Katla es el nombre real de un volcán al sur de Islandia. Y es también el centro de una historia inquietante que basa su efectividad en lo que no muestra de inmediato. Quizás, lo más interesante de la nueva serie de terror de Netflix, sea que profundiza en el miedo de una forma novedosa. A diferencia de Equinox —con la se le ha comparado— y, sobre todo, de Dark —con la que establece paralelismos—, Katla recorre la oscuridad interior

Lo hace a través de la incertidumbre, de la idea del miedo como parte de la naturaleza humana. Pero, principalmente, en una reflexión sobre la muerte física que la lleva a un nivel psicológico mucho más poderosa y dolorosa. De la misma manera que el libro Descansa en Paz de John Ajvide Lindqvist y la serie Les Revenants, el luto y el duelo son parte del argumento

Pero no se trata sólo de la gran pregunta de qué ocurre después de la muerte, sino cómo se relaciona nuestra cultura con la idea. Más allá de eso, Katla explora un hecho que en la trama alcanza un nivel doloroso y perverso: ¿La muerte es el final?, ¿qué ocurre con los sobrevivientes?

¿Hay un lugar del cual volver más allá del fin de la vida física? Katla se plantea la historia desde un hecho fortuito y a través del caos. ¿Qué ocurriría si la muerte fuera algo más que un hecho inexplicable?, ¿qué sucede cuando la vida y la muerte son conceptos duales que pueden cambiar y transformarse en algo más siniestro? 

El miedo y la búsqueda de respuestas 

Durante sus ocho episodios, Katla mantiene un ritmo lento que podría perjudicar a la trama, a no ser porque tiene un objetivo. La búsqueda de respuestas del misterio central — que en realidad, son más de uno y conectados de forma impecable — es progresivo. La serie sostiene su efectividad en su capacidad para usar su ritmo pausado para crear una atmósfera que por momentos, se hace irrespirable.

En especial, porque su premisa es una combinación acertada de ciencia ficción, suspenso y terror. Los tres géneros podrían conducir a un argumento confuso, pero en realidad se complementan para sostener un recorrido por lugares poco frecuentes del miedo. Cuando el volcán Katla hace erupción, lo que parecía un evento natural, se transforma en un suceso demoledor. No sólo se trata de una tragedia — y es interesante la forma como la serie lo muestra — sino un evento sobrenatural a toda regla.

¿O podría no serlo? La serie no prodiga sus secretos. A través de una puesta en escena que recuerda a la oscuridad pesimista de Dark, profundiza en el hecho de lo que consideramos aterrador. Pero más que eso, va de inmediato a una premisa concreta. ¿Qué ocurriría si hombres y mujeres fallecidos regresaran de la muerte? De la misma manera que en Les Revenants, la muerte no es un episodio emparentado con lo terrorífico. 

En realidad, el retorno de los muertos tiene más de un abstracción dolorosa, muy semejante al clima contenido y lleno de sufrimiento emocional de The Leftovers. En la serie de HBO, lo desconocido se muestra como un cataclismo mínimo, que impacta y afecta a los personajes de manera íntima. 

Katla utiliza el mismo recurso y, de hecho, avanza de manera complicada hacia la noción sobre las emociones en conflicto. ¿El olvido y la muerte son condiciones análogas?, ¿qué ocurre con quienes sobreviven al luto y deben ahora enfrentar una segunda oportunidad que quizás no necesitan? 

En Katla, el reloj avanza hacia el misterio 

Uno de los puntos más interesantes de Katla es el uso del tiempo. El regreso de los muertos e incluso, sólo de quienes desaparecieron hace más de dos décadas es un hito. Lo es porque no hay un cambio aparente en ninguno de ellos. 

El tiempo parece haberse detenido para ellos. De hecho, la capacidad para enfrentar esa eventualidad atemporal, es parte de la ingeniosa mirada de la serie a lo anormal. En el pueblo de Vik, centro medular de la historia, la cuestión sobre la vida y la muerte se debaten en voz baja

Y es ese paisaje desolado, la sensación de miedo que se extiende en todas direcciones es la que logra que Katla cuestione lo terrorífico. ¿A qué tememos?, ¿En cuánto se parece el temor a la desazón?, ¿a la desesperanza? 

Con el mismo tono lento y comedido de otras series islandesas, Katla logra una identidad propia a través del uso de una puesta en escena dura. El cuerpo de Vik tiene el aspecto de un valle en sombras y se hace más metafórico a medida que la trama avanza. 

La mirada sobre la oscuridad en tonos de grises elegantes y helados, el uso de la luz como parte de la línea narrativa, es todo un acierto. Para su tercer capítulo, la serie es una mirada inquietante que convierte al argumento en un punto medio entre lo real y lo que tememos. Quizás su mayor punto de interés.

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