Clarissa Ward, periodista internacional de la CNN informando desde la capital de Afganistan, ocupaba las miradas del mundo. Hasta hace unos días, era una de las pocas mujeres occidentales que circulaba por las calles de Kabul preguntando a unos y otros sobre la noticia del año. Era el epítome de la libertad de información en un país que se despide de ella a pasos agigantados. También la imagen de una mujer ejerciendo en un lugar que ya ha sentenciado al género femenino que habrá de someterse a la sharia –la ley musulmana que apenas contempla derechos y libertadas para las mujeres–.

Desde que Estados Unidos anunciase su marcha del país que venía ocupando desde hace dos décadas y los talibán irrumpiesen en el país en un tiempo récord, los sucesos se han precipitado. Antes de que el mundo occidental pudiese sacar a su personal de Afganistan, el caos ya llamaba a las puertas. Con cientos de evacuados fuera del país y otros miles pendientes de su salida antes del culmen talibán, cabe preguntarse qué será de la región.

Ahora, y sin apenas informantes internacionales en Afganistan, son pocos los que resisten en su empeño de seguir informando. Pero los hay. Ehtesab es una startup afgana, fundada por una mujer, Sarah Wahidi, que funciona como un sistema colaborativo al servicio de los ciudadanos. Un poco de esperanza para una avalancha de malas noticias. Ehtesab, aún en funcionamiento, es todo lo que el nuevo gobierno talibán odia y quiere destruir. Ehtesab, aún así, promete seguir plantando cara.

Libertad de información colaborativa

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Ehtesab no es nueva. La empresa de Wahidi fue fundada en 2020 como consecuencia de una experiencia personal. Poco podía adelantar que se iba a convertir en el bastión de la libertad de información en Afganistán. También en uno de los verificadores de información más importantes, más allá de las experiencias occidentales del mismo género que luchan por desmentir a políticos de cualquier color.

Desde hace 20 años, con la entrada de Estados Unidos y los países aliados, Afganistan ha vivido sumida en el caos. Atentados, problemas políticos o de suministros, inactividad por parte de las autoridades encargadas de la seguridad de las urbes... Una larga lista de consecuencias de una guerra que, los últimos días, solo ha ido a peor.

Wahidi, que por 2018 era empleada del gobierno afgano, fue testigo de un ataque terrorista. Tras ello, según cuenta a Rest of World, la ciudad de Kabul sufrió un parón con cortes de suministros durante más de 12 horas. Nadie sabía decir qué era lo que pasaba y cuándo volvería todo a la normalidad.

En ese momento, y ante la poca ayuda de las autoridades, la afgana trabajó en una aplicación de información mediante alertas para que los habitantes de la ciudad estuviesen al tanto de las actualizaciones. ¿Cómo? Con la propia información de caracter colaborativo que los diferentes usuarios iban reportando a la aplicación con la "idea de mejorar ese lugar que llaman hogar", cita su web corporativa. Sin datos públicos fiables, serían los ciudadanos los que informasen de cortes de luz, cortes de calles, informes de tráfico, bombas o barricadas a fin de incrementar la seguridad de los usuarios. Todo bajo lo que cada uno de ellos podía ir sumando a la aplicación que inmediatamente comprobaría los datos para lanzar las alertas al resto de registrados.

Ehtesab, en su traducción del pastún como responsabilidad, ha sido una suerte de verificador de información de primer grado y de caracter social durante todo este año. Pese a todo, afirma su fundadora a Rest of word, la rápida entrada talibán les ha pillado por sorpresa. Tanto en velocidad como en intensidad.

Operando pese a todo, pero obligados a esconder a sus empleadas

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Wahidi hace tiempo que no reside en Afganistan. La fundadora de la app de verificación de información vive en Estados Unidos donde cursa sus estudios superiores. Sin embargo, sus 20 empleados con menos de 25 años de edad en su mayoría –la generación que solo ha conocido la guerra– siguen trabajando 24 horas al día para continuar con el funcionamiento de Ehtesab. Algo que, más que nunca, creen necesario.

Sin embargo, sí que han tenido que hacer cambios a fin de mantener la libertad de información y la seguridad. Parte de los empleados de Ehtesab son efectivamente mujeres. Con la llegada de los talibán, y todo lo que ello implica para el género, el primer paso fue eliminar cualquier rastro de sus empleadas en la web y redes sociales. Pese a que siguen trabajando de forma activa, estas se mantienen en la sombra. El resto del equipo se mantiene de forma remota para seguir informando.

Ehtesab también tiene cuidado de no mencionar nada que sea referente al nuevo gobierno talibán. Ellos son son una organización política ni lucha contra los gobiernos. Su actividad simplemente se centra en crear notificaciones de seguridad. Pero como en todo, donde está la ley reside la trampa. No mencionan a los grupos talibanes en su paso por la ciudad, pero sí las barricadas o parones que puedan sucederse en la misma. Usan un lenguaje aséptico para que estos no se sientan atacados. Los receptores de las alertas solo tendrán que leer entre líneas para entender el origen del problema y tomas decisiones en base a la información verificada.

Aún así, Wahidi trabaja para sacar a su equipo de un país que ya ha cercenado la libertad de expresión. Con allanamientos a hogares de periodistas y familias para cortar por lo sano, el tiempo corre en su contra. También con una financiación colectiva para mantener la actividad de la aplicación en todo momento. Y, pese a todo, Ehtesab seguirá funcionando independientemente del gobierno que esté en el poder porque el silencio, apunta la fundadora al medio, "da ventaja a los talibanes".