Es inevitable que cuando una tecnología se impone a otra, la primera acabe desapareciendo. En telefonía móvil, actualmente vivimos un periodo de transición. Las redes 4G son las más habituales, aunque todavía perviven las redes 3G y, poco a poco, se está implementado la siguiente generación, la 5G. Así pues, ¿qué ocurre con las tecnologías previas? El apagado de las redes 2G resulta inevitable y es algo que viene produciéndose desde hace tiempo. Pero también está en marcha, a cierta distancia, el apagado del 3G.

Si en el ámbito de la internet cableada, la fibra óptica va ganándole terreno al par de cobre, en telefonía móvil, se unen dos necesidades. El apagado de las redes 2G y 3G responden a la reducción de costes de mantenimiento en unas redes prácticamente en desuso. Y por otro lado, la necesidad de aprovechar el espectro radioeléctrico que dejarán las redes 2G y 3G tras su desaparición.

La implementación progresiva de la red 5G en España requiere pasar página de las redes 2G y 3G. En la actualidad, en la banda de 900 MHz conviven las redes 2G y 3G. Y en zonas rurales, se les une el 4G. En el futuro, debería quedar libre para el 5G. Por su parte, la banda de 800 MHz está dedicada al 4G. Y la banda de 700 MHz corresponde al 5G. Y en franjas posteriores se dan casos de convivencia como las bandas de 1,8 GHz y 2,1 GHz. En la primera conviven 2G, 4G y 5G. En la segunda, 3G, 4G y 5G. El abandono de 2G y 3G dejarán toda la frecuencia libre para el 5G.

Pero dejando a un lado anchos de banda, frecuencias y generaciones de telefonía móvil, la pregunta para el usuario es, ¿cómo nos afecta a los clientes de telefonía móvil el progresivo apagado del 2G y el 3G?

Abrid paso al 5G

En el verano de 2021, el Gobierno español subastó la banda de 700 MHz. El espectro radioeléctrico es de titularidad pública pero las empresas de telecomunicaciones pueden explotarlo para servicios como telefonía, televisión o acceso a internet. Como es habitual, el reparto fue entre los tres grandes grupos españoles con infraestructura propia: Movistar, Vodafone y Orange. Y durante 2022, se realizarán subastas para la banda de 26 GHz. A estas dos bandas hay que añadir la de 3’5 Ghz, que en sucesivas subastas ha ido a parar a Vodafone en su mayoría pero también a MásMóvil, Telefónica y Orange.

Pero para una tecnología tan ambiciosa como es la 5G, se impone liberar las bandas hoy ocupadas por 2G y 3G. Y que, en realidad, cada vez están cayendo más en desuso. En especial la 2G, que todos recordamos por el acrónimo GPRS. Y a cierta distancia el 3G, todavía en uso en determinadas zonas a las que no llega el 4G o que incluso se emplea en zonas con 4G para llamadas de voz, dejando el 4G para el transporte de datos de alta velocidad.

Países asiáticos como Japón, Taiwán, Singapur o Corea del Sur ya ejecutaron el apagado de sus redes 2G. En Australia se produjo en 2018. Y en México, Movistar apagó su red 2G en 2021. En Europea, la situación varía en función del país. Los primeros en abandonar 2G y 3G por parte de algunas operadoras han sido Suiza, Suecia y Noruega. Reino Unido, por ejemplo, depende del 2G para terminales de pago. Y los automóviles homologados en Europa que permiten la comunicación automática son servicios de emergencia, emplean las bandas de 2G y 3G. Esto debería ir cambiando. Volviendo a Reino Unido, a finales de 2018, el 85% del tráfico móvil ya empleaba exclusivamente redes 4G.

El apagado de 2G y 3G en España

A finales de 2016, los planes de los proveedores españoles y europeos de telecomunicaciones era finalizar el apagado de 3G en 2025 y de 2G en 2030. Primero el 3G porque se puede sustituir por las redes 4G, tanto en datos móviles como en llamadas, a través de la implementación de VoLTE o llamadas 4G, disponibles en España desde 2015.

Sin embargo, la tecnología 2G es más difícil de sustituir. En especial en aparatos que emplean conexiones M2M (máquina a máquina) a través de la red GSM, la que conocemos como 2G. Lamentablemente, está muy extendida en el ámbito industrial, por lo que su salto a tecnologías posteriores como 5G implica un desembolso económico considerable.

En los primeros meses de 2021, los planes siguen siendo los mismos. Movistar, por ejemplo, tiene pensado sustituir su red de par de cobre por fibra óptica al 100% para 2025. Año en el que también ejecutará el apagado de su red 3G. En cambio, Vodafone pretende apagar su red 3G en 2023 adelantándose a la competencia. Por lo demás, los planes de Orange van enfocados a abandonar el 2G en 2025 pero sin fecha fija para el 3G.

En la práctica, si echamos un vistazo a mapas como los que ofrece nPerf nos haremos una idea de la infraestructura de redes móviles de los principales proveedores españoles. Las redes 4G son las más extendidas junto a la cada vez más frecuente 5G. Las redes 3G permanecen en zonas menos pobladas. Por su parte, el 2G se limita a zonas muy concretas, que como vimos antes, corresponden a empresas industriales.

Credit: Andrea Piacquadio (Pexels)

¿Y esto a mí cómo me afecta?

Aunque hay margen, 2025 está a la vuelta de la esquina. En ese tiempo, deben producirse ciertos cambios de hábitos para que el apagado de 2G y 3G no nos afecte. En primer lugar, si utilizas tu teléfono inteligente para conectarte a internet, el apagado no te afecta, ya que para esta tarea empleamos las redes 4G y 5G.

Caso aparte son las llamadas de voz. Aunque llamar por internet a través de aplicaciones como WhatsApp es cada vez más frecuente, o realizar videollamadas, la llamada de voz sigue estando ahí. En especial porque la mayoría de proveedores ofrecen llamadas prácticamente ilimitadas a un módico precio. Pero como vimos antes, la llamada de voz suele emplear la red 3G en vez de la 4G. Para hacer esto último, las empresas de telefonía tendrán que activar por defecto el uso de VoLTE o llamadas 4G.

Los principales afectados del apagado del 3G son los teléfonos sencillos, aquellos de pequeño tamaño o con teclas grandes para la tercera edad. Estos teléfonos, que sólo sirven para llamadas y mensajes SMS, cuentan con antes 2G y 3G, por lo que cuando se produzca el apagado total dejarán de funcionar. Es de esperar que este tipo de dispositivos, que tienen un público objetivo, se adapten al 4G más pronto que tarde.

Por lo demás, el resto de dispositivos móviles para el gran público que actualmente emplean conectividad móvil son compatibles con 4G y/o 5G en menor medida. Hablamos de pulseras, relojes, wearables en general y otros aparatos. Es más, muchos de ellos ofrecen conectividades como Bluetooth o WiFi, por lo que no deberían verse afectados.