Paul Atreides, el personaje interpretado por Timothée Chalamet y centro motor de Dune, guarda un sospechoso parecido con otros héroes del cine. No se trata de una casualidad que Paul cumpla un ciclo ya desgastado por las franquicias de superhéroes y otros argumentos semejantes. Dune, de Frank Herbert, es la decana de un tipo de relato de ciencia ficción que se ha convertido tradicional en el género. Y su adaptación lo refleja. 

Pero más allá de eso, la ya clásica historia es el resumen del camino del héroe reinventado en cientos de variaciones posibles. En específico, Paul es una de las encarnaciones más poderosas y detalladas de la idea heroica tal y como se ha concebido en la literatura por siglos. En la versión de Villeneuve, la idea alcanza un nuevo nivel y logra crear una premisa poderosa que añade interés a la historia. Paul Atreides es el héroe y protagonista de una compleja historia de poder, tradición y un legado de considerable importancia.

También es un recorrido a la forma en cómo comprendemos la ciencia ficción en la actualidad. Y como la influencia de Herbert se ha mantenido clara y precisa a través de la historia de la ciencia ficción de las últimas décadas. Gracias a Dune, sagas de la envergadura de Star Wars o del Universo Cinematográfico de Marvel han encontrado su lugar.

Dune, con todo su aire atemporal y capacidad para aglutinar cientos de ideas distintas sobre el poder, es la puerta abierta a un tipo de héroe poderoso. Uno que sostiene los hilos de múltiples historias que convergen sobre su figura. Para bien o para mal, la obra de Frank Herbert se ha transformado en una manera de comprender la metáfora del bien que enfrenta al mal. Y hacerlo a través de una figura capaz de encarnar la idea de una forma total.

'Dune', antiguas ideas en un espléndido nuevo formato

Warner Bros.

Un héroe que todavía no sabe que lo es empieza un recorrido para encontrar su poder. Mientras tanto, una compleja maquinación política sucede a su alrededor y hace que todo el trayecto sea aun más complicado. Para cuando finalmente el héroe descubre todo su potencial, y se enfrenta al pasado, se ha convertido en un símbolo. Uno tan importante como para que toda la historia que protagoniza gravite a su alrededor. 

¿Crees que hablamos de Luke Skywalker o de su padre, Anakin?¿Del Capitán Steve Rogers? ¿O del héroe más reciente de Marvel, Shang - Chi? En realidad, si viste Dune habrás reconocido la historia de Paul Atreides. 

O mejor dicho, ese gran esquema del camino del héroe que dota al personaje de un carácter casi mítico. Se trata de una inteligente mezcla de ideas a través de las cuales Herbert construyó a un personaje que resumió lo heroico. Dune  –publicada en 1965 –  convirtió el mito del hombre predestinado que cumple un destino extraordinario en algo por completo nuevo.

Además, abrió las puertas para que Paul Atreides, fuera el origen de una manera novedosa en que se concibe lo poderoso. Si hasta entonces los héroes solían depender de su contexto y sustentarse sobre ideales más amplios, Dune creó algo nuevo. Tan poderoso y trascendente como para crear una nueva forma de superhéroe que perdura en la actualidad. 

Por supuesto es una idea insistente en la cultura pop. El mitólogo Joseph Campbell insistió en más de una ocasión que el hombre viene contándose las mismas historias desde el principio de los tiempos. Una idea que en el cine parece ser más evidente, sustanciosa e intrigante que en ningún otro medio artístico. Una y otra vez, la idea del héroe que atraviesa todo tipo de dolores y angustias para alcanzar la redención se convierte en una expresión de fe y una alegoría de la esperanza. 

La primera parada en un largo trayecto hacia el heroísmo

La percepción de cómo Frank Herbert construyó un personaje para todas las épocas es más evidente ahora con la adaptación de Dune de Denis Villeneuve. Un ejemplo cercano es la evolución de Steve Rogers de su versión en cómic a la cinematográfica. Si bien en las primeras historias el Capitán América era el prototipo del patriota integral, en el Universo cinematográfico de Marvel es un símbolo. Y uno que abarca la idea del hombre bueno que debe enfrentar las circunstancias y la pérdida de todo lo que conoce para crear algo nuevo y poderoso. 

Lo es además, con su trágica pérdida de vida, amor y contexto por el bien común, algo que ya Dune analizó de forma contemporánea. Herbert sirvió de ejemplo para la forma en la que el Capitán América pasó de ser un símbolo patriótico a uno universal. El prototipo del líder que debe proteger a los suyos se hizo más fuerte a medida que Steve evolucionó en pantalla. 

Lo mismo podría decirse del lento pero sostenido crecimiento del Batman de DC, que de figura ambivalente se convirtió en un símbolo de transición de lo heróico. Bruce Wayne, antihéroe esencial, es también el reflejo de un punto más elaborado sobre la lucha del bien y el mal. Algo en lo que Herbert profundizó durante buena parte de su obra y heredó a la cultura pop actual.

También lo es Luke Skywalker, que representa al hombre que lucha por reconstruir su pasado  – y su historia personal – sino al símbolo de la esperanza. George Lucas asumió el monomito de Campbell desde la percepción ideal de la alegoría sobre el bien y el mal. El joven Jedi atraviesa el mapa de su vida en busca de significado y también medita sobre el poder de la voluntad en busca del bien común. 

Al final, los héroes de Marvel, DC y la saga Star Wars tienen en común provenir del arquetipo clásico. Pero también ser parte de la gran idea que Frank Herbert profundizó en Dune. Paul Atreides fue el primero de una serie de héroes cuyo poder proviene de una larga y dolorosa evolución. Hasta entonces, el mito de Campbell tenía más relación con la tragedia y el ámbito dramático. Con Dune adquirió un nuevo rango que perdura hasta nuestros días.