Cazador contra cazador, de Shawn Linden, intenta redefinir el habitual tropo de un hombre solitario que debe luchar por la supervivencia. Lo hace, además, con un recorrido por lo que, en apariencia, es un interés concreto por el horror de lo brutal. Pero la combinación entre ambas cosas no es capaz de sostener un argumento con una serie de lugares comunes predecibles. De hecho, el film parece tener verdaderas dificultades para hacer algo más que elaborar un discurso sobre la violencia descarnada. Con un ritmo torpe, la premisa es incapaz de unir los escasos hilos de información que brinda para narrar una historia relevante.

Quizás, lo más incómodo en Cazador contra cazador sea su recorrido lineal por un argumento que pudo ser más denso. De hecho, hay momentos en que Linden parece encontrar el punto exacto en que la tensión resulta parte de una narración dolorosa. Pero se trata de un pulso contra un paisaje desordenado de piezas de información que nunca terminan por encajar.

La película es una colección amplia de fragmentos de ideas mayores o más elaboradas. Tanto como para que la historia vaya de un lado a otro sin lograr algo más que una versión general de una narración en subtexto. Una y otra vez, el film falla al intentar mostrar una perspectiva convincente sobre su núcleo central. O incluso en algo tan sencillo como ser creíble en medio de la eventualidad del terror.

Por supuesto, la imagen del hombre aislado (en esta ocasión, con esposa e hija) y enfrentado a una situación terrorífica puede abordarse desde el horror. De hecho, Shawn Linden lo hace y varios de los mejores momentos de la película están relacionados directamente con la batalla contra lo salvaje. Pero el guion no tiene la suficiente potencia para ser algo más que un desfile de horrores gráficos. Eso, a pesar de su final impactante y el hecho que, para sus escenas finales, la película intenta encontrar un sentido al absurdo que plantea.

Pero Linden, por falta de habilidad o porque la historia no es capaz de abarcar toda las líneas argumentales que propone, no narra una idea sustanciosa. Una más allá de la percepción del hombre en lucha contra una circunstancia que le desborda y amenaza con destruirle. Cazador contra cazador no tiene la audacia para llevar la premisa a un terreno más inquietante. O recurrir a algo más que a una mirada directa sobre la crudeza. Como si tuviera recursos limitados para narrar, el film termina por ser una colección de escenas sangrientas sin el menor peso.

'Cazador contra cazador': en medio del silencio del bosque y la sangre derramada

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Joe Mersault (Devon Sawa) es un cazador aislado y, en apariencia, decidido a mantener distancia del mundo que le rodea. Tanto como sea complicado ubicar de manera temporal o geográfica a su personaje y entorno. Su esposa Anne (Camille Sullivan) y Renée (Summer H. Howell) son parte de ese submundo unidimensional. Para Shawn Linden, es de enorme importancia conjeturar la nebulosa versión sobre el contexto de su personaje.

Durante sus primeras secuencias, el director dedica una considerable cantidad de tiempo a mostrar la vida de los Mersault. La cámara recorre con ojo crítico la soledad de los personajes y su desconexión con la vida corriente. Muestra también la condición de lo humano enfrentado a lo salvaje. Joe es el centro de una premisa que basa su efectividad en qué tan creíble pueda ser la habilidad del personaje para sobrevivir. Pero, además de eso, es una mirada que pretende ser astuta sobre lo que se esconde en la violencia como lenguaje visual. O que intenta serlo, en todo caso.

Pero Shawn Linden no logra que el recorrido por los bosques de su cazador o la reclusión de su familia tenga un motivo concreto para suceder. Mucho menos, cuando el centro del argumento se muestra de manera confusa. El Joe de Devon Sawa, que hasta entonces había convivido en cierta paz relativa, debe enfrentar una amenaza sin nombre. ¿Cual? Linden no lo aclara. De hecho, basa la conexión entre el instinto de Joe para la supervivencia y descubrir la eventualidad en una misma idea. Como si Joe fuera, además de un cazador, un depredador instintivo, la película plantea cierto fundamento sobre lo salvaje en estado puro.

La idea podría funcionar con mayor habilidad. Buena parte del film tiene un aire desordenado y poco concreto que evade cierta estructura lineal. Y, hasta cierto punto, esa decisión podría haber favorecido la elección de Linden de mostrar la violencia sin disimulo. Entre las entrañas de los animales cazados, los silencios interminables y el eventual peligro al cual enfrentar, los personajes tendrán que encontrar un punto de equilibrio.

Y quizá la película habría sido mucho más relevante y potente si ese centro pudiera tener un sentido real sobre la amenaza. Pero Shawn Linden, en una decisión incomprensible, plantea que el Joe de Devon Sawa y su familia se enfrentarán a no tardar a lo desconocido. Eso, a pesar de que prácticamente todo el argumento transcurre en medio de un aislamiento insular que se plantea desde lo invisible. ¿Qué es lo que acecha entonces a los Mersault?

El enfrentamiento con un eventual peligro es, de hecho, un punto borroso en el guion. Aunque el planteamiento tiene mucho de misterio en paralelo —¿se trata de una criatura?, ¿de un asesino?— no se condensa del todo en un motivo creíble. Para su segundo y lento tramo, la película perdió su poder para sorprender.

'Cazador contra cazador': la sorpresa inmediata y la insatisfacción

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Las últimas escenas de Cazador contra cazador son, tal vez, el punto más depurado de la premisa de Shawn Linden. Y, sin duda, su final es parte de cierto sentido de la controversia que el director trató de imprimir a la película. Pero nada de eso es suficiente en medio de la serie de desatinos que se interconectan en un punto invisible. Para cuando Linden descubre finalmente el punto más relevante de su película —y le lleva esfuerzo—, el interés general por la historia desapareció.

¿Pudo Linden construir una narración más efectiva de haber tomado decisiones menos efectistas? La apoteosis de una conclusión gráfica e incómoda sugiere que sí. Pero más allá de eso, Cazador contra cazador no logra ser otra cosa que una épica fallida sobre lo salvaje contra lo humano. Un tema que tampoco logra mostrar en toda su dureza a pesar de sus esfuerzos.