Es un tema que lleva pendiente muchos años y la realidad es que ninguna de las partes está muy convencida. Hay experiencias en Málaga, Sabadell o Tarragona. También en casos concretos de Madrid. Ahora, en Barcelona, los taxistas quieren apostar por algo que es común en otros sectores: cámaras de videovigilancia para mejorar la seguridad en los trayectos con clientes.

El taxi de Barcelona lo tiene claro: la inseguridad de las calles bien merece un sistema de vigilancia para el colectivo. Al menos para identificar a los agresores; algo que no suele ocurrir en los casos de robo o agresión. También en Málaga, donde el colectivo inició esta medida en 2017. En la capital, por su parte, los sistemas de vigilancia llevan en debate desde el Gobierno de Esperanza Aguirre –subvenciones por medio que terminaron en agua de borrajas–; ahora, en 2021, un acuerdo entre la Federación Profesional del Taxi de Madrid (FPTM) y Securitas vuelve a poner el tema sobre la mesa.

Ahora bien, ¿qué dice la normativa sobre el hecho de ser grabado en un taxi? ¿Qué se debería tener en cuenta? En pocas palabras, está permitida la instalación de un sistema de vigilancia en un taxi, pero con muchas condiciones. Y, por supuesto, la GDPR o Ley de la Protección de datos tiene mucho que decir en este caso.

Barcelona se queda sin cámaras de videovigilancia, de momento

"A la Generalitat no le gusta que pongamos cámaras de videovigilancia, al IMET (división del Área Metropolitana de Barcelona dedicada al taxi) tampoco le hace gracia, todo por un tema de intimidad", apunta Tito Álvarez a Hipertextual. Varios colectivos del taxi de Barcelona llevan semanas sentados buscando una solución al tema de las cámaras. "Pondremos las cámaras den su aprobación o no", sentenciaba el popular conductor en un chat de WhatsApp –muy en la línea del pulso que suele mantener el sector con la Administración-. Ahora, y tras varias reuniones con la Generalitat, el Ayuntamiento y los Mossos, la situación parece haberse relajado.

"Los Mossos apuntan a que siempre que se cumpla la regulación y protocolos, les parece muy bien sumar sistemas de seguridad", añade. Pero las intenciones del IMET parecen ir por otros derroteros. Antes que permitir la instalación de cámaras de videovigilancia en los taxis, el Área Metropolitana parece más interesada en mejorar otras opciones de seguridad. Entre ellas la de actualizar el sistema de llamada al 112 a través de un botón oculto y que, según el taxi, necesita una revisión con nuevos sistemas más actualizados.

También un mecanismo de SOS: el conductor solo tendrá que pulsar el botón de seguridad, dentro del vehículo no pasará nada, pero el resto de coches verán que está en una situación de emergencia. La capilla del coche (donde se puede ver la luz de libre y ocupado) cambiaría de color y activaría el letrero de SOS. La policía solo tendría que parar y comprobar la situación.

De momento esta opción es la más viable, pero para las cámaras de videovigilancia aún queda mucho trabajo por delante. "Habría que pasar por una comisión de videovigilancia y después que una empresa privada se encargase de la instalación", apunta Tito dejando desierta la idea de que fuese la propia administración la que se hiciese cargo del asunto.

No es muy diferente a un comercio cualquiera

Foto por Lexi Anderson en Unsplash

Según el taxi de Barcelona, si algún taxista pusiese cámaras por decisión propia el IMET terminaría sancionado el hecho. Para Samuel Parra, abogado experto en protección de datos, "esto no es muy diferente a poner una cámara en un local". Por lo que, de facto, el conductor podría ejercer su derecho siempre que cumpliese con la normativa.

No está permitido grabar con un móvil -en España esto supondría una violación de la intimidad del cliente–. Pero sí con un sistema de vigilancia siempre que el vehículo lleve el popular aviso amarillo–en un lugar visible– de que el cliente está siendo grabado. Si el pasajero entra en el coche se inicia un acuerdo tácito de aprobación de las condiciones.

En cualquier caso, "la pegatina identificadora debe cumplir con la normativa y llevar la información pertinente del sistema de vídeo", apunta Parra. También se deberán llevar los documentos reglamentarios y la normativa actualizada en caso de que el pasajero exija su revisión. Este sistema, en cualquier caso, es un camino de ida y vuelta: útil para el taxista, pero también para el pasajero. Este podría exigir la revisión de las imágenes en caso de necesidad o denuncia ante la policía y en la que las imágenes pudiesen ser útiles para la investigación.

¿Qué ocurre con el registro de las imágenes? La cuestión de la privacidad y la seguridad ha sido una de las máximas de la Generalitat a la hora de rechazar, por el momento, el uso de cámaras de videovigilancia. Pero la Agencia Española de Protección de Datos es muy clara en este sentido. Solo se podrán "revisar estas imágenes en caso de situaciones concretas de peligro dentro del vehículo" y solo con 20 segundos antes y después del suceso denunciado. Además, solo se podrán mantener los archivos durante un mes máximo bajo un sistema cifrado y protegido. De nuevo, se estaría jugando en el mismo terreno que en el caso de ser grabado en un comercio o restaurante. O, incluso, en vías públicas.

En caso de contratar los servicios de la una compañía de seguridad, las aprobaciones por parte de la gestión de la nube ya están autorizadas y revisadas, por lo que no habría ningún problema. Cuenta, además, con sistemas de almacenamiento y procesado automatizados. En caso de contar con un sistema de vídeo doméstico, Parra apunta a que prácticamente todos ya están asociados a una nube que permita gestionar las imágenes. En caso de irregularidad, "la responsabilidad es exclusiva del taxista". Si se hace un uso privado e irresponsables de las mismas, los cargos correrían de su cuenta.