Este hace referencia al número de protones y neutrones del mismo. 

Los isótopos de un mismo elemento varían en el número de neutrones en su núcleo

Todos los átomos de un mismo elemento tendrán el mismo número atómico. No obstante, si varían en el número másico por tener una distinta cantidad de neutrones, estaremos hablando de isótopos de un mismo elemento. Por ejemplo, el número atómico del carbono es 6. Esto indica que tiene seis protones en su núcleo. El isótopo más abundante en la naturaleza es el carbono-12, con número másico 12, que tendrá 6 neutrones (6 protones+ 6 neutrones=12). Pero también están el carbono-13, con 7 neutrones, y el carbono-14, que tiene 8 neutrones y es muy conocido por usarse, por ejemplo, en la datación de fósiles.

Es importante tener estos conceptos claros, como también lo es saber qué es el ciclo de carbono. Este es el ciclo por el cual el carbono se intercambia constantemente entre todos los componentes de la superficie terrestre (agua, seres vivos, suelo…) y su atmósfera. En esto intervienen algunos procesos biológicos, como la fotosíntesis de las plantas o la fermentación realizada por algunos microorganismos. Y es algo que se puede analizar estudiando las mezclas de isótopos del carbono. 

Los isótopos más estables que se usan para analizar el ciclo del carbono son el carbono-12 y el carbono-13. El primero reacciona más rápido, por lo que es importante ver en qué proporción se encuentra cada uno para entender qué clase de reacciones se han dado.

Los interesantes hallazgos de Curiosity

Durante los 12 años que estuvo trabajando sobre el cráter Gale, el Curiosity recolectó un total de 24 muestras de polvo marciano. Después, el propio rover las calentó para separar compuestos químicos individuales; sacando a la luz, entre otros átomos, la presencia de isótopos de carbono-12 y carbono-13.

Curiosamente, encontraron que había muestras muy enriquecidas en carbono-13 y otras en las que apenas se detectaba su presencia. Esto indicaría que en el planeta rojo se han dado procesos no convencionales si los comparamos con los típicos del ciclo de carbono en la Tierra. ¿Pero qué indica eso? ¿Puede señalar que hay vida en Marte? No tan rápido.

Agujero de perforación de Curiosity en Marte. NASA

Vida en Marte y otras dos hipótesis

En un comunicado de la Universidad Estatal de Pensilvania, los autores del estudio señalan tres hipótesis que podrían explicar las firmas de carbono detectadas por Curiosity.

Por un lado, podría tratarse de una nube molecular de polvo galáctico. El Sistema Solar pasa a través de una de estas nubes aproximadamente cada 200 millones de años, generando un enfriamiento que provoca la acumulación de depósitos de carbono.

Una nube molecular de polvo galáctico o la transformación de dióxido de carbono por procesos abióticos son las otras dos hipótesis

Otra explicación sería la transformación de dióxido de carbono en compuestos orgánicos a través de procesos abióticos. Es decir, a través de procesos no relacionados con organismos vivos.

Y, finalmente, podría ser que se hubiese producido degradación de compuestos de carbono por la acción de luz ultravioleta o generación de metano a través de procesos biológicos mediados por microbios. En este caso sí que estaríamos hablando de vida en Marte. No obstante, los autores de esta investigación insisten en que cualquiera de las tres hipótesis podría ser y que para aceptar o descartar todas se necesita aún más investigación.

Según ha explicado uno de ellos, Christopher House, en el mismo comunicado, las muestras que apenas tenían carbono-13 se parecen a las tomadas en unos sedimentos de Australia de 2.700 millones de años de antigüedad. Se sabe que esas muestras “fueron causadas por la actividad biológica cuando el metano fue consumido por antiguas esteras microbianas”. No obstante,  “no podemos decir eso en Marte porque es un planeta que puede haberse formado a partir de materiales y procesos diferentes a los de la Tierra”.

Vamos, que hablar de vida en Marte solo con estos datos sería aventurarse muchísimo. Por eso, se espera que Curiosity siga trabajando en ello. De momento, se ha unido al rover Perseverance en su misión de enviar las muestras a la Tierra en vez de analizarlas in situ. Quizás así se consigan encontrar nuevas piezas para el rompecabezas. Mientras tanto, podemos hipotetizar, pero sin olvidar que no hay pruebas para afirmar nada tajantemente.