Aunque The Karate Kid (1984) parezca un referente pop del pasado, Cobra Kai se ha encargado de revivir esa franquicia. No es menor este detalle, si se tiene en cuenta que no suele ser el resultado final de las producciones que lo intentan. Revivir parte de aquella narrativa, refrescándose y ofreciendo perspectiva en relación con el futuro es uno de los triunfos del contenido de Netflix. Como si lo anterior fuera poco, puede que la recién estrenada cuarta temporada esté entre las mejores de la serie.

Lo curioso en ese recorrido es que, en no pocos casos, el espectador puede que se pregunte por qué sigo viendo esto. Cobra Kai no resulta espectacular, no tiene una escritura profunda, en ocasiones ni siquiera es entretenida, su acción puede parecer hiperbólica y aún así queremos seguir viendo qué ocurre con esos personajes. Esa sensación se explica desde las evocaciones que realiza la narrativa hasta la nostalgia que genera recordar momentos, e incluso los sonidos de una época. 

Cobra Kai actualiza distintos referentes de los 80-90 para presentarlos a una audiencia mucho más global. A su vez, los protagonistas Johnny Lawrence (William Zabka) y Daniel LaRusso (Ralph George Macchio Jr.) se encargan de sostener el hilo entre ese pasado que se clavó en la cultura pop y este presente, repleto de streaming y memes. A ellos se suma una producción que supo, hasta esta cuarta temporada, administrar guiños, referencias, relaciones y villanos de forma eficiente. ¿El resultado? Un producto cercano y entretenido al que se le permiten licencias porque no quiere ser más de lo que es. 

Cobra Kai y Johnny Lawrence: el éxito del fracaso

Buena parte de las cuatro temporadas de Cobra Kai está sobre los hombros de Johnny Lawrence. El relato se sostiene a partir de la redención que aspira este personaje. Su historia, posicionada y a su vez refrescada de forma constante a través de la serie, es uno de esos puentes con el espectador: lo natural suele ser empatizar con quien fracasa una y otra vez por ser mejor. Mientras Daniel LaRusso parece tener toda su vida armada, más allá de los desajustes derivados de sus acciones, Johnny Lawrence no.

En ese sentido, producción y guion toman al espectador de la mano para mostrarle cómo ese personaje avanza en su búsqueda particular. El detalle es que, en no pocos casos, Johnny Lawrence parece una suerte de Sísifo dentro de Cobra Kai: haga lo haga, la piedra siempre volverá a la base de la montaña para que él intente subirla y, ya cerca de la meta, caiga. Su historia va de un lugar a otro sin traicionar el relato establecido a través de The Karate Kid y sin limitar las potenciales que la serie de Netflix puede ofrecerle. 

Él es el mejor ejemplo del enfoque de Cobra Kai, una serie fiel a todo el imaginario preexistente y que a su vez incorpora nuevas narrativas y variantes sin que eso implique una distorsión de lo que desean plantear. Por el contrario, dentro de su universo, todo crece e incluso las conveniencias de guion (presentes en casi cualquier proyecto) se pueden perdonar: un entretenimiento ligero repleto de guiños a la nostalgia. Aún después de cuatro temporadas, funciona.

El as bajo la manga

Además de lo anterior, Cobra Kai resalta por otro aspecto clave: cada temporada ofrece un giro sorpresa. Puede ser un momento, una decisión o la presentación de un personaje que, dentro de la franquicia de películas, jugó un papel clave. En la cuarta temporada, la producción de Netflix quiso que ese personaje fuera Terry Silver, interpretado por Thomas Ian Griffith.

Cobra Kai se encarga de explicar el pasado de este personaje, aclarando su comportamiento, sin dejar de incorporarlo al relato actual. Mientras una parte de la historia pasa por Johnny Lawrence y Daniel LaRusso intentando hacer las paces para hacer mejores a sus alumnos, Terry Silver también mueve sus fichas desde el otro lado de la vereda. Mientras eso ocurre, los alumnos son quienes sufren las decisiones de los adultos, transformándose debido a ellas. Aunque la serie de Netflix no aspira a trascender como una crítica a los sadismo en el deporte y la manipulación que los padres hacen sobre los niños cuando empiezan a practicar alguna disciplina, es un buen ejemplo de los efectos que esas acciones tienen. 

La producción deja ese tipo de mensajes sin ser solemne, sin salirse de su tono, con un humor blando, en ocasiones absurdo, pero que se sustenta en la narrativa de las películas y en el relato particular que ha compuesto Cobra Kai. Algunas cuestiones resultan innecesarias o clichés, pero al no querer alejarse de ellas, incluso al propiciarlas, la serie se reconoce en ese relato, es fiel a sí misma, y eso termina por convencer a propios y extraños. ¿Cuándo llega la quinta temporada?