Rebrotes relacionados con la Covid-19, la nueva variante Ómicron, y las fiestas. No parece el mejor escenario para celebrar, aunque se puedan encontrar razones para hacerlo. En caso de permanecer en casa, Silent Night, el primer largometraje de la directora Camille Griffin, puede ser una opción interesante para acompañar parte de estos días. 

Como la mayoría de los film’s iniciales, hay mucho de aspiracional en Silent Night. La película dialoga con dos géneros que, en teoría, podrían parecer agua y aceite. La Navidad, el contexto en el que se desarrolla la producción, es el contexto de ese encuentro. Como apuesta resulta llamativa y bien vale el play. Aunque no resulte del todo un logro, a diferencia de las comedias románticas en las que abundan múltiples clichés o la comedia más estadounidense, llena de un humor vacuo. 

Desde ese punto se entiende, en parte, el interés de Camille Griffin por integrar géneros. Mientras la constante en estas fechas es la presentación de películas luminosas, ella apuesta por una estética más oscura, tenebrosa, incluso incómoda para el espectador acostumbrado a una Navidad serena. Por el contrario, la directora se va hacia el otro lado de las fechas.

El lado oscuro de la Navidad

A través de un elenco encabezado por Keira Knightley, Matthew Goode y Roman Griffin Davis, Camille Griffin se adentra en algunas de las tensiones de las fiestas; en especial, las relaciones entre personas que se conocen desde hace años y tienen algunas historias en común. Aunque esté lejos de la mítica escena de La gran belleza (Paolo Sonrrentino, 2013), donde los amigos se tiran verdades a la cara como profesionales de los dardos, hay algún intento en esa línea.

El ejemplo no sugiere que Silent Night sea un homenaje a La gran belleza. Sólo es una referencia para dimensionar las búsquedas de la directora: a más de uno le debe haber pasado eso de estar en un sitio donde no quiere aguardar o tener que soportar a personas que no desea atender. Aunque cuando se adentra en el misterio y el terror puede que no sea del todo convincente, el atrevimiento anterior puede derivar en más de una conversación luego de Navidad. Incluso en plan divertido, sin necesidad de tomar los cuchillos como armas: ¿no les pasó algo así…?

Silent Night y el peso de Roman Griffin Davis

Entre Silent Night y Jojo Rabbit (Taika Waititi, 2019) no hay muchas cosas en común, salvo por la sólida actuación de Roman Griffin Davis. Es extraño describir de esa manera el performance de un niño, teniendo en cuenta que falta aún mucho por descubrir. Sin embargo, la sensación es que Roman Griffin Davis se come la pantalla cada vez que aparece en escena.

Su rol protagónico lo ayuda. Pero no se trata solo de esto: aún siendo un niño, Roman Griffin Davis transmite emociones al espectador con facilidad, como si en vez de actuar se estuviera divirtiendo y quisiera que quien le mira lo hiciera con él. Aunque sus padres en teoría deberían cargar el film en sus espaldas, es el chico quien lo hace. Quienes se encantaron con su trabajo en Jojo Rabbit es probable que lo vuelvan a aplaudir acá, aunque sea una película distinta. 

Entre el atrevimiento de Camille Griffin y la presentación de Roman Griffin Davis se pueden hallar razones de peso para apostar por Silent Night en Navidad. No será un film memorable, pero sí uno que puede invitar hacia alguna reflexión o evocar recuerdos. Esos también sirven como acompañantes en las fiestas.