En la miniserie de Netflix, Misa de medianoche, al principio todo parece ocurrir muy despacio. En realidad, más que eso, se trata de una mirada intuitiva al terror. Una que demuestra que Mike Flanagan es uno de los directores más relevantes del género en la actualidad. El programa es un recorrido por toda una serie de referencias al cine de terror, pero también una reinvención de la figura del monstruo tradicional.

Una de las grandes virtudes de Misa de medianoche es sin duda el cuidado argumental que Flanagan dedicó a sus personajes. Pero también la estructura de información compartimentada sobre el origen del misterio. Dejando pistas falsas a su alrededor, también logró un proeza en el género de vampiros. Crear una profunda empatía hacia el personaje central, el Padre Paul interpretado por Hamish Linklater. Pero también evadiendo explicaciones simples sobre el terror y la belleza para crear un panorama desconocido en el género.

Como si se tratara de un hilo de acontecimientos hilvanados para crear un tipo de emoción concreta, Mike Flanagan decidió tomar un riesgo a nivel de guion. Durante los primeros capítulos todo apuntaba en dirección a que lo que ocurría en la isla de Crockett era una historia de fantasmas. Por supuesto, las referencias inmediatas eran no solo las anteriores obras de Flanagan, sino también su mentor espiritual. En Misa de medianoche, la forma de narrar historias del maestro del terror Stephen King es muy evidente. Y Flanagan parece haberse convertido en su alumno más sobresaliente.

Mike Flanagan ya ha presentado imágenes semejantes en Bly Manor y en La maldición de Hill House

De modo que durante los episodios iniciales de la miniserie, Flanagan construyó un ambiente enrarecido lleno de pistas falsas. El Riley Flynn de Zack Gilford regresa al pueblo de su infancia perseguido por un fantasma. Como Billy Halleck en Thinner, comete un homicidio culposo. Y la aparición que le atormenta no es una cualquiera, es la víctima del accidente que le llevó a la cárcel. La imagen de la mujer que flota con cristales en el rostro no es novedosa en la obra del director.

Mike Flanagan ya ha presentado imágenes semejantes en Bly Manor y en La maldición de Hill House. Pero el referente inmediato a una presencia inquietante que encarna la conciencia sufriente de un personaje no es otro que la obra de Stephen King. En la adaptación de la novela Doctor Sueño, Flanagan traduce el resplandor de Danny Torrance a imágenes dolorosas y temibles. 

Se trata de figura recurrente en la obra de King que Flanagan utiliza con idéntica intención. En todos sus libros, los fantasmas para King son expresiones de sentimientos. Del odio al dolor, además de la culpa, hay un tránsito interno de quien puede verlos que se reproduce en lo sobrenatural. Lo mismo hace Flanagan y es a partir de ese dolor, esa concepción de lo inquietante, que avanza hacia el verdadero misterio de la obra. 

La sangre, el temor y la condena 

Misa de medianoche pertenece formalmente al género de vampiros y es una adaptación libre de El misterio de Salem’s Lot de Stephen King. A su vez, la novela del escritor es una versión contemporánea de Drácula, como el mismo King lo admitió más de una vez. La combinación hace que las raíces de las que sustenta en relato sean esencialmente góticas. Pero también una estructura cuidadosa basada en referencias tan sofisticadas como la obra de los escritores Ann Radcliffe y Charles Maturin. 

Pero de la misma que Stephen King, Mike Flanagan redimensiona los códigos del gótico tardío y el romanticismo para elaborar algo nuevo. El vampiro de Flanagan es una reinvención del Kurt Barlow de la ficción de King. Pero a la vez también es una mirada a toda una serie de tradiciones folclóricas europeas.

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Desde la percepción de la lamia griega, hasta el Nosferatu eslavo. Flanagan logró construir un monstruo esencial que resume la mitología del vampiro. Con alas (como se le concebía en Sumeria), pálido e inhumano (a la manera del Conde Orlok de Murnau), el director creó una criatura repulsiva. Pero también hizo algo más: la situó en un terreno religioso que movió los hilos internos de los personajes.

De hecho, tal pareciera que el vampiro central de Misa de medianoche tiene una relación directa con la idea del no muerto descendiente de Lilith. Una idea que además podría emparentarse con la idea que el padre Paul encontró al vampiro en Israel. Se supone que Lilith abandonó a Adán y huyó al Mar Rojo. Siendo así, Mike Flanagan resume al menos varias líneas de la mitología central del vampiro. Lo hace además dotando a su criatura de un aspecto demoníaco. Uno muy semejante a lo que imaginaban israelitas y varias leyendas alrededor del estrecho de Bab el-Mandeb.

Pero la verdadera fortaleza de Flanagan fue crear una historia que además emparenta con varias de las historias más famosas de vampiros de los últimos años.

'Misa de Medianoche' y el dolor de la pérdida 

Por extraño que parezca, en la serie Misa de medianoche jamás se pronuncia la palabra “Vampiro”. Tampoco se habla de viejos rituales para destruirles o de situaciones relacionadas con su naturaleza esencial. En realidad, el guion está más interesado en continuar un tránsito hacia la idea de un monstruo sin nombre. Y es esta salvedad lo que brinda a la premisa una curiosa solidez. 

Mike Flanagan guardó el secreto de lo que realmente ocurría con el padre Paul hasta casi el tercer capítulo de la serie. La salvedad permitió al actor Hamish Linklater profundizar en el personaje. Hacerlo además con una criatura doliente, embargada de una genuina fe y cercana a una devoción trastocada por un fervor fanático. 

Todo lo anterior consiguió que cuando su nueva naturaleza se descubre, sea un auténtico homenaje a los vampiros contemporáneos. Flanagan creó un vínculo de unión de asombrosa efectividad entre los vampiros de la isla y la mitología del monstruo en la actualidad. El Padre Paul es una criatura sufriente emparentada directamente con los vampiros de Anne Rice y que comparte sus cuitas existencialistas. 

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Pero a diferencia de los monstruos de la autora, los de Flanagan están al borde de un sufrimiento total que, de hecho, es su condena. La conjunción de percepciones sobre lo humano, lo divino y lo temible, se extrapolan en un discurso denso. Además de las frecuentes alusiones a la Biblia y a otros libros sagrados, también hay debates sobre filosofía. Las insinuaciones sobre Epicuro, Aristóteles y la raíz del bien, sostienen el discurso del programa. Pero a la vez logran que los vampiros sean criaturas por completo nuevas. 

Además, el programa establece paralelismos entre los ritos católicos y viejos rituales paganos de sangre. La transubstanciación se convierte en una idea terrorífica y real. También la promesa de la vida eterna. Para sus últimos capítulos, la serie mostró sus mejores cartas y creó un simbolismo tan potente que conmueve.

Desde los vampiros de ojos radiantes como gatos (cazados por la criatura desde el primer capítulo) hasta el gran final catártico. Los vampiros de Misa de medianoche son un fantástico y cuidadoso golpe de efecto a un género infravalorado. Una nueva versión del vampiro, que renueva la propuesta de principio a fin.