Puede que se esté viviendo una de las épocas más interesantes para mirar ciencia ficción. Al desarrollo tecnológico, ese que permite recrear de forma efectiva cuestiones que antes no, se suman imaginarios diversos y plataformas varias para agruparlas o difundir. El volumen de producciones invita a pensar que no solo hay un público interesado sino que hay una suerte de necesidad en ese sector, como si reclamara cada vez más historias y adaptaciones. Ese es parte del contexto en el que llega la segunda temporada de Otra vida (Another Life), en Netflix.

Otra vida es una serie creada por Aaron Martin, quien también dirige varios de los capítulos. Se trata de un relato en el que los seres humanos viajan al espacio para hacer frente a una amenaza. Para ello, Niko Breckinridge, interpretada por Katee Sackhoff, es la comandante de una tripulación que buscará respuestas sobre una manifestación alienígena en la tierra. A partir de este argumento se entrelazan distintas relaciones y, claro, tensiones dentro de la tripulación y fuera de ello. Eso hace pensar que la serie derivará en un drama, pero eso ocurre. 

A medida que evoluciona el relato, sus protagonistas se ven forzados a tomar una serie de decisiones que influyen en el viaje, aunque esto tampoco se logra de forma efectiva. Las líneas del guion fallan en ese sentido, con fraseos obvios y que, en ocasiones, restan condimentos a la narración. Aunque Otra vida pareciera querer beber de producciones contemporáneas como Interestelar (Christopher Nolan, 2014) o Gravity (Alfonso Cuarón, 2013), entremezcla tantos factores que su objetivo se diluye y produce confusión en el espectador. 

Otra vida y algunas referencias

Al intentar aproximarse a producciones como las mencionadas, Another Life se posiciona a sí misma en un escalón que no le corresponde y que, incluso, no tiene por qué ocupar. Esas producciones están ahí para nutrir los imaginarios de unos y otros. Pero no quiere decir que sean las únicas formas de tratar las historias espaciales Al ser films reconocidos, las posibles comparaciones resultan probables. Entonces, si ese tipo de historias van a influir en el relato, se le mirará a través de ese espejo. 

En esa dinámica, Otra vida sale bastante perjudicada. Aunque lo intenta, no termina de concretar ni su apuesta estética ni las tensiones de la historia. Por el contrario, a veces quiere abarcar tantas cuestiones que la trama se enreda, pareciendo más una telenovela antes que un relato de ciencia ficción de Netflix. Si bien la mayoría de producciones tiene baches y debilidades, en el cómputo total estas terminan condicionando en demasía la experiencia de Another Life.

Lo inquietante es que los pendientes mencionados se sostienen desde la primera temporada. A esto hay que sumar que casi todo el peso de la narración lo lleva su protagonista, Niko Breckinridge, condicionante las historias alternas a ella. Entonces, más allá de una serie de acontecimientos, el relato no parece evolucionar hacia ningún sentido más claro sino todo lo contrario. Eso resulta inquietante si se piensa en una posible tercera temporada.