¿Por qué en su día lo petó Georgie Dann, décadas más tarde no podíamos sacarnos a King África de la cabeza y ahora tenemos a Lola Índigo, J Balvin y Rosalía hasta en la sopa? Porque sus repertorios están plagados de música viral. Es decir, temas que actúan como un virus. Literalmente. Es la conclusión de un estudio, realizado por científicos de la Universidad de McMaster, en Ontario, Canadá, y publicado en Proceedings of the Royal Society A.

En él, se analiza cómo se expande el número de descargas de una canción a través de una población y se relaciona con el modelo SIR, muy utilizado para el estudio de epidemias o pandemias como la de COVID-19.

Así, observaron muchos datos curiosos, como que la viralidad no ocurre en todos los géneros por igual, siendo la música electrónica la que más pie da a este tipo de comportamientos. ¿Pero cómo puede ser que la música electrónica o una canción de Lola Índigo o J Balvin se comporten del mismo modo que un virus?

El ‘modus operandi’ de la música viral

Los autores de este estudio sobre música viral se centraron en las descargas musicales realizadas desde móviles Nokia entre los años 2007 y 2014. 

En aquella época, las canciones virales no eran las mismas que ahora. Y, de hecho, ese es uno de los puntos que apoyan su teoría. Comprobaron que, si bien la música más popular, como su propio nombre indica, es la pop, otros géneros, como la música electrónica, tienen un comportamiento que se asemeja mucho más al de una epidemia infecciosa.

Parece ser más común en la música electrónica, porque es un género más "de nicho"

Tanto, que se puede analizar mediante el modelo SIR. Como hemos visto en más ocasiones de las que nos gustaría en el último año y medio, este es un modelo que se usa para predecir la evolución de una pandemia en base al número de personas susceptibles, infectadas y recuperadas.

Básicamente, se realizan curvas con la cantidad de cada una de ellas, de modo que al principio todas las personas serán susceptibles y ninguna infectada ni recuperada. Después, la curva de infectados comienza a subir, a la vez que la de susceptibles disminuye, pues las personas infectadas, idealmente, no vuelven a contagiarse. Sigue así hasta llegar a un pico tras el que empieza a disminuir. En cuanto a los recuperados, van aumentando poco a poco hasta llegar a un punto en el que se estabilizan. 

Con la música electrónica, según este estudio, pasa algo similar. Al principio nadie conoce la canción; pero poco a poco, a través del boca a boca, otras personas la irán conociendo y procederán a descargársela. Así, el número de personas que no la conocen disminuye. Al final, el número de personas que la conocen se va haciendo estable y, finalmente, por lo general, la canción muere de éxito y deja de escucharse y descargarse.

Los autores del estudio creen que esto se aplica sobre todo a la música electrónica porque es más “de nicho”. Es decir, las personas que la escuchan están más en contacto entre ellas. 

Pero también es aplicable a otras canciones virales. Si no por descargas, al menos por escuchas. Es lo que ocurre con cantantes actuales, como J Balvin, Rosalía o Lola ïndigo. En la radio, en la televisión, en anuncios, en redes sociales…Nos gusten o no, estamos en contacto constante con sus canciones, porque vivimos en una sociedad muy conectada. Y eso facilita también que las canciones se muevan mucho más rápido entre personas. 

Más común en jóvenes

En estudios anteriores, se usaron técnicas de neuroimagen para ver cómo reaccionaban los adolescentes al escuchar determinadas canciones virales. No se les preguntó, simplemente se miró la actividad de su cerebro en respuesta a las melodías.

Sin embargo, se vio que, al hablarles de la opinión de otros adolescentes, su percepción con respecto a la música viral cambiaba. Esto les hace especialmente susceptibles, por lo que se convierten en un caldo de cultivo perfecto para que estas canciones salten de persona a persona, de móvil a móvil y de cerebro a cerebro. Así es como funciona. De hecho, si este artículo te ha hecho rememorar la última canción de Lola Índigo y ahora no puedes sacarla de tu cabeza, no nos hacemos responsables.