Drew Barrymore sostiene el teléfono y ríe. La cámara la observa ir y venir con una curiosa atención perversa que sobresalta, pero que a la vez resulta hipnótica. La ya clásica primera escena de Scream se convirtió en algo más que un ingenioso juego de espejos. Wes Craven demostró toda su maestría al momento de construir una visión sobre el gore y el slasher que revitalizó el género. Pero también hizo algo más con su breve escena: condensar el poder del miedo en una secuencia. La llamada mortal que el personaje de Barrymore contesta no es un punto de atención a la trama. Es una vuelta de tuerca a la mirada a lo terrorífico.

Wes Craven logró brindar una reescritura apropiada y tenebrosa al slasher, de capa caída y a punto de desaparecer. A la vez, reconstruyó todos los códigos y logró elaborar una percepción sobre un nuevo escenario para contar el miedo. Y aunque Scream es más un recorrido por cada punto esencial de lo que es el cine de terror es también una lección de ingenio. Craven, responsable de la franquicia "Pesadilla en Elm Street" elaboró un recorrido por cada lugar común posible. Lo hizo con la técnica traviesa y audaz de crear un recorrido por los mejores momentos de la historia del terror.

El resultado es una película de ruptura que conquistó a fans de todo el mundo y abrió la puerta a cientos de franquicias semejantes. Ninguna tan exitosa, tan peculiar en sus giros y construcción de un lenguaje pulcro como la original. Pocas tan brillantes para tomar el slasher en toda su gloria y llevarlo a un nivel sofisticado. Scream, que comenzó siendo un experimento de guion y terminó por ser un fenómeno taquillero de envergadura, es un punto de partida hacia algo más. Uno que permitió al cine de terror renovarse, hacerse preguntas nuevas y convertirse de nuevo en un fenómeno pop.

Con todo su aire escandaloso, exagerado y brutal Scream fue el comienzo de un recorrido hacia un tipo de terror irónico. Además de una reescritura de todos los tópicos del género, desgastados o desvirtuados por uso o por abuso. Para bien o para mal, Wes Craven devolvió el lustre a las historias en las que la sangre y un perverso sentido de la violencia lo es todo. Las estructuró y sublimó para una nueva generación. Al final, las sostuvo sobre algo más completo y consistente.

Érase una vez, una película en la que nadie confiaba


Scream o el manual de uso del asesino sangriento

Scream

Además de su icónica escena de apertura, Craven decidió que su slasher seguiría punto a punto el argumento base del género. De modo que su historia sigue a Sidney (Neve Campbell) y sus amigos adolescentes a través de una carrera por la muerte. También volvió a brindar contexto a la premisa en el habitual pueblo norteamericano genérico, Woodsboro.

Ambas decisiones, en especial, el modo en que Craven dotó de nuevo simbología a los elementos fundamentales del slasher, otorgan un aire renovado al film. Cuando los asesinatos comienzan a ocurrir, el director muestra lo mejor de su repertorio y lo lleva al siguiente nivel. El resultado es una base primaria para el género, pero también sus mejores puntos convertidos en pulcros tropos a seguir.

Claro está, Craven ya tenía una considerable experiencia en el tema con su éxito del '84 Pesadilla en Elm Street y sus secuelas. Pero Scream fue algo más. El guion funcionaba como un mecanismo de relojería que sostenía la usual e inverosímil historia del asesino entre nosotros. El director añadió una máscara siniestra y simbólica, un grupo de víctimas con las que los adolescentes de la época podían identificarse. Y uso todo tipo de referencias para narrar el mismo argumento de siempre, solo que en una versión más intuitiva y con múltiples capas.

Como sátira que es, Scream está en busca de un tono retorcido, grotesco y humorístico. Y lo logra al trasladar la simplicidad del slasher a las preguntas comunes y convertirlo en un punto extravagante. Sidney es virgen –no duda en explotar este hecho–, pero también es fuerte y está decidida a sobrevivir. Randy (Jamie Kennedy) es un fan de la cultura pop que ordena las piezas de lo que ocurre y construye al slasher desde dentro de la trama. El juego de espejos resulta travieso, pero también un experimento bien construido que Craven exalta con estupendas decisiones de edición.

Scream rindió homenaje no solo al género. También al aire espectral de Halloween, al festivo y cruel desorden de Viernes Trece. Incluso a películas menores, de las que incorporó tropos y giros conocidos con un lustre preciso. La mayoría de los elementos que hicieron famosa Scream son partes de películas más elaboradas. Incluso la icónica escena de apertura proviene directamente del clásico When A Stranger Calls (1979) de Fred Walton. No hay nada original en Scream. Pero Craven lo sabía, de modo que el peso es mostrar las posibilidades de un giro tramposo desde un ángulo novedoso.

Sin duda, Scream fue un hito difícil de repetir. De hecho, las películas que le siguieron y los slasher que llegaron a la pantalla gracias a su éxito son significamente inferiores. Sin embargo, Wes Craven logró lo impensable: que un género dado por muerto tuviera una asombrosa resurrección. Como si se tratara de uno de los habituales personajes enmascarados, Scream saltó por sorpresa y renovó un lenguaje por completo.