Netflix hará un nuevo live action inspirado en la historia Avatar: la leyenda de Aang. Este relato fue estrenado hace trece años con Michael Dante DiMartino y Bryan Konietzko como los padres de la idea original y Aaron Ehasz como el escritor principal de la obra. Se estrenó en 2005, en formato de serie animada, a través de Nickelodeon.

Desde entonces, Avatar: la leyenda de Aang dio pasos hasta convertirse en una serie de referencia; incluso, hay quien podría definirla como canónica, luego de tres temporadas. Esa es la definición de obras que entran a una suerte de olimpo narrativo. En inglés recibió el nombre de Avatar: The Last Airbender y esa guía sirvió para que en Hispanoamérica también se le nombrara como Avatar: el último maestro del aire. Su impacto trascendió títulos: construyó una audiencia que la miró con culto.

Fue ese público, en buena medida, el que se acercó a ver El último maestro del aire (2010). La adaptación cinematográfica, dirigida y guionizada por M. Night Shyamalan, generó más insatisfacción que goce. Puede que quienes llegaran a verla sin haber pasado por la serie animada se interesan en el relato, pero quienes sí conocían Avatar: la leyenda de Aang tienden a coincidir en un punto: no fue una adaptación justa.

La primera adaptación de Avatar: la leyenda de Aang

La idea original de M. Night Shyamalan era hacer una adaptación dividida en tres partes, como la serie animada. Este detalle no es para nada menor porque cada una de esas partes, dentro del relato inicial, tiene implicaciones filosóficas importantes. Avatar: la leyenda de Aang, antes que espectacularidad y acción, es un producto muy humano. ¿Qué implica esto? Su desarrollo requiere tiempo o mucha habilidad del guionista para lograr la evolución de los personajes de forma eficiente. 

Avatar: la leyenda de Aang está divida en tres libros: Agua, Tierra y Fuego. Esos son los elementos que el protagonista debe aprender a dominar. Sólo así, con el control de esos recursos, podrá aspirar a convertirse en el Avatar, ese ser capaz de manejar los distintas fuentes a placer con el objetivo de proteger a los seres vivos. A través de la serie animada, más que el desarrollo de las habilidades de Aang, se muestra su crecimiento como individuo y cómo otros crecen a su alrededor. 

Esto es algo que, en esa primera adaptación, no quedó del todo resuelto. El último maestro del aire por momentos apuesta más hacia la acción y la espectacularidad antes que en esa esencia de la serie. ¿Se le puede cuestionar? No, porque se trata de una versión y el formato impone condiciones. Era un riesgo que podía tomarse, se hizo y no funcionó.

Sobre la estructura de Avatar: la leyenda de Aang

Avatar The Legend of Aang

Cada libro en la serie animada le permitió a los creadores profundizar en distintos aspectos. Como una suerte de comodín sobre el cual apoyarse en determinados momentos y, lo más importante, ofreció tiempo narrativo, espacio para explayarse en el crecimiento de los personajes. 

Ese es el gran triunfo de Avatar: la leyenda de Aang. Si bien todo cuanto ocurre parece enfocado en cultivar el camino del héroe que transita el protagonista, no se dejan a un lado los secundarios ni los adversarios. Esa polifonía de personajes e historias enriquece el relato. Aunque eso también era un riesgo, porque conectar tantos hilos no es una tarea sencilla, en la serie animada funcionó sin dejar cabos sueltos.

Por eso su desenlace resulta eficiente y satisfactorio: aquella historia que empezó de una manera termina de otra, de forma lógica según el relato, brindando sorpresas narrativas y transformando dentro de sí a cada uno de los involucrados. Eso explica la relación de culto entre la serie animada y sus seguidores.

El criterio en el dibujo

La solidez del relato de Avatar: la leyenda de Aang está acompañada por un dibujo idóneo. Ni bueno ni malo, algo mejor: idóneo. La sutileza, la paleta de colores y el estilo contribuyen a generar una serie próxima a distintos públicos. A esto se suma lo más importante: es acorde a la filosofía que se describe en el relato. 

Entonces, se produce una sinergia: idea y representación funcionan, se alimentan una a otra para construir algo más grande. Por eso Avatar: la leyenda de Aang es un relato que puede atraer a niños y a adultos por igual. Unos, quizá, lleguen por la apuesta gráfica mientras los otros descubren, mediante las referencias y la profundidad filosófica, un fondo cultural rico. 

Esa virtud, cuando se le compara con El último maestro del aire, se difumina. La primera adaptación transmite una oscuridad que, quizá, influyó en su percepción. El formato de la adaptación también es parte del discurso. Quizá, en este tipo de casos, a Netflix no le convenga quedarse en un punto medio: adapta de forma fiel y en consonancia o presenta algo distinto. Es un debate.

El riesgo de la nueva adaptación de Netflix

Netflix cuenta con el prestigio de producciones como Mindhunter (David Fincher) y una decena de trabajos que pasaron sin pena ni gloria por su timeline, como ​​Saint Seiya: Los Caballeros del Zodiaco. A diferencia de firmas como HBO, su capacidad narrativa ofrece menos certezas (y esto no significa que sea mala o no generen expectativa). Esa dualidad condiciona parte del interés inicial sobre el live action de Avatar: The Last Airbender. ¿De cuál lado estará? 

No se trata de hacer de esa historia un producto como Mindhunter. Son relatos distintos. Sin embargo, Netflix tiene entre sí la decisión de cuánto esfuerzo en relación con producción y recursos ofrecerá al desarrollo de la película. Resolver esa disyuntiva no es poca cosa, teniendo en cuenta que la serie animada, en mayor o menor medida, sigue posicionándose como una referencia. La otra cara de la moneda de esa realidad es que la película, El último maestro del aire, sigue generando cuestionamientos para quien se anima a revisarla. 

Netflix no solo asume el reto de adaptar un clásico contemporáneo, sino que también carga con el peso del fracaso de la primera live action. Aunque no tenga responsabilidad sobre ella, es una referencia en el imaginario de los seguidores de la serie animada. Para ello deberá prestar atención al arco narrativo. Avatar: la leyenda de Aang tiene 61 episodios de alrededor de 20 minutos de duración. No se trata de compactar todos ellos en una producción de dos horas. Pero sí será necesario reconocer la esencia de la historia, de sus personajes, para lanzar el resto del proyecto. ¿Podría ser el comienzo de una saga de películas?

Este live action será filmado desde el 16 de noviembre de 2021 hasta el 17 de mayo de 2022. De momento, cuenta con título tentativo: “Trade Winds”. Puede que el resultado de ese proceso esté sujeto a tener en cuenta el impacto que generó Avatar: la leyenda de Aang por su sólido desarrollo narrativo. Otra opción es explorar los relatos paralelos a la serie animada, tanto en cómics como en otras producciones. De otro modo, sería caer en el error de pensar que esta historia es sólo fantasía y efectos especiales, restando peso a la exploración de la condición humana que se produce a través de ella.

Suscríbete gratis a Hipertextual

Estamos más ocupados que nunca y hay demasiada información, lo sabemos. Déjanos ayudarte. Enviaremos todas las mañanas un correo electrócnio con las historias y artículos que realmente importan de la tecnología, ciencia y cultura digital.