Cuatro años antes de que el Ultimate Fighting Championship (UFC) se instalara como el torneo de referencia de las Artes Marciales Mixtas (MMA, por sus siglas en inglés), el director y guionista Gavin O'Connor desarrolló Warrior (2011). La película se estrenó en el año 2011, cuando el torneo no tenía el prestigio del que goza en la actualidad. Puede que esa descoordinación entre estreno y explosión contextual del deporte hiciera que Warrior no trascendiera más allá de un público de culto, aunque sea una película muy buena con Tom Hardy brillando. 

Este 9 de septiembre de 2021 se cumplirán diez años de su estreno. Entre ese momento inicial y la actualidad, la diferencia no puede ser mayor. Las Artes Marciales Mixtas es una disciplina mainstream que atrae a propios y extraños. Se practica en distintos espacios y se consume a través de varios más. Incluso, después del parón deportivo debido a la pandemia por la COVID-19, fue uno de los primeros deportes en ofrecer espectáculos. De ellos, el más famoso es UFC. En ese torneo, de acuerdo con el periodista especializado Ennio Fereira, nació la leyenda de Conor McGregor. Con él estalló el boom de esa disciplina sobre la que se basa Warrior.

Sin embargo, pese a su calidad, la película pasó desapercibida en los principales premios salvo. A excepción de uno de sus actores, Nick Nolte. Su actuación le representó distintas nominaciones, aunque sólo se llevó el de la Sociedad de Críticos. Nolte encarnó, a su manera, a todo el reparto que dio sentido a la producción. Incluso los peleadores profesionales incorporados cumplieron dentro de la trama, más allá de que tuvieran poco o nulo conocimiento sobre actuación. Uno de los logros de Warrior es que, sin necesidad de ser una película documental, todo en ella parece real. 

Warrior, antes del boom MMA

Gavin O'Connor, recordado por Miracle (2004), desarrolló, junto con Cliff Dorfman y Anthony Tambakis, un guión entretenido, emotivo y que, a su manera, rinde homenaje a viejas figuras de las Artes Marciales Mixtas y algún otro deporte de combate fuera del radar tradicional. Dentro de ella se encuentran atletas como Kurt Angle y Nate Marquardt, íconos y deportistas competitivos en distintas modalidades. Más allá de que esto pueda resultar atractivo para el público conocer, aporta un grado de verosimilitud que no todas las películas inspiradas en deportes suelen manejar de buena manera. 

En Warrior se compaginan atletas con un puñado de actores notables, encabezados por el mencionado Nolte, Tom Hardy, Joel Edgerton y Jennifer Morrison. Hardy, quizá el más reconocido dentro de los citados por el gran público, ya había hecho Bronson (2008) e Inception (2010), quizá las producciones más taquilleras en esa etapa de su carrera. Dentro de esa gama de films, Warrior se presenta como una película violenta sin llegar a ser una producción de acción. Es válido sospechar que su rol como una figura capaz de manejarse en distintos registros nació en Band of Brothers (2001) y se confirmó a través de Warrior, diez años después.

El film se estrenó durante un momento en el que la disciplina era underground. Para el cambio, hay que estar en el año 2015, cuatro años después de Warrior

Quienes se encantaron con su interpretación de Bane y no vieron Warrior encontrarán a un personaje aún más violento y agresivo. Tom Hardy interpreta a alguien repleto de tanto odio que en algún momento explota. Por su parte, Joel Edgerton le aguanta el pulso desde la otra acera. Mientras uno está desencantado el otro no puede ser más noble. Ambos sirven de vehículos para explorar temas como los trastornos deportivos, las depresiones de los veteranos de guerra, así como las familias disfuncionales. 

El film se estrenó durante un momento en el que la disciplina era underground. Para ubicarnos en el momento que cambia lo anterior, hay que estar en el año 2015, cuatro años después de Warrior. La pelea entre Jose Aldo y Conor McGregor a finales de ese año lo cambió todo, de acuerdo con el especialista Ennio Fereira, director del espacio de información Somos MMA. El deporte se fue masificando y los pay per view volviéndose aún más llamativos para la gente, hasta llegar a acumular más de dos millones de compras.

A esto se suma la espectacularización de distintos aspectos relacionados con el deporte, desde las previas, con frases polémicas entre uno y otros, hasta las posteriores reacciones en redes sociales luego de los combates. Una suerte de masificación que se manifiesta en distintos espacios, desde los gimnasios hasta los likes en Instagram.

Una espectacularización anticipada

Buena parte de ese show es recreado con eficiencia a través de Warrior. La película cuenta cómo se preparan distintos atletas para presentarse en Sparta, un campeonato en el que tendrán que hacer distintas peleas, a modo de rally, hasta llegar al final. Esa elección, desde una perspectiva narrativa, es clave para entender el ritmo del relato. Las peleas se suceden una tras otra mientras los dramas particulares de los protagonistas se van desarrollando. 

Por desarrollo conviene entender que evolución de los protagonistas, a quienes se les ven cambiar, mutar por las circunstancias que atraviesan. El MMA, en esencia, es sólo una excusa para resolver dolores más profundos que el generado por un brazo roto (como ocurre). Warrior ofrece al espectador una serie de atractivos presentes en otras películas de combate pero enmarcados en un contexto mucho más eficiente. Desde la verosimilitud de las peleas hasta actuaciones sólidas, desde Frank Grillo hasta Tom Hardy, pasando por otros actores secundarios que cumplen.

Vista con perspectiva, es válido sospechar que si Warrior hubiese sido estrenada en otro contexto, quizá a finales del año 2015 o en el año 2016, después de que Conor McGregor relanzara la disciplina hacia otro nivel, la película de Gavin O'Connor no sería sólo una producción de culto. Tal vez se trataría de una de las mejores propuestas contemporáneas en cuanto a peleas de combate y deportes se trata.