IBM lo reconoce en su página de historia de la compañía. No era la primera computadora personal. Tampoco era la más avanzada. Pero lideró la revolución que llevaría la informática personal a la vida diaria. Antes del IBM PC o PC de IBM, ya existían ordenadores personales o microcomputadores. Algunos con pantalla integrada. Otros en cambio, debías conectarlos a un televisor. Cada uno con su procesador. Incompatibles entre sí. Pero entonces llegó IBM y convirtió su IBM PC modelo 5150 en un estándar de la industria, una computadora personal en la que se inspirarían el resto de fabricantes.

En un artículo anterior hablé de los ordenadores personales que creó la italiana Olivetti y de su empeño en hacer sombra a los gigantes americanos como IBM. Precisamente, en ese texto mencioné el IBM 610 de 1957. Técnicamente, uno de los primeros ordenadores personales. En la práctica, una simple calculadora de escritorio. Pero para esa época era todo un avance. Y en 1975, IBM lanza su primer microcomputador de escritorio, el IBM 5100. Sin embargo, estaba diseñado para profesionales y científicos.

Y qué decir del Apple II de 1977. O el Commodore PET. O los Atari 400 y 800. La propia IBM los menciona en su página oficial. Vamos, que el IBM PC queda claro que no fue la primera computadora personal. Ya hacía años que el mercado estaba llenándose de distintas marcas y modelos de máquinas que podías adquirir a un precio económico, para los estándares del momento, y que te podías llevar a casa. Es más, Microsoft, una empresa que creaba software para microordenadores, se había fundado en 1977. Entonces, ¿por qué el IBM PC triunfó hasta el punto de ser el estándar de la industria de la computación personal?

La computadora personal no es solo para geeks

Una de las claves del éxito del PC de IBM es que logró llegar a una parte del público que hasta entonces no se tenía en cuenta en el mercado de la tecnología. Hasta la llegada de la computadora personal de IBM, los ordenadores eran algo de universidades, empresas, organismos públicos o, como mucho, de bibliotecas, escuelas e institutos. En palabras de IBM, a finales de los 70, cuando cerraba la oficina, apagabas tu terminal y volvías a casa. Si tenías trabajo extra, traías una carpeta repleta de papeles. Como mucho, tenías una máquina de escribir.

Pero el PC de IBM llevó la computadora personal a los hogares de millones de personas. Algo que solo ocurría si eras un profesional de la informática, un ingeniero electrónico o un geek. Vamos, un entusiasta como los del mítico Homebrew Computer Club, creado en 1975 y que contó con miembros ilustres como Steve Wozniak.

Hasta bien entrados los años 70 del siglo pasado, tu primer contacto con un ordenador era en la universidad. O en el instituto si tenías un alto nivel adquisitivo. Precisamente ese fue el caso de Bill Gates. La primera computadora que tocó fue en 1968 en Lakeside, la escuela privada en la que estudió antes de matricularse en la Universidad de Harvard. Curiosamente, en Lakeside conoció a Paul Allencon quien fundaría Microsoft.

Pero algo empieza a cambiar a partir de 1970. Como comenté antes, empresas como Commodore, Apple o Atari empezaron a crear ordenadores de reducido tamaño, para los estándares del momento, creando computadoras personales que prácticamente cualquiera pudiera manejar. Y todas tenían algo en común: un microprocesador, una BIOS, memoria de solo lectura (ROM), disquetera, placa madre y sistema operativo. Otro detalle era que su precio giraba entorno a los 1.000 dólares de la época frente a los 9.000 dólares que costaba un IBM System 23, el modelo de computadora personal que precedió al IBM PC. Y eso que salió a la venta en julio de 1981. Ni así lograron abaratarlo.

Eligiendo lo mejor de cada casa

IBM cuenta que William C. Lowe, gestor de sistemas para IBM Entry Level Systems, viajó de Boca Ratón, Florida, donde trabajaba, al cuartel general de IBM en Armonk, Nueva York. Allí se reunió conn el CEO de la compañía, Frank Cary. De esa reunión surgió una idea sencilla: IBM debía crear una computadora personal cuyo precio rondara los 1.500 dólares. Frank Cary no se lo puso fácil a Lowe. La orden era: “vuelve dentro de un mes con un prototipo”.

