Tiempo, de M. Night Shyamalan, ya se está posicionando como uno de los títulos más llamativos de los estrenos de verano. Uno que además, reverdece la fama de su director y su capacidad para crear mecanismos de suspense con una trampa argumental. Por supuesto, después de El Sexto Sentido nadie se sorprende de los finales imprevisibles del realizador. 

Aun así, Tiempo ha trae debate: Shyamalan intenta desconcertar a la audiencia, pero no siempre lo logra de la manera correcta. Tiempo es un correcto ejercicio terror y suspense, con una sólida mirada a lo emocional. Y la combinación podría funcionar en un final sobrio, pero de nuevo el director sacude la base argumental con algo más retorcido.

Tiempo está basada en una premisa que en apariencia hace hincapié en el suspense y después avanza hacia lo sobrenatural. Una familia va de vacaciones a una playa en la que comienzan a suceder pequeños sucesos inexplicables. Como suele ser su método, Shyamalan construye una atmósfera para dejar claro que la historia que el espectador sigue engloba un misterio. Uno tan incómodo, inexplicable y cada vez más peligroso que se convierte en una verdadera amenaza. 

Y de hecho, la historia  alcanza su punto más alto cuando el fenómeno se descubre. Algo inexplicable hace que todos los miembros de la familia envejezcan a una velocidad acelerada. Cada hora envejecen dos años, lo que hace que la premisa se convierta en terror puro. 

Shyamalan regresa de nuevo a sus peores decisiones al momento de revelar imprevisibles desenlaces

Para el tercer tramo de la película la presión añadida de la muerte inminente convierte a la película en algo novedoso. De hecho, la trama se acelera y hace que todos los traumas y dolores de las relaciones que unen a los personajes afloren. La combinación dota a Tiempo de una personalidad única. 

Pero es entonces cuando Shyamalan regresa de nuevo a sus peores decisiones al momento de revelar imprevisibles desenlaces. En La aldea (2004) se criticó el exceso de manipulación y en Múltiple (2016) el añadido forzado a un universo mayor. 

En Tiempo, el giro del terror  a pseudo ciencia ficción es innecesario. El guion abandona lo que hasta entonces planteó para entrar en terreno de una conspiración corporativa. Una que incluye una enrevesada idea sobre un experimento farmacéutico en el que se utilizan víctimas humanas. Todo el sustento filosófico que Shyamalan había logrado se desploma. Desde la posibilidad de la redención, hasta el hecho de reflexionar sobre el valor de la vida se transforma en algo banal. 

La obsesión de Shyamalan por los giros de argumento radicales

Mucho peor es el hecho que Shyamalan utiliza en Tiempo el mismo método que lo hizo famoso, y que curiosamente casi destroza su carrera. Los paralelismos son obvios. En el clásico del terror El sexto sentido el revelar la verdadera condición de Malcolm Crowe fue un ejercicio de inteligencia argumental. En Cristal, el gran secreto final sobre el propósito del personaje interpretado por Samuel L. Jackson termina sofocado por el efectismo. Y aunque la película logra solventar el fallo con una reflexión sobre su propio universo, la necesidad de Shyamalan de pillar desprevenido al espectador permanece.

Algo entre ambas cosas ocurre en Tiempo. Después de una inspirada construcción del terror, que incluye además de la familia central personajes secundarios asombrosos, el director toma una decisión audaz. Pero en realidad es una forma de desmoronar lo que hasta entonces había sido una sólida estructura narrativa. 

De pronto, todo lo que hasta entonces había narrado la película se descuelga hacia una conspiración que el director elude explicar del todo. Pero incluso las explicaciones que brinda son innecesarias, exageradas y golpean con fuerza la noción sobre el miedo que logró crear. ¿Dónde quedan entonces las largas batallas emocionales entre la familia central? ¿Hacia dónde se dirigen los indicios que todo se trata de un loop temporal en la que la explicación es lo menor valioso? 

Más sorprendente resulta, que Shyamalan haga el desenlace a través de giros de cámara y una explicación rápida sobre un suceso mayor que no parece suficiente. De hecho, varias de las críticas insisten en que carece de la calidad del resto del film. Shyamalan, de nuevo, intenta sorprender y sin duda, lo logra. Pero a costa de la validez de su premisa.

Y al final, 'Tiempo' se queda sin nada que decir

Varios de los momentos más inspirados y mejor logrados de Tiempo involucran la idea del deterioro físico. Cuando uno de los personajes pierde la vista y el otro la capacidad para escuchar, la película se vuelve de una dureza angustiosa. Y es entonces cuando Shyamalan hace gala de su formidable talento para narrar historias pequeñas. 

Los horrores de la playa, la cuidadosa manera de mostrarlos, la formidable selección de ángulos de cámara y diálogos crean un conjunto de enorme belleza. Pero cuando Shyamalan decide que debe sorprender , todo ese esfuerzo creativo desaparece.

Tiempo termina convertido en un desacierto en el que se traiciona lo esencial de su premisa. Para su final, todo el cuidadoso entramado de elocuencia que Shyamalan logró se viene abajo. ¿Era necesaria una sorpresa imprevisible en un drama con tintes de horror que había llegado a un punto sublime?

Para Shyamalan, Tiempo es otra de sus grandes empresas personales en la que tiene el absoluto control creativo. Quizás, con mucha menos presión por asombrar y sí más fidelidad a su centro emocional, Tiempo pudo ser una asombrosa pieza creativa. Y aún lo es, pero se echa de menos que el director tuviera mayor respeto por la integridad de su historia.