En la película de terror de El Tubo, de Mathieu Turi, nada es lo que parece. De hecho, el argumento completo se sostiene sobre la capacidad de la película para ser imprevisible e incómoda. En la tradición de la saga The Cube, y quizás de forma lejana en la de Saw, el film es una subversión acertada al terror claustrofóbico

Pero en lugar de hacer énfasis solo en el contexto, el director toma la brillante decisión de sostener un argumento inquietante sobre la supervivencia. Uno que se esfuerza por entablar un diálogo entre lo humano, lo emocional y lo primitivo con una elegancia que asombra por su efectividad. 

Ambas cosas juntas logran que El Tubo se adentre en terrenos dolorosos, temibles y violentos de naturaleza emocional, sin dejar a un lado la premisa principal. Hay una considerable tensión en la forma en la que Turi muestra el peligro. No es una amenaza, ni tampoco está por suceder. Desde sus primeras escenas, la película se adentra de inmediato en el hecho de lo que ocurre.

Este presente continuo como una forma de elaborar una perenne sensación de urgencia, hacen de El Tubo una experiencia inmersiva. Se trata de cómo podrá escapar el personaje a la estructura inquietante en la que se encuentra atrapada. También, hay un recorrido a través de circuito de pruebas que están en apariencia diseñadas para probar al participante. Y hacerlo, además, de la manera más cruel posible.

Con una clara reminiscencia de la película Descenso (2015) de Neil Marshall, el argumento toma una decisión sobre su personaje. Deberá sobrevivir a cualquier coste y eso incluye su cordura. Y aunque el guion no muestra qué ha ocurrido antes, es evidente que se trata de un término más que específico. El Tubo está elaborado para ser una prueba y una amenaza. También una condición que la víctima deberá superar a través de algo más que destreza física. 

Para Turi, el punto fuerte de la premisa de su película de terror es la superestructura a la que deberá enfrentarse Lisa (Gaia Weiss) en medio de la peor situación de su vida. Para le director francés no es suficiente la idea de una amenaza potencialmente mortal. Su personaje sufre de manera intensa y esa frustración invisible es el motor central que le llevará a enfrentarse a la sucesión de peligros. 

Para bien o para mal, Lisa ya no tiene nada que perder. Y lo deja claro apenas puede. Es esa cualidad de lo devastado en el interior del personaje lo que hace que su enfurecida decisión de hacer todo lo necesario sea creíble.

Contrarreloj, contra el tiempo y contra la claustrofobia 

En el 2017, Mathieu Turi dirigió Hostile, su primer largometraje. En él dejó claro dos cosas específicas. Por un lado su capacidad para entender la importancia del ritmo en las películas de terror frenéticas y claustrofóbicas. Y por el otro, su habilidad para relatar historias con mínimos recursos. 

En El Tubo, utiliza la misma capacidad para crear una película tan angustiosa que por momentos resulta insoportable. No se trata de que Turi reinvente por completo la fórmula tramposa de un truco gigantesco diseñado para hacer daño. En realidad, lo más interesante es la forma en que narra la historia, haciendo uso de pequeños recursos argumentales de siniestra efectividad. Desde los cadáveres que aparecen, y marcan el camino a seguir, hasta el miedo convertido en un espacio, El Tubo transgrede una línea invisible. 

Lisa quiere salvar su vida, pero sabe que las probabilidades están en su contra. Y no solo debe luchar contra ellas, sino también construir algo más potente que le permita avanzar. Lisa tiene cualidad de aprender de sus errores y de utilizar una fría lógica que sorprende por su avance. Además, Turi se asegura de utilizar la cámara como un punto móvil en medio de la estructura enorme a la que dota de personalidad. Se trata de un monstruo metálico que la consciente habilidad del director para crear atmósferas convierte en una criatura casi viva. 

'El Tubo' o cuando la vida pende de un hilo

Lisa es un personaje potente que se alimenta del trauma y que crea sin querer una metáfora sobre su sufrimiento con lo que le rodea. De modo que mientras avanza entre quemaduras, la posibilidad de morir ahogada y el terror ciego, también descubre su propia fortaleza. 

El film tiene una tensión interna que resulta terrorífica porque aumenta de forma progresiva sin exagerar jamás. Así que mientras el reloj en la muñeca de Lisa avanza y el tiempo de vida que dispone se acorta, ella se hace más fuerte. Y es entonces cuando Turi toma un riesgo que separa por completo a El Tubo de otras producciones semejantes. 

La cualidad de El Tubo para sorprender llega a su punto y de hecho se sostiene sobre un recorrido singular hacia un final desconcertante. ¿Es toda la estructura una lucha para sobrevivir, una prueba de fortaleza o algo peor? Turi no lo aclara y toma la complicada decisión de abandonar la fórmula de acción por algo más sublime, pesaroso y metafórico.