El grueso de las producciones de Netflix que tienen resonancia no suelen tener un fondo tan crítico como Una película de policías (Alonso Ruizpalacios, 2021). No se trata de que cada éxito de la plataforma deba ser una denuncia ante un problema. Pero cuando el servicio de streaming aparta su mirada de los relatos fantásticos o ficticios para dar espacios a otros basados en hechos reales, su prestigio crece. 

Esa no es la única forma de lograrlo, por supuesto. Mindhunter (David Fincher, 2017) y El Irlandés (Martin Scorsese, 2019) también cumplen ese efecto, por citar dos casos recientes venidos de géneros distintos. Son producciones compactas y, sin embargo, no tienen lo que Una película de policías sí: la voz de personajes reales, de historias que el espectador encontrará cercanas porque suceden a la vuelta de la esquina. 

Una película de policías se presenta como un documental y, a la vez, no lo es. Podría reconocerse como un trabajo testimonial, pero la polifonía de voces que se escuchan a través de una sola historia lo eleva hacia otro nivel. Se trata de una producción en la que se funden distintos géneros en favor del relato y el entretenimiento: aunque todo cuanto ocurre es penoso e incómodo, es difícil quitar la mirada de la pantalla.

Una película de policías: conociendo las entrañas de la policía de México

La producción de Netflix, apoyada en los actores Mónica del Carmen, como Teresa, y Raúl Briones, en el papel de Montoya, cuenta cómo dos policías comienzan sus carreras. A diferencia de los relatos de ficción, los actores sí formaron parte del sistema en algún momento. Si se tratara de periodismo, podría definirse como gonzo. Esto descubre una de las capas del relato: a medida que del Carmen y Briones avanzan en su formación, comparten distintos comentarios y reflexiones de una manera directa, a quema ropa. 

Se trata de dos personas ajenas a los intereses de quienes ingresan a la policía intentando conocer su mundo. A ellos se les ve desde un comienzo, en uno de los primeros trucos de dirección de Alonso Ruizpalacios. El director no los esconde, pero tampoco expone aclara de entrada si lo que ocurre es real o ficticio. Entre los saltos, el manejo de la cámara y la ruptura constante de la cuarta pared, la producción aspira a tomar al espectador y sentarlo en una sala de interrogación. Lo logra. 

Cuando quien observa se da cuenta, lo más probable es que ya se parte de la historia. En algún momento, habrá dudado sobre un policía, lo habrá ninguneado o sufrido algún abuso por parte del efectivo. Alonso Ruizpalacios y David Gaytán, en su rol de guionistas, no libran de culpas a los efectivos de seguridad y tampoco los libra de culpas. Es ahí cuando el tono documental emerge, exponiendo desde los malos manejos en la calle hasta las distintas circunstancias que condicionan la labor de la policía. 

Un documental con resonancia regional

La sensación con Una película de policías es que cuanto ocurre en ella no pasa solo en México. La precariedad, la corrupción, los abusos de poder, la inseguridad, entre otros tópicos tocados por el documental, no son patrimonio exclusivo de ese país. Por el contrario, parecen un mal desplegado por buena parte de la región. Alonso Ruizpalacios y David Gaytán cuentan una historia local con tantas aristas e importancia que resuena a escala continental.

Una de las preguntas más importantes que expone este documenta de Netflix es cómo debe ser la relación entre los ciudadanos y la policía. La respuesta parece obvia. Pero Una película de policías no admite respuestas simples. Dentro de contextos sociales complejos, en los que los Estados tienen pendientes con sus ciudadanos, la confianza entre unos y otros no se sostiene con simbolismos. 

En Una película de policías se pueden hallar múltiples emociones porque, pese a la dureza de la realidad, ella siempre permite alguna risa o romance. A diferencia de varios documentales de Netflix inspirados en historias traumáticas o grandilocuentes, en este se trata una que no necesita fama ni aditivos para impactar.