Oh, blanca Navidad. Ese famoso villancico que todos hemos cantado alguna vez hace mención a la nieve que a menudo acompaña a estas fiestas en algunos puntos del planeta. Sin embargo, con la elección de las luces de Navidad nos hemos empeñado en hacerla blanca por narices, aunque la meteorología no quiera ponerse de nuestra parte. Puede parecer muy bonito, pero es un gran problema, pues la luz azul, de aspecto más blanquecino, es la que más contribuye a la contaminación lumínica.

Por eso, preocupa ver oasis de naturaleza en mitad de la ciudad, como el Jardín Botánico de Madrid o el Palmetum de Tenerife, en los que las luces de Navidad en tonos azulados irrumpen mucho antes de las fiestas, perturbando muy probablemente a la flora y la fauna que vive en ellos.

Para evitar todo esto no se trata de olvidarnos de las decoraciones navideñas. Ni tampoco de volver a las velas encendidas en abetos que aún siguen siendo tradición en países como Dinamarca, donde no es raro escuchar sirenas de bomberos corriendo por la ciudad porque un árbol se ha encendido más de la cuenta. Podemos seguir recurriendo a las bombillas, pero teniendo en cuenta los problemas que ocasionan. Recordando que no estamos solos. Que convivimos con un sinfín de animales y plantas a los que esa luz afecta gravemente. Es más, nosotros mismos nos vemos afectados por ella. Por eso, no está de más recordar cuáles son esos efectos perjudiciales y, de paso, buscar algunas maneras de evitarlos.

Adiós a los cielos oscuros

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El primer efecto perjudicial que nos viene a la mente cuando hablamos de contaminación lumínica es la pérdida de cielos oscuros. Esto afecta a las observaciones de los astrónomos, pero también al resto de la población, ya que nos impide disfrutar de la belleza del firmamento.

Ocurre con cualquier luz, pero especialmente con la luz azul. Esto se debe a que las ondas que la componen son más cortas y vibran más deprisa, de modo que chocan fácilmente con las partículas que se topan en la atmósfera. El resultado es una mayor dispersión y, con ella, ese resplandor que tanto daño hace a los cielos oscuros.

Afortunadamente, los observatorios astronómicos están lejos de las luces de Navidad. Y, en general, tenerlas cerca uno o dos meses no nos robará mucho tiempo de cielo al resto de la población. Podríamos considerarlo un problema poco grave (aunque lo es). Pero es que este no es el único efecto que tenemos que lamentar. La luz azul también es muy peligrosa para la salud de los seres vivos, tanto animales como plantas. Y sin olvidarnos, cómo no, de los propios seres humanos.

Los peligros de la luz azul para la salud de los animales

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Son muchos los animales que se pueden ver afectados por la contaminación lumínica, especialmente mediante la luz azul. 

Las razones son varias. Por un lado, en el caso de ciertos animales voladores, como las aves, pueden deslumbrarse durante el vuelo e ir a chocar contra edificios, torretas o cualquier otro obstáculo. Como ya hemos visto, la luz azul es la que más deslumbra. 

Insectos, aves, tortugas y mamíferos como las vacas son algunos de los animales afectados

Pero no solo se desorientan y se deslumbran. También hay estudios realizados en aves que señalan que los ejemplares cuyos nidos y lugares de cobijo se encuentran en zonas iluminadas con luz azul tienden a despertar más temprano y, por lo tanto, descansan menos, con todo lo que eso supone para su salud. 

Por otro lado, algunos animales que utilizan la Luna y las estrellas para orientarse pueden confundirse. Es el caso, por ejemplo, de las tortugas. Cuando las crías salen del huevo, deben volver al mar, para lo cual se guían precisamente por los astros del cielo. Sin embargo, si en dirección contraria tienen otras luces azules aún más brillantes pueden confundirse, dirigirse hacia la ciudad y acabar, como mínimo, perdidas. Y en el peor de los casos atropelladas.

Incluso se ha visto que la iluminación con LED blancos, con un mayor componente azul, suprime la producción de melatonina en vacas, afectando al desarrollo de las terneras lecheras. 

También los insectos se confunden y vuelan hacia las luminarias. Esto puede hacerles volar sin parar en torno a ellas hasta caer desfallecidos o morir achicharrados. Y, además, les mantiene lejos de donde deberían estar, por lo que no están accesibles, ni para polinizar las plantas de su zona ni como comida para los animales que se alimentan de ellos. Y esto, de nuevo, es especialmente grave con la luz azul. 

Existen numerosos estudios que afirman que la luz en longitudes de onda ubicadas entre los 400 y los 500 nanómetros es letal para insectos como los mosquitos, las moscas de la fruta o los escarabajos de la harina. Curiosamente, parece ser que la mortalidad dependerá también de en qué fase de su metamorfosis se encuentren. Por ejemplo, según un estudio publicado en 2018, los huevos se ven afectados a 405 nanómetros, las larvas entre 405 y 466  y las pupas a 466.

