Desde el cierre de la empresa en 2016, la historia de Theranos ha tenido muchos capítulos sobre la mesa; y pocos de ellos cerrados. El negocio multimillonario creado por Elisabeth Holmes, la niña prodigio y consentida de Silicon Valley, a través de una máquina de análisis de sangre –que no era capaz de analizar ni una sola gota– traspasó fronteras. Ahora, y justo hoy, la empresaria se enfrenta a uno de lo que parece ser de los últimos capítulos de este sainete: el juicio de Theranos por acusación de fraude electrónico por el que se enfrentan a 20 años de prisión, millones de dólares en multas e inhabilitación para trabajar en el sector biomédico. Un juicio que viene con sorpresas.

Era una fecha marcada en el calendario. Durante todo este año, Holmes había estado preparando la defensa del que será uno de los juicios del momento en Silicon Valley. Y, como no podía ser de otra manera en lo que a Theranos se refiere, no ha sido un camino sencillo. La selección del jurado ya fue motivo de discordia.

Los abogados de la empresaria fueron señalados por ser demasiado intrusivos con la vida de los seleccionados: la revisión de redes sociales, ser usuarios de Netflix o HBO, así como leer prensa dejaban fuera a la mayor parte de los candidatos. Y no es para menos, el caso de Holmes ocupó portadas, libros –Bad Blood, del periodista que destapó el caso– e incluso documentales en HBO bajo el título de La Inventora.

De un solo juicio a dos diferentes

Y el jurado no fue el único bache en el camino. La vista estaba preparada de forma conjunta para los dos afectados por la causa: la propia Holmes, como fundadora y CEO de Theranos, y Sunny Balwani, jefe de operaciones y mano derecha de Holmes. Juntos afrontaban un total de 10 cargos, cada uno de fraude electrónico y dos cargos de conspiración. Además de mantener una relación sentimental oculta a empleados e inversores que terminaron por admitir en el proceso de investigación.

Sin embargo, lo que iba a ser un juicio conjunto, ahora pasa a ser un proceso independiente para ambos empresarios. La historia ahora es la de Holmes contra el mundo, pero también contra Balwani. Theranos pasa a ser uno de los fracasos más sonados de Silicon Valley a convertirse en un juicio de malos tratos.

Los documentos que cambian el juicio de Theranos

Deputy Secretary of Defense (Flickr)

Wall Street Journal, medio que destapó la estafa de Theranos, publicaba los documentos que usaron los abogados de Holmes para hacer de su juicio de hoy una causa completamente diferente a la original.

Sin perder de vista las acusaciones de fraude, engaño público y su rechazo a la autoridad de la FDA (autoridad sanitaria de Estados Unidos), cargos de los que ambos se declarar inocentes, los abogados de Holmes tiene previsto argumentar en la vista de hoy que la empresaria fue una víctima de abuso machista durante más de 10 años. Concretamente a manos de Balwani.

20 años mayor que ella, el empresario comenzó a "monitorear sus llamadas, mensajes de texto y correos electrónicos", cita el documento. También se le acusa de violencia física y verbal durante los años que trabajaron juntos, así como argumentar que "cualquier éxito que tuviese en el negocio sería gracias a él". Añaden, además, que la empresaria tiene problemas de salud como consecuencia del maltrato: sufre de estrés postraumático, síndrome de abuso de pareja y depresión por maltrato. Motivos por los que los abogados de la empresaria alegaron la imposibilidad de juzgarles de forma simultánea. El hecho de estar en la misma sala, según los letrados, tendría efectos devastadores para Holmes.

Un punto que lo cambiaría todo

Este último punto es de especial importancia para el devenir del juicio de Theranos que comienza hoy mismo. Si ese detalle se tiene en cuenta sería Balwani el líder de toda la trama, dejando a Holmes como otra víctima más en el caso de las máquinas de análisis de sangre falsas. A manos del empresario de mayor edad, Holmes habría sido una simple marioneta dispuesta a ejecutar cualquier decisión por puro miedo a las consecuencias.

Ni que decir tiene que los abogados de Balwani ya han negado estos detalles, alegando el perjuicio que esto supone para su cliente. El mismo que tiene previsto enfrentarse a la justicia en 2022 y aunque no se conocen los detalles de su defensa, es muy probable que esta parte del punto donde se quede el juicio de hoy.

El reinado del terror basado en un castillo de naipes

El caso de Theranos y su actual juicio es uno de los que más alarmó el siempre optimista universo emprendedor de Silicon Valley. No era ni mucho menos la primera empresa en fracasar o cometer fraude en Estados Unidos, pero sí una de las primeras del rango de los jóvenes emprendedores que jugaba con la vida de sus clientes.

Desde su creación en 2003 hasta su cierre definitivo en 2016 –e incluso ahora años después–, Theranos y sus fundadores defienden que su máquina para hacer análisis de sangre con una sola gota de muestra es algo real. Con 9.000 millones de valoración antes de caer en desgracia, la realidad es que a la compañía se le acusa de estafar 606 millones de dólares a inversores con un invento que nunca logró hacer un test completo pese a que ellos confirmasen que sí. Quizá Holmes no logró que la máquina funcionase, pero sí tenía un don especial para convencer a las masas –con un aspecto similar al de Steve Jobs– y levantar dinero a montones.

Mafias y mentiras en las pruebas

La realidad detrás de todo esto, y que pocos consiguieron ver, es que Theranos había estado mandando la sangre a laboratorios estándar a fin de encubrir el nulo funcionamiento de Edison, la primera máquina que comercializó la compañía. Mientras, un séquito de ingenieros intentaba crear una máquina que ya muchos consideraban imposible con la tecnología del momento.

Pero si la estafa al mundo y a los inversores no era suficiente, la historia de Theranos ha estado salpimentada con tintes de mafia y conspiraciones. A lo largo de las investigaciones para desmontar el imperio falso de la sangre, Theranos ha sido acusado en varias ocasiones por muchos de sus exempleados. Las amenazas, fundamentadas en abusivos acuerdos de confidencialidad, así como hordas de abogados bien financiados se encargaron durante años de sembrar el terror en las filas de trabajadores para mantener el secreto que muchos ya sabían: que Theranos era un castillo de naipes.