A este ambicioso y vertiginoso proyecto, encabezado por William C. Lowe, se unieron Don Estridge (desarrollo), Bill Sydnes (hardware), Jack Sams (software), Dave Bradley (interfaz) y H.L. Sparks (marketing), entre otros. Y a diferencia de lo que hicieron sus predecesores en IBM, fueron a buscar los componentes fuera de la compañía. Algo que no había ocurrido nunca en sus más de 70 años de historia. Bueno, no es del todo cierto, ya que el modelo anterior, el System/23 ya incluía un procesador de fuera, un Intel 8085.

Microsoft aportó el sistema operativo. QDOS, que se llamaría PC-DOS y, más tarde, MS-DOS. Para el procesador, Intel aportó su procesador 8088 de 4,77 MHz. El monitor sí era propio, de la división japonesa de IBM. La impresora, de Epson. Y el teclado y la unidad de sistema se crearon también en IBM. Además, tuvieron una genial idea, apostar por la arquitectura abierta, es decir, publicar los diseños del sistema de circuitos y los códigos del software propio para que otras compañías pudieran crear software y periféricos compatibles. Sólo tenías que comprar el manual IBM PC Technical Reference Manual para tener acceso a los diagramas, esquemas y demás información al detalle de cómo funcionaba el PC de IBM.

El resultado fue una computadora personal que se vendería a 1.565 dólares americanos de la época. A cambio obtenías una máquina con 16 KB de RAM, sin unidades de disco, pero con aplicaciones incluidas, junto a MS-DOS, como VisiCalc (hojas de cálculo) o EasyWriter (un procesador de texto). Opcionalmente, podías añadir pantalla, impresora, hasta dos disqueteras, más memoria RAM, comunicaciones, adaptador de juego y otras aplicaciones.

El mundo conoce el IBM 5150, el IBM PC

Lo que se llamó IBM PC o PC de IBM, en realidad el modelo IBM 5150, se dio a conocer un 12 de agosto de 1981 en una conferencia de prensa en la ciudad de Nueva York. Precisamente fue la propia prensa la que llamó a esta máquina The IBM PC, el PC de IBM. La prensa hizo parte del trabajo y la propia IBM hizo el resto con su agresiva y acertada campaña publicitaria.

La campaña mostraba su ordenador junto a una mujer, un hombre y un adolescente. Incluso contó con el personaje de Chaplin. Junto a la imagen, a fondo blanco, se incluía un texto a dos párrafos en el que se explicaban las virtudes de esta computadora personal. El objetivo, llenar oficinas y hogares de ordenadores personales.

Su diseño, sus prestaciones, su precio y la campaña publicitaria de medios y anunciante, hicieron posible que personas que nunca habían comprado un ordenador se plantearan la idea de tener uno en casa. Una revolución como la que se vivió con la introducción del televisor, de la radio, del automóvil o de la electricidad en los domicilios particulares.

De ahí que la revista Time de enero de 1983, en la edición en la que destaca a una personalidad del año, decidiera decantarse por la computadora personal de IBM. En vez de Man of the YearMachine of the Year. Precisamente, Time destacó el éxito del IBM PC comparándolo a la popularización del automóvil o el televisor. Una revolución tecnológica.

El PC de IBM, un estándar de facto

Tras el éxito del PC de IBM, era cuestión de tiempo que otros fabricantes decidieran sacar sus versiones inspiradas en el IBM 5150. Empresas como Compaq, Dell o HP lanzaron computadoras personales “compatibles con IBM”. Mediante ingeniería inversa, crearon sus propias versiones de la BIOS del IBM PC, de manera que no necesitaban pagar derechos de uso a IBM. También lanzaron al mercado periféricos compatibles. Había nacido un estándar en la industria de la computación personal y el concepto de PC o Computadora Personal se convirtió en una palabra genérica de uso cotidiano.

Como ocurrió con la guerra entre Beta y VHS, no ganó el mejor. El PC de IBM no era el mejor, pero sí ofrecía una buena calidad precio. Para el usuario medio, que quería tener al día su contabilidad personal, redactar alguna carta o documento en casa o hacer los deberes de clase, era más que suficiente. Y a un precio nunca visto.