Shang-Chi y la leyenda de los Diez Anillos, de Destin Daniel Cretton y lo nuevo del Universo Cinematográfico de Marvel, comienza con una historia legendaria. Lo hace desde una perspectiva casi mitológica que asombra por su elegante sentido del espectáculo. Con esto es evidente que la Fase 4 de la casa ha tomado un sentido distinto. Lo demuestra en la gran secuencia de apertura de la película, que analiza y enseña el poder de un arma asombrosa y desconcertante. Narrado en chino, el prólogo tiene algo del sentido de lo enigmático y lo portentoso de una narración fantástica. 

Pero pronto, la película avanza hacia extremos más elaborados y consistentes sobre su identidad. Más cercana a una historia cápsula al estilo Black Panther que a una historia de superhéroes, el argumento tiene su propio ritmo. Shang-Chi y la leyenda de los Diez Anillos se estructura a partir de la maravilla. Toda su primera parte es una narración rápida, coherente y deslumbrante sobre el poder construido desde dos puntos de vistas distintos. Y es quizás esa línea que divide el mundo no entre el bien y el mal, sino entre ideales, lo que haga la película tan intrigante. 

Desde las primeras apariciones de Mandarín, hasta la forma en que el argumento avanza entre paisajes asombrosos, la película es un homenaje a un tipo de narración elaborada a partir de lo extraordinario. Hay un especial interés en el espectáculo visual de las peleas de arte marciales y a un aspecto simbólico. 

Además de eso, un homenaje cultural que toma lo mejor del cine de acción chino para dotar a sus escenas de una sofisticación asombrosa. En una evidente reinvención de La casa de las dagas voladoras (Zhang Yimou), las secuencias de acción tiene un enigmático peso emocional. En especial, en la forma en que dialogan con los personajes y sostienen una mirada profunda sobre sus motivaciones. 

El comienzo de la historia de amor entre Mandarin y Leiku Wu es un despliegue de buenas decisiones de ritmo y estructura visual. Y es justo esa escena la que parece marcar el ritmo de lo que será Shang-Chi y la leyenda de los Diez Anillos. En adelante, la unión de dos mundos será una forma de narrar que reestructura la fórmula Marvel por completo.

'Shang-Chi y la leyenda de los Diez Anillos', la nueva era del Universo Cinematográfico de Marvel

Si a Black Widow se le llamó “la película menos Marvel de la década”, sin duda Shang-Chi y la leyenda de los Diez Anillos es la más atípica hasta ahora. Aunque conserva la estructura formal de la franquicia, la película está más interesada en temas que la casa de las ideas no había tocado. O al menos no de la forma en que lo hace en una película sinceramente comprometida con estudiar, explorar y mostrar un tono cultural distinto.

Shang-Chi y la leyenda de los Diez Anillos es un recorrido legendario, pero también entretenimiento en estado puro. Su héroe, un Shang — Chi que se aleja de su versión del cómic gracias a la frescura de Simu Liu, sorprende por su cualidad amable. De hecho, una de las grandes adiciones al universo de Marvel es este superhéroe que utiliza su cuerpo como un arma. La conciencia de Shang — Chi sobre su origen y los hilos que le unen a su familia y su historia son el centro del argumento. Y aunque como toda película Marvel el espectáculo termina por consumir buena parte de la historia, el héroe sigue siendo un hombre de peculiar fortaleza.

Para esta ocasión, no se trata de una lucha entre el bien y el mal, sino entre las versiones de un mismo mundo segmentado por el poder

Mientras Mandarín tiene capacidades relacionadas con los Diez anillos, el poder de Shang — Chi procede de un pozo de fortaleza profunda. Y el enfrentamiento entre ambos pone de relieve el hecho de que las fuerzas que chocan son de naturaleza contraria. Mandarín está envuelto en el manto de un pasado y una historia que se relaciona con un tipo de poder inexplicable. Por el contrario, Shang — Chi celebra la herencia de su madre — y su innata habilidad y valor — como una herencia invisible. Cuando ambas fuerzas confrontan, la película alcanza su mejor momento y quizás el punto que marca la diferencia con otros films de Marvel. 

Para esta ocasión, no se trata de una lucha entre el bien y el mal, sino entre las versiones de un mismo mundo segmentado por el poder. Con un considerable trasfondo filosófico basado en la moral china, la película enfrenta a padre e hijo desde lo esencial. Y logra con una de las historias más relacionadas con la profunda humanidad de sus personajes de toda la franquicia. 

Un gran recorrido por un escenario sorpresivo

Pero más allá de sus bondades como historia, Shang-Chi y la leyenda de los Diez Anillos también es un espectáculo puro. Uno emotivo, lleno de registros novedosos y con momentos extravagantes y humorístico. Todo envuelto en un aura de puro descubrimiento de un nuevo tipo de forma de dialogar con la figura del héroe. 

El director se toma el suficiente tiempo para mostrar la divertida dinámica entre Shang — Chi y Katy para demostrar que la historia tiene momentos emocionales. También muestra de forma incompleta, pero con suficientes puntos de interés, el complicado vínculo entre Shang — Chi y su hermana Xialing. 

Poco a poco, Creton envuelve a su héroe con la noción de su hilo con el pasado a medida que avanza hacia su sentido del propósito. Y lo hace, al estilo de las grandes épicas chinas, con escenas que recuerdan a las emocionantes luchas cuerpo a cuerpo de Bruce Lee. Las artes marciales llegan a Marvel revestidas de magia, pero también como una metáfora de lo poderoso. 

Dentro del hilo de la Fase 4 de Marvel

La inclusión más reciente del Universo Cinematográfico de Marvel incluye tres cameos que vinculan a la película con la franquicia central. Y aunque resulta inevitable preguntarse si eran necesarios, sí dejan claro que Shang-Chi y la leyenda de los Diez Anillos forma parte de algo mayor. Un acento necesario que tiene una evidente relación con la necesidad de vincular una película con historia independiente a la Fase 4 de Marvel. 

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¿Lo logra? Quizás uno de los puntos bajos de la película es esa cualidad de excepción y su escasísima vinculación con el resto de las historias de la franquicia. Aun así, hay una celebración de la idea de Marvel como un todo de ideas, escenas y personajes que en la Fase 4 es más notorio que nunca. 

Por supuesto, son los post créditos los que dejan claro hasta qé punto pertenece Shang-Chi y la leyenda de los Diez Anillos a Marvel. Y se agradece ese regreso inesperado de dos rostros familiares. La aventura hacia otra región de Marvel comienza. Lo hace a través de un tránsito de enormes interés hacia el centro de sus historias menos conocidas. Pero disfrutando de esa nueva dimensión de un universo en constante crecimiento.

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