Puede que la imagen de Jake Gyllenhaal evoque emociones relacionadas con la comedia. Su paso por Marvel, interpretando a Mysterio en Spider-Man: lejos de casa (Jon Watts, 2019), quizá afianzó esa imagen asociada a roles divertidos y sin demasiado fondo emocional. Como si Southpaw (Antoine Fuqua, 2015) o Prisoners (Denis Villeneuve, 2013) no mostraran otras potencialidades. Esas que el actor explota en Culpable (The Guilty), la más reciente película de Netflix

Jake Gyllenhaal interpreta a un policía llamado Joe. Como consecuencia de sus decisiones, está en una suerte de departamento de aislamiento y ahora, en vez de estar en la calle persiguiendo delincuentes o investigando casos, atiende llamadas dirigidas al 911. Esa breve sinopsis basta para que Antoine Fuqua, director, y Nic Pizzolatto, el guionista, construyan una producción dinámica y, en algún punto, asfixiante: a ninguno le gustaría estar en un call center en la situación que atraviesa Joe. 

Su interpretación genera integra, interés, preocupación y, en no pocos momentos, una especie de sensación de claustrofobia, como si el televidente no fuera tal sino alguien que se encuentra al lado de Joe y no entiende qué ocurre, mientras él pierde los nervios de forma progresiva. Esa cuestión, junto con los hechos que se describen a través de las llamadas, componen un film psicológico y policial que atrapa desde el primer momento

Culpable, la angustia no saber qué pasa

Aunque todo parece centrarse en el personaje de Jake Gyllenhaal, hay una serie de relatos paralelos y guiños hacia distintos temas que potencian la historia que cuenta Culpable. Desde la salud mental hasta los abusos policiales, ambos temas clave en Estados Unidos durante los últimos años y, a escala global, también (al menos todo cuanto se relaciona con la salud mental). 

Para explotarlos, Joe es el guía a través de las llamadas que atiende. Una de ellas es la de Emily Lighton, interpretada por Riley Keough, quien parece estar sufriendo un secuestro. A partir de esa llamada se desencadena una búsqueda que lleva a Joe a intentar resolver el caso moviendo todos los recursos a disposición. ¿Cuál es el detalle? No son demasiados y su reputación está sucia. Joe lidia tanto con sus fantasmas personales como con los profesionales, esos que influyen en su intento de resolver la situación. 

Entre llamadas, diálogos precisos y silencios, la tensión va en ascenso de forma sostenida en Culpable. El trabajo con las cámaras, propiciando juegos de proximidad y contando a través de ellas, colabora con cuanto ocurre en el relato. Eso propicia que las atmósferas puedan ser más perceptibles y el ritmo se sienta trepidante. En ese sentido, se detectan posibles influencias de Locke (Steven Knight, 2013), la película en la que Tom Hardy ve cambiar su vida sin salir de un auto.

Por ese factor, no salir de una locación específica (salvo en contadas recreaciones), Culpable evoca a la película menciona con Jake Gyllenhaal, el único protagonista del que se tiene rostro, destacando y alternando entre la ira, la preocupación, el desespero y otra serie de emociones. 

El rol de Nic Pizzolatto

Desde True Detective (HBO, 2014-2019), Nic Pizzolatto emergió como uno de los autores de tramas policiales más eficientes de la actualidad. A diferencia de sus relatos televisivos, en Culpable está limitado a una duración de poco más de una hora y media. La pregunta sobre la mesa era clara: ¿cómo manejaría el tiempo, la limitante del formato? Lo ha hecho de forma notable. 

Su trabajo a través de las tres temporadas de True Detective lo mostró como un guionista capaz de construir tramas complejas pero abordables. Sus relatos, antes que repeler al espectador con rarezas o sinsentidos, propician la curiosidad y el interés. Quizá de eso último habría que extraer la segunda temporada de la serie, bastante cuestionada. Sin embargo, en la primera y la tercera, la conexión entre historias y hechos funciona. Mucho de eso también se encuentra en Culpable

Aunque en un principio no se tenga mucho detalle sobre lo que ocurre, el relato va sugiriendo lo necesario hasta llegar a los nudos y el desenlace sin resultar evidente. Eso hace de Culpable un film inteligente, en la que el espectador no sólo debe observar sino también participar, haciéndose preguntas y leyendo cuando se dice a través de los ángulos de las cámaras y las expresiones de Jake Gyllenhaal. Esa diversidad de estímulos son los que captan la atención e invitan a la reflexión sobre los temas mencionados. 

¿Una recomendación? No verla antes de dormir. La carga de estrés quizá complique el sueño posterior, más allá de que la película también ofrece tramos conmovedores. Algo más: a ser posible, a menos que el día a día dependa de ello, tampoco parece conveniente trabajar en un call center