Además, los adultos se verán más o menos afectados según la densidad de fotones. Morirán más a 417 nm, con una densidad baja de fotones, y a 466 con densidades altas. Eso sí, este trabajo se realizó con moscas de la fruta, por lo que las longitudes de onda exactas no pueden extrapolarse a otras especies, como bien señala otro estudio que se había publicado previamente, en 2014.

La longitud de onda letal depende de la fase de metamorfosis

Estos estudios no ahondaban tanto en las causas como en las longitudes de onda más dañinas. No obstante, otro que se publicó en 2017, sí que señalaba dos factores como responsables. Por un lado, la pérdida de melanina en el exoesqueleto, que da lugar a larvas más pequeñas y retrasa la metamorfosis. Por otro, un deterioro de la función inmunitaria en insectos adultos. 

Todo esto se propone en algunos estudios como un método para combatir las plagas. Sin embargo, no podemos olvidar que los insectos son insectos, formen plagas o no, y que la luz azul, incluida la de las luces de Navidad, será dañina para todos.

También las plantas

Si los insectos no están en su lugar, no pueden polinizar. Esta es una de las formas en las que la luz azul afecta también a las plantas. Pero no es la única.

Por ejemplo, se ha observado que algunos árboles expuestos a mucha iluminación brotan antes, cuando quizás las temperaturas aún no son propicias para ello. Y también hay plantas, como el trébol Lotus pedunculatus, cuya floración se suprime por la exposición a iluminación artificial. 

Esto, además, conlleva nuevos efectos colaterales, pues si la planta no florece, los pulgones que se alimentan de ella también morirán.

La contaminación lumínica también afecta a los humanos

Los seres humanos también nos podemos ver muy afectados por la contaminación lumínica, especialmente por la luz azul. De hecho, esta nos puede afectar directamente dentro de nuestros hogares. 

Esto es así porque son las longitudes de onda correspondientes a la luz azul las que, como hemos visto también en vacas, suprimen la síntesis de melatonina. Esta es una hormona que contribuye al sueño, por lo que esta supresión afecta peligrosamente a nuestro descanso.

Por lo tanto, ya no hablamos solo de exteriores. Tener luces de Navidad azules en el lugar en el que vamos a ir a dormir no es una buena idea, pues no nos ayudará a alcanzar el sueño progresivamente.

¿Ocurriría todo esto con las luces de Navidad?

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Muchos de los efectos que hemos mencionado hasta ahora son el efecto de una exposición continuada a la luz azul.

Por ejemplo, también se sabe que afecta a la capacidad de las polillas para forrajear y colonizar nuevos lugares. Sin embargo, los estudios que han llegado a estas conclusiones se han realizado con un seguimiento durante décadas de estos insectos.

Algunos efectos necesitan que pase mucho tiempo, pero otros son instantáneos

Las luces de Navidad solo se mantienen encendidas durante un mes. O dos en algunos casos. Podríamos pensar que no son dañinas, pero lo son. Y es que el simple contacto con la luz azul sí que es peligroso para algunos insectos, especialmente para sus larvas. Además, todo lo concerniente al sueño y la confusión por deslumbramiento se puede generar también en mucho menos tiempo. Por eso es tan peligroso alumbrar lugares tan llenos de naturaleza como parques y jardines.

O cualquier punto de la ciudad, en realidad. La biodiversidad urbana es muy importante y este tipo de acciones derivadas de la contaminación lumínica suponen un gran peligro para ella.

¿Qué podemos hacer para evitar esta contaminación lumínica?

¿Significa esto que debemos tener unas fiestas oscuras, sin luces de Navidad? Ni mucho menos.

Simplemente, debemos aprender a celebrar sin perjudicar. Para ello, en primer lugar es importante prestar atención a la tonalidad de las luces. Cuanto más cálidas, mejor. La luz azul y las tonalidades frías en general son las que más dañinas resultan, tanto para el cielo como para los seres vivos.

En algunos puntos de España, como Andalucía, ya comienza a regularse el alumbrado navideño para evitar los efectos de la contaminación lumínica

Pero, además, es importante tenerlas encendidas el menor tiempo posible. Y eso es algo que, afortunadamente, ya se está teniendo en cuenta a la hora de legislar en algunos lugares. En Andalucía, por ejemplo, cuentan con un proyecto de decreto para regular la protección contra la contaminación lumínica, en cuyo borrador sometido a información pública se hace referencia a las luces de Navidad.

Concretamente, se señala que se debe apagar en horario nocturno, excepto en unos pocos días concretos, pactados por el ayuntamiento al que concierna. Además, se debe “minimizar el periodo de encendido que exceda de la franja comprendida entre el 22 de diciembre y el 6 de enero y, en ningún caso, se encenderá antes del 8 de diciembre”.

Este tipo de medidas se anteponen a la situación de otras ciudades de España en las que parece existir una competición interna por ver quién coloca más luces. Una competición que quizás alimente los egos de los combatientes, pero a un precio tan caro como la pérdida temporal del cielo y la salud de la flora, la fauna y sus propios ciudadanos. Es un precio demasiado caro solo por un poco de orgullo.