Teniendo en cuenta que IFC Midnight es una de las compañías especializadas en el género de terror y que We Need to Do Something es la ópera prima del director Sean King O'Grady, las sensaciones son encontradas. Debido a la reputación del estudio y las primeras imágenes sobre la producción, había expectativa en relación con el producto final. Sin embargo, el resultado expuesto en el Festival Sitges 2021 no es convincente. 

We Need to Do Something es la historia de una familia disfuncional que se queda atrapada en el baño de la casa, luego de que un tornado arrasó con parte de la vivienda. Ese espacio basta para que la angustia y los problemas familiares produzcan distintos tipos de tensiones en el relato. Cuando las manifestaciones no son grupales, sí son individuales, revelando miedos y mostrando la transformación que sufren debido al encierro. 

Si bien Locke (Steven Knight, 2013) no es una película de terror, la película es uno de los paradigmas contemporáneos en relación con producciones desarrolladas en una sola locación. Sirve de referencia para resaltar el valor de los planos cerrados, en los que las miradas y las expresiones faciales logran “decir” al espectador. En el caso del terror, esos detalles son aún más valiosos. Basta pensar en Jack Nicholson y su actuación en El resplandor Stanley Kubrick (1980), para imaginar un par de escenas de forma natural. ¿Por qué se evocan estas películas? Muestran el manejo de cámara de la cual adolece We Need to Do Something.

We Need to Do Something: una idea interesante que falla en su ejecución

La película está basada en la novela homónima escrita por Max Booth III, un autor especializado en terror. A juzgar por la adaptación, tanto la obra literaria como la película beben de referentes dentro del género como Stephen King. Si no lo hacen de forma directa, al menos es posible rastrear alguna influencia. El reparto está conformado por Sierra McCormick (Melissa), Vinessa Shaw (Diane), Pat Healy (Robert), John James Cronin (Bobby), Lisette Alexis (Amy) y la voz de Ozzy Osbourne (Good Boy). Aunque la participación de Osbourne es puntual, hay un homenajes al músico en el trayecto, contribuyendo a dimensionar la transformación de uno de los personajes.

We Need to Do Something no busca apoyarse en artificios para generar miedo sino que procura que la naturaleza humana y un par de conflictos sean los suficiente para angustiar al espectador. A simple vista, la idea es válida. Sin embargo, al momento de ejecutarla, tanto el guion como la dirección resultan débiles. Los diálogos no favorecen la construcción de la atmósfera y los nudos tampoco resultan ingeniosos o, al menos, sorpresivos. Entonces, todo el potencial de la idea se va debilitando a través del film.

Tampoco ayudan los efectos especiales en la realización de las escenas gore, algo que resta peso e impacto a los puntos más álgidos de la película. Esa falta de sentido hace que el abordaje sea más complejo para el espectador, a quien se le presenta una película psicológica en un principio y luego termina nadando en chorros de sangre que no están justificados de buena manera, en la mayoría de los casos. El resultado es que We Need to Do Something resulta predecible, más allá de una idea inicial atractiva.