El estancamiento de Intel, incuestionable referente en lo que a procesadores se refiere durante los últimos años, sumado al auge de los chips ARM para ordenadores –una tendencia impulsada principalmente por Qualcomm y Apple– ha devuelto el dinamismo a un sector, el del PC, que llevaba más de un lustro sin recibir novedades importantes.

Una de las piezas más importantes en este proceso transitorio está siendo Apple. La empresa norteamericana no solo ha hecho un all-in con la arquitectura ARM; también ha sido capaz de maravillar a todo el mundo con sus primeros procesadores Apple Silicon para el Mac. Son tan buenos, de hecho, que los equipos con procesadores de Intel supuestamente equivalentes no tienen nada que hacer ante estos.

Pero el enfoque no me gustaría ponerlo en los vatios, las puntuaciones de Geekbench u otras pruebas sintéticas. El quid de la cuestión es que este adelantamiento por la derecha por parte de Apple ha dejado un panorama bastante curioso en la industria del semiconductor. Y tanto Qualcomm como Intel están involucrados.

La incertidumbre de cómo responder a Apple

En primer lugar, Intel tiene ante sí el vital reto de evolucionar su arquitectura lo suficiente como para ser competitiva no solo en potencia, sino también en eficiencia energética. El nuevo CEO de la compañía anunció un nuevo roadmap con el que intentarán recuperar la confianza no solo de los clientes, sino también de sus partners, que probablemente miren con algo de incertidumbre al futuro. El problema es que los frutos, suponiendo que la estrategia resulte acertada, no emergen de la noche a la mañana. Y el panorama, en cualquier caso, no es esperanzador en estos momentos.

En paralelo, un nuevo actor ha comenzado a tomar fuerza: Qualcomm. La compañía norteamericana fue una de las primeras en apostar por la arquitectura ARM en portátiles. Sin embargo, los resultados a lo largo de estos años han sido mixtos. Los equipos con estos SoCs tienen autonomías superiores a lo habitual, conectividad 4G / 5G integrada en muchos casos, pueden prescindir por completo de un ventilador y, por consiguiente, tienen chasis más delgados y livianos.

El problema está en el lado del rendimiento. Los SoCs de Qualcomm no solo no están a la altura de los Apple Silicon; también quedan por detrás de muchos chips de Intel. En Qualcomm, evidentemente, son conscientes de esta realidad. De hecho, a primeros de año anunciaron la compra de Nuvia, una empresa enfocada en chips ARM de alto rendimiento.

La raiz de esta situación, no obstante, no está solo en el hardware. A esta ecuación también debemos sumar la compatibilidad de las aplicaciones con esta nueva arquitectura. Windows 10 permite virtualizar apps escritas para chips de Intel, pero el rendimiento, evidentemente, se resiente. El catálogo de software compatible de forma nativa con la nueva arquitectura, por otra parte, es reducido, aunque Microsoft espera dinamizar esta transición con la llegada de Windows 11, que da la bienvenida, entre otras cosas, a ARM64EC.

La industria necesita a Qualcomm para poder competir con Apple

La validación por parte de Apple de la arquitectura ARM en ordenadores ha hecho que las miradas del resto del sector se dirijan rápidamente hacia ella. Más aún, teniendo en cuenta la situación de Intel. El problema es que nadie en el sector tiene en estos momentos una solución equiparable a la de Apple en rendimiento por vatio, por lo que toda la industria corre el riesgo de quedarse en fuera de juego a corto plazo.

La única compañía que podría evitar ese desenlace sin tener que esperar varios años es Qualcomm. Y, de tener éxito en esa labor, tendrían muchas papeletas para convertirse en la nueva Intel. Es decir: ser el proveedor predeterminado de todas aquellas marcas que no quieran o puedan desarrollar sus propios chips (HP, ASUS, MSI, Razer, etc.). Un mercado súper suculento que a cualquier compañía le gustaría tener de su lado.

No sería una sorpresa que a finales de noviembre, durante el Snapdragon Summit, conozcamos una nueva propuesta orientada en esta dirección. La industria necesita a una Qualcomm lo suficientemente fuerte como para competir con Apple; y Qualcomm, como es evidente, no querrá desperdiciar esa oportunidad.