Varios de los paradigmas contemporáneos en cuanto a películas animadas dejan la sensación de que no son películas solo para niños. Aunque la etiqueta las acompañe, producciones como Intensa-Mente (Pete Docter, 2015) o Soul (Pete Docter Kemp Powers, 2020) pueden mover a los adultos desde distintos lugares. Son films que entretienen a los más pequeños y resuenan en áreas más profundas de los adultos. Mucho de eso no ocurre con Hotel Transilvania: Transformanía y eso no tiene por qué ser un problema.

Mientras producciones como las mencionadas tienen una profundidad filosófica que puede seducir a los adultos pero resultar incomprensible para los niños (no son responsables de que les falte alguna cosa por vivir), Hotel Transilvania: Transformanía no aspira a esto. El fondo de la película es corto. Sin embargo, el mensaje es claro. Teniendo en cuenta que ya es la cuarta entrega de esta franquicia, más allá del desgaste natural de algunos recursos, parece estar estable dentro de su universo.

¿Eso implica que es una película solo para niños? No. Los más grandes también pueden disfrutar porque la Hotel Transilvania: Transformanía no se desconecta del entretenimiento ni tampoco se olvida de dejar alguna moraleja. Su gran mérito es saber qué historia quiere contar y hacerlo de forma eficiente, a partir de la dirección de Jennifer Kluska y Derek Drymon, y el acompañamiento de Sony y Amazon Prime Video. 

Hotel Transilvania: Transformanía
y la encrucijada de Drácula

Drácula desea dejar de administrar el Hotel Transilvania. Para ello, espera legarlo a su hija y a su pareja. Uno de los monstruos de mayor tradición en el imaginario colectivo no quiere seguir ejerciendo su rol de gerente dentro de este universo. Pero tampoco se fía de ellos, en especial de Jonathan, para asumir la empresa. Eso lleva al vampiro más famoso del mundo a tomar una serie de decisiones que no solo complican la transición sino que, literalmente, lo transforman.

Debido a un error, Drácula pierde sus poderes y se transforma en un ser humano. A partir de ese momento comienza uno de los tramos más interesantes de la película porque el cambio físico también genera una evolución mental que lleva al personaje hacia otra estadio. Un recurso narrativo sutil pero útil, que contribuye a que la historia avanzo. Algo sencillo pero que no siempre se encuentra en las producciones. 

Ese desarrollo va de la mano con distintos momentos que no suelen verse dentro de las historias relacionadas con Drácula. Más allá de versiones como la que se presentó hace poco en Castlevania, la serie animada de Netflix en la que el personaje sufre distintas experiencias humanas a partir del desamor, en Hotel Transilvania: Transformanía ese acercamiento es mucho más cercano. Por esos detalles funciona. 

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Una reversión del mito de El Dorado

Hotel Transilvania: Transformanía tiene en Latinoamérica un tramo clave. Para resolver el desajuste que generó, Drácula debe viajar hasta el continente para buscar un cristal que le permitirá activar una herramienta. La región comienza a representarse con distintos estereotipos, desde el clima, el colorido de calles, el caos vehícular hasta la cercanía de su gente. El personaje se abre paso a través de todo ello para adentrarse en la selva. Entre tanta naturaleza virgen, como en las viejas historias relacionadas con El Dorado, se encuentra lo que Drácula desea

La película no funciona como un homenaje a Latinoamérica a través de ese recorrido, algo que podría atribuirse a Encanto (Byron Howard y Jared Bush, 2021), por ejemplo; pero hace un guiño a parte de la cultura y las características de la región sin desprenderse de la historia que quiere contar. Hotel Transilvania: Transformanía no es una película para desarmarse de la risa o conmoverse hasta nadar en lágrimas, incluso quizá no deje reflexiones profundas. Pero al tener claro qué quiere contar y hacia dónde desea ir, se convierte en un relato visual compacto, bien logrado y entretenido.