En el siglo XI no existía la palabra feminismo. Pero eso no quiere decir que no hubiera mujeres que lucharan por sus derechos. O, al menos, que intentaran cambiar su situación aunque las leyes del momento no se lo permitiesen aún. Para Urraca, primogénita de Fernando I y Sancha de León, no era justo que su hermano Sancho heredase el trono. Así, pues, usó sus artimañas para conseguir que dividiera el reino antes de morir. Y eso se ve en la segunda temporada de El Cid, la serie española producida por Zebra y emitida por Prime Video que se ha estrenado el 15 de julio. Pero, ¿ese feminismo fue real o es un invento de la serie? ¿Consiguió Urraca lo que quería?

Al empezar la nueva tanda de episodios, sabemos que el reino se ha dividido entre los cinco descendientes del rey Fernando I. Sancho se queda con Castilla, Alfonso con León y García con Galicia. Urraca y Elvira, mientras no se casen, serán señoras de Zamora y Toro, respectivamente. Pero Urraca siempre ansió el trono, así que no se quedará contenta con ser tan solo la señora de Zamora.

Ella manipulará a su hermano favorito, Alfonso, para poder ser el poder en la sombra. Y durante un tiempo lo es. De hecho, llegan a estar tan unidos que se llegó a "rumorear" que había una relación incestuosa entre los dos, según explica a Hipertextual José Velasco, creador de la serie. Todo esto se plasma en la serie de Prime Video, tanto en la primera como en la segunda temporada. De hecho, en esta nueva tanda de episodios veremos alguna escena relacionada con esos rumores.

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El trono, ¿para la primogénita?

Por herencia, al ser la primogénita, el trono debería haber sido para Urraca. Sin embargo, la ley ordenaba que debía heredar el varón. Por eso, ella desea con toda su alma el trono. Porque para ella no es justo que ser mujer le impida ser reina. Y esto pasó de verdad. "En la serie de El Cid se hacen unas reflexiones sobre el poder femenino, porque Urraca, por no ser varón, no puede tener derecho a ser reina. Además, Urraca azuza a su madre para que se haga con el poder. Pero es que todo esto se estaba produciendo"

"Todas esas reflexiones sobre el poder femenino estaban sucediendo en el momento; pero como quien te deja el testimonio de lo que está pasando son principalmente autores eclesiásticos y no quieren que una mujer gobierne", explica a Hipertextual David Porrinas, profesor de Historia en la Universidad de Extremadura y experto en El Cid.

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La guerra en la serie de 'El Cid'

Es más, en la serie de El Cid vemos que Sancha también se intenta hacer con el trono en la primera temporada y que, para ello, necesita el consentimiento del Papa. "Al final es el Papa el que legitima los reinos. Por poner un ejemplo, digamos que el Papa en esos momentos es como la ONU; si tú no tienes legitimación papal tu territorio nunca va a poder ser un reino". Además, eso implicaba estar amenazado por otros territorios que quisieran invadirte.

De hecho, el beneplácito del Papa evitaba que los cristianos se fuesen matando unos a otros. "Por eso no se producen grandes conquistas de unos cristianos a otros; también es que tienen en la frontera a los musulmanes. No sabemos qué hubiera pasado si no hubiera existido el enemigo musulmán, que era una especie de válvula de escape de toda esa violencia y guerra que genera el sistema feudal". Es más, al final las Cruzadas terminan sucediendo como forma de "canalizar las ansias de la aristocracia" de guerra y expansión territorial. Porque al final la guerra y la conquista de nuevos territorios es lo que sustentaba el sistema feudal, explica Porrinas.

El poder femenino en la serie de 'El Cid'

En definitiva, por desgracia para Urraca, interpretada por Alicia Sanz, no va a conseguir el trono en la serie de El Cid de Prime Video. Aunque sí logrará al menos mantener Zamora alejada de las garras de su hermano Sancho. Por otra parte, toda su lucha no es en balde. A pesar de que no llega a disfrutar del trono, sí lo hará la nieta de Sancha y sobrina de Urraca. Urraca I de León, que es hija de Alfonso VI, será la "primera reina privativa de la Europa Medieval", afirma el historiador.

Pero el poder femenino va más allá de Urraca o de Sancha (Elia Galera). Todas las mujeres de la serie de El Cid son, de una manera u otra, muy luchadoras. Sean históricas o personajes ficticios. Jimena (Lucía Guerrero) luchará por evitar un matrimonio concertado; Amina (Sarah Perles) intentará conseguir a su amado a toda costa y la reina Alberta (Amparo Alcaraz) batallará junto a su marido. Y en contraposición a su hermana mayor, Elvira buscará la manera de dejar de ser señora de Toro y poder casarse. Porque el feminismo defiende la libertad de cada mujer para poder tomar sus propias decisiones.

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Señora de Valencia

Más allá de la historia de Urraca, que se plasma en la serie de Prime Video, otra de las protagonistas llegará a ser señora de Valencia. Aunque esta parte de la historia todavía queda un poco lejos a los acontecimientos que vemos en esta segunda temporada. Pero es interesante hablar de ello debido a las reflexiones sobre el poder femenino que se hacen en la serie de El Cid. La señora de Valencia será Jimena, la mujer de Rodrigo Díaz.

Tras el fallecimiento de su único hijo y la muerte de su esposo, Jimena trata de mantener a toda costa el señorío de Valencia. "Jimena actúa como buena señora de Valencia, intentando conservar ese señorío al menos durante tres años. Cuando Rodrigo Díaz muere en julio de 1099 y hasta la primavera de 1102, cuando la ciudad tiene que ser desalojada porque ya no pueden defenderla, han pasado más de dos años. Y ahí ha actuado Jimena como señora de la ciudad. Porque en el acuerdo matrimonial, que todavía se conserva, se declaran herederos universales el uno del otro, con la única condición de que si se vuelven a casar, los bienes pasarían a los hijos. Como Jimena no se vuelve a casar es señora de Valencia", comenta Porrinas. "Además, es un ejemplo de gobernanza femenina, de las muy pocas que conocemos en esta época".

Jimena, "buena gobernante"

Desde el fallecimiento del hijo de Rodrigo y Jimena, él da un giro a su política y deja de comportarse como un gobernante musulmán, explica el historiador. Esto se debe a que "necesita el respaldo del Papa" para que, en caso de necesidad, sean los maridos de sus hijas los que recuperen el trono tras su muerte. Pero eso nunca sucede a pesar de que María y Cristina tienen matrimonios muy ventajosos. "Del matrimonio de una de las hijas nacerá un hijo que será rey de Navarra. Y la otra se casó con uno de los más grandes condes de Barcelona, Ramón Berenguer III. Buscaban un marido que pudiera recuperar lo que saben que se va a perder cuando Rodrigo muera".

"De hecho, en un documento de Jimena que todavía se conserva, en el que amplía las rentas al obispado cristiano que se ha creado, se refiere a sus yernos como hijos. Y lo dice en tres ocasiones para que quede claro", indica. "Sabemos lo suficiente de ella para comprender que fue una buena gobernante, que hizo lo que pudo para mantener el principado de su marido; pero que las circunstancias le obligaron a tener que abandonarla", concluye Porrinas. 

En definitiva, ni Urraca ni Sancha vieron las coronas sobre sus cabezas a pesar de que, si hubieran sido varones, habrían sido las legítimas herederas. Pero eso no quiere decir que no lucharan por cambiarlo; porque lo hicieron. Y gracias a su lucha Urraca I de León pudo reinar.

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