La historia de Lisey, de Apple TV+, es quizás una de las producciones más esperadas en los últimos meses. La adaptación de una de las obras más personales de Stephen King, que llega precedida de expectación, encabezado por Julianne Moore y Clive Owen, bajo la dirección de Pablo Larraín. 

Pero lo más interesante es que la versión para la televisión corre de la mano del propio autor. La salvedad hace de la La historia de Lisey una rareza afortunada en medio de la considerable cantidad de material basado en la obra de King. 

La historia de Lisey, con su combinación de drama, toques sobrenaturales y alegoría sobre el proceso creativo no logra todo lo que prometía. Se trata de una de esas extrañas situaciones en las que la fidelidad al material original juega en contra de la solidez y la fluidez del resultado en pantalla. Y aunque continúa siendo una obra de alta factura, con un cuidado apartado visual y un argumento atractivo, hay notorias fisuras en su ritmo. 

Lo que es un conmovedor mosaico de emociones y vivencias desconcertantes en el libro, se convierte en pantalla en una combinación confusa de escenas

King intenta trasladar con la mayor exactitud posible la reflexión metafórica sobre los mundos creativos. Lo logra a medias. La historia de Lisey pierde su tono reposado y profundo cuando intenta abarcar varios hilos narrativos a la vez. Desde el matrimonio hasta el luto, el guion del escritor tiene la misma puntillosa capacidad para el detalle de sus libros.

Lo que es un conmovedor mosaico de emociones y vivencias desconcertantes en el libro, se convierte en pantalla en una combinación confusa de escenas. Los bruscos virajes hacia la introspección del guion atentan contra su coherencia. King no parece decidir cuál es la mejor forma de expresar la desesperanza y el dolor. 

¿Se trata de un juego de espejos en los que los personajes quedan atrapados? O por el contrario, ¿es una búsqueda de significado en medio de una situación extraordinaria que el argumento se esfuerza en mostrar? Durante los primeros capítulos, la historia logra conservar su tensión y misterio, pero a medida que avanza, pierde sustancia en favor de la espectacularidad. 

La búsqueda de una respuesta a lo inexplicable en medio del luto funciona en tanto King, mantiene a sus personajes como foco de la acción. Pero una vez que el enigma se muestra, La Historia de Lisey pierde toda capacidad para la sorpresa o el poder para conmover. Es entonces, cuando la producción toma decisiones más o menos caóticas para lograr la integridad de lo que se narra, sin lograrlo. 

'La historia de Lisey ', una mirada al mundo interior de Stephen King

Uno de los puntos más fuertes del libro del 2006 en que se basa la miniserie es su exploración del mundo privado del escritor. Al momento de su publicación, Stephen King contó que intentó mostrar la forma en que funciona “la mente en plena búsqueda de ideas”. Se trata de una idea sugerente, que unida a la concepción de lo sobrenatural y el peligro al acecho crean una historia inusual. 

No obstante, la versión televisiva de La historia de Lisey carece de esa profundidad. Eso, a pesar de los intentos de Larraín — todo un maestro en el arte de la metáfora visual — de contar una abstracción semejante con delicadeza. Por supuesto, no faltan las largas conversaciones que son habituales en la obra escrita de King. 

Pero en pantalla, la adaptación  de La historia de Lisay— que recupera varias de las mejores miradas del escritor a su mundo privado — pareciera transcurrir a dos bandas paralelas. En una, el misterio que envuelve a sus personajes, y en otra, el recorrido hacia el centro mismo de ese enigma. 

Una y otra vez, los capítulos parecen transcurrir entre cierta confusión entre la belleza y un inevitable aire tétrico. De hecho, las insinuaciones de Stephen King de un reino habitado por la imaginación de naturaleza extraordinaria otorgan una inesperada belleza al argumento. Sin embargo, el escritor no profundiza ni tampoco elabora una idea. Lo efímero y lo sobrenatural de ese impulso misterioso que sostiene la creatividad aparece y desaparece. 

A medida que transcurren los capítulos, la producción pierde su aire de ensueño asombroso y se hace más convencional

La historia de Lisay lo hace de la misma forma que en el libro, como una serie de hilos concatenados. Pero lo que funciona de manera brillante en la hoja, en la pantalla tiene algo de disolución caótica. Al final, los flashbacks y la necesidad urgente de King de mostrar el escenario del ensueño creativo como un conjunto único es casi incompresible. 

Todo mientras varias tramas de considerable densidad avanzan como pequeños hilos conductores del contexto poético y casi místico de la narración. Stephen King logra trasladar algunos de los momentos más emotivos, simbólicos y extraños de la novela con la fotografía impecable de Darius Khondji. 

Aun así, tiene verdaderos problemas para entablar un diálogo entre todo el paisaje asombroso y misterioso. A medida que transcurren los capítulos, la producción pierde su aire de ensueño asombroso y se hace más convencional. Y es entonces cuando alcanza sus momentos más bajos. 

El final, resulta decepcionante,en comparación a los esfuerzos de las secuencias previas. Es casi inevitable pensar en la habitual crítica sobre los libros de King y sus conclusiones endebles. Por extraño que parezca, La historia de Lisey parece sufrir del mismo dilema. La sensación de desperdicio de un material denso y singular es inevitable para las últimas escenas. Quizás, los puntos más bajos de una obra desigual. 